Hipertensión arterial: Tratamiento

Autor: Redacción Onmeda Revisión médica: Dr. Tomás Rodelgo (24 de Noviembre de 2014)

El tratamiento de la hipertensión arterial (tensión alta, presión arterial alta) debe comenzar de manera temprana con el objetivo de prevenir daños orgánicos posteriores y patologías secundarias como el infarto de miocardio y el accidente cerebrovascular. Las personas que reducen en suficiente medida y de manera permanente su presión arterial favorecen su salud y preservan de forma activa su sistema cardiovascular.

La terapia de la hipertensión arterial busca siempre disminuir los valores de presión arterial en reposo por debajo de 140/90 milímetros de mercurio (mmHg). En el caso de individuos que padecen otras enfermedades se aplican recomendaciones específicas. Por ejemplo, los diabéticos y aquellos que han sufrido ya un ictus cerebral han de reducirla por debajo de 130/80. El tratamiento de la hipertensión arterial conlleva recomendaciones especiales para los siguientes grupos:

El tratamiento de la hipertensión arterial es individual y se basa fundamentalmente en medidas generales para reducir la presión arterial, que incluyen minimizar el estrés, modificar los hábitos de vida y, en muchos casos, tomar medicamentos antihipertensivos.

La hipertensión secundaria se desarrolla como consecuencia de determinadas enfermedades ya existentes o por la toma de ciertos fármacos, por lo que su tratamiento se adecúa en función del desencadenante correspondiente.

Medidas generales

Durante el tratamiento de la hipertensión arterial (tensión alta, presión arterial alta), cualquier persona puede reforzar el efecto de los medicamentos y contribuir a reducir su presión arterial por medio de la adopción de diversas medidas generales. En ocasiones un cambio en el estilo de vida permite disminuir la presión arterial en suficiente medida sin la administración de medicamentos, o al menos posibilita en muchos casos la reducción de la dosis, lo que a su vez minimiza la aparición de efectos secundarios y aumenta la tolerancia del paciente a los fármacos. A veces estas medidas resultan satisfactorias sin necesidad de fármacos adicionales. Si la hipertensión arterial es frecuente en su familia, unos hábitos de vida saludables pueden ayudarle a reducir su presión arterial o a retrasar la aparición de la hipertensión.

Sal y alimentación

Si está recibiendo tratamiento contra la hipertensión arterial (tensión alta, presión arterial alta), debe prestar atención al consumo de sal y, en general, a su alimentación. Limitar la ingesta de sal a un máximo de 4-6 gramos al día influye positivamente sobre la presión arterial y permite reducirla. Hasta un 40% de los pacientes hipertensos puede obtener de esta forma una reducción leve de la presión arterial de entre 10 y 15 milímetros de mercurio (mmHg). Se trata en estos casos de personas “sensibles a la sal”. Si se restringe aún en mayor medida el consumo de sal hasta aproximadamente tres gramos diarios, se logrará una reducción pronunciada de la presión arterial. Lo recomendable es seguir una dieta basada en alimentos frescos, bajos en sal y preparados individualmente. Los productos elaborados y multitud de embutidos y quesos contienen con frecuencia un exceso de sal, por lo que es conveniente evitarlos.

Si modifica su dieta en el marco del tratamiento contra la hipertensión y consume gran cantidad de fruta y verdura, también podrá reducir notablemente su presión arterial. El colesterol es uno de los principales factores de riesgo para el desarrollo de enfermedades cardiovasculares. Las grasas poliinsaturadas contenidas en los aceites de pescado y los aceites vegetales pueden reducir el nivel de colesterol y la presión arterial.

Sobrepeso

Las medidas generales recomendadas para tratar la hipertensión arterial (tensión alta, presión arterial alta) incluyen asimismo combatir el sobrepeso. Cinco kilos menos de peso corporal son suficientes para reducir la presión arterial en aproximadamente diez milímetros de mercurio (mmHg). Si en su familia hay propensión a la hipertensión arterial, es aconsejable que actúe a tiempo para evitar el sobrepeso. Los niños cuya hipertensión está vinculada a un exceso de peso suelen lograr mejores resultados mediante la práctica regular de deporte y una alimentación saludable que a través de medicamentos.

Alcohol y tabaco

Una relación correcta con el alcohol y el tabaco también repercute de forma positiva en el tratamiento antihipertensivo. Es conveniente que las personas hipertensas restrinjan de manera considerable su ingesta de alcohol o, mejor aún, que lo eviten por completo. Se aconseja no tomar más de 20 gramos (20-30 en varones, 10-20 en mujeres) de alcohol diarios. Como referencia: una copa de vino tinto de 12 grados contiene alrededor de 12 gramos de alcohol; un cuarto de litro de cerveza supone aproximadamente 10 gramos de alcohol. Además deberá tenerse precaución con el consumo diario para reducir el riesgo de desarrollar una dependencia. Al mismo tiempo, se ha de insistir en el mayor riesgo de ictus que conlleva el consumo abusivo de alcohol (particularmente en las borracheras).

Aunque los cigarrillos formen parte de la vida de muchas personas, si se desea prevenir enfermedades cardiovasculares, patologías de las vías respiratorias y cánceres, es imprescindible renunciar al tabaco.

Estrés

Entre las medidas generales para el tratamiento de la hipertensión arterial (tensión alta, presión arterial alta) se encuentra la correcta gestión del estrés. Eliminarlo tanto a nivel laboral como personal influye favorablemente sobre la evolución de esta enfermedad. Las técnicas de relajación como la relajación muscular progresiva, el entrenamiento autógeno o los ejercicios respiratorios permiten reducir adicionalmente la presión arterial elevada, sobre todo en aquellos casos en que los factores psicológicos participan en su aparición.

Actividad física

Las pautas generales indicadas en el tratamiento de la hipertensión arterial engloban asimismo la práctica de suficiente actividad física. El deporte y el ejercicio conllevan varios efectos beneficiosos:

  • Las personas que sudan frecuentemente pueden reducir el estrés con mayor facilidad.
  • La actividad física contribuye a la pérdida de peso.
  • El ejercicio estimula el metabolismo, de modo que, por ejemplo, se queman más calorías.
  • El deporte posee un efecto favorable sobre el nivel de lípidos en sangre.

Todas las personas hipertensas se benefician de un entrenamiento físico regular, en especial aquellas que anteriormente habían realizado poco o ningún ejercicio. Se debe mantener una frecuencia de entrenamiento con ejercicio aeróbico, isotónico, moderado de aproximadamente 30-45 minutos 3-4 días a la semana para obtener resultados sobre la presión arterial. El nivel de esfuerzo varía en cada caso. Para el tratamiento de la hipertensión arterial son adecuados, sobre todo, los deportes de resistencia aeróbica, como por ejemplo:

Los deportes de fuerza y de alto rendimiento (ejercicio isométrico intensivo, por ejemplo levantamiento de pesas), por el contrario, no son recomendables para la hipertensión arterial.