Hipertensión arterial: Diagnóstico

Autor: Redacción Onmeda Revisión médica: Dr. Tomás Rodelgo (24 de Noviembre de 2014)

Con el fin de establecer un diagnóstico de hipertensión arterial (tensión alta, presión arterial alta), es importante realizar en primer lugar una medición de la presión arterial. De esta forma, el facultativo puede corroborar la existencia de hipertensión y, considerando los demás hallazgos clínicos, determinar los posibles tratamientos. La hipertensión arterial queda confirmada cuando al menos dos mediciones en dos días diferentes (algunas guías aconsejan en tres ocasiones diferentes) detectan valores de presión arterial elevados (por encima de 140/90 mmHg).

Antes de registrar la presión arterial, es recomendable que el paciente se tranquilice durante un mínimo de cinco minutos en una silla o camilla. La primera medición debe efectuarse en ambos brazos y piernas con el objetivo de descartar alteraciones en los vasos sanguíneos (por ejemplo, un estrechamiento de la aorta).

A la hora de diagnosticar la hipertensión arterial también es fundamental que el facultativo tenga conocimiento del historial clínico y las circunstancias y hábitos de vida precisos del afectado. Por ejemplo, el médico indagará sobre la existencia de determinadas enfermedades previas que pudieran estar relacionadas con la hipertensión o elevar el riesgo de daños posteriores en órganos como los ojos o los riñones, por ejemplo, diabetes mellitus, patologías cardiovasculares o enfermedades renales. Asimismo la información sobre el peso corporal, la práctica de ejercicio físico, los hábitos en cuanto a la alimentación y la bebida, y la toma de medicamentos ayuda en ocasiones a establecer el diagnóstico.

También es posible comprobar el diagnóstico de hipertensión arterial por medio de una monitorización ambulatoria de la presión arterial durante 24 horas, una prueba de esfuerzo (ergometría) o a través de la automedición.

Automedición de la presión arterial

La automedición de la presión arterial desempeña un papel importante tanto en el diagnóstico como en el posterior tratamiento de la hipertensión arterial (tensión alta, presión arterial alta). Para ello se recomiendan los dispositivos que registran la presión arterial en la parte superior del brazo.

Se ha de comprobar que el medidor cumple los criterios oficiales de precisión. El tamaño del manguito debe seleccionarse en función del diámetro del brazo, ya que si un paciente con brazos gruesos elige un manguito demasiado pequeño, la presión real puede ser menor que la registrada.

Es aconsejable que las personas hipertensas que se midan ellas mismas la presión lo hagan según la pauta indicada por su médico y la anoten en una ficha de control. El número de determinaciones no será excesivo y debe incluir necesariamente las del periodo previo a la toma del fármaco para así poder valorar la duración de los efectos del tratamiento.

Si la presión arterial se ha estabilizado o normalizado gracias al tratamiento, es suficiente realizar mediciones menos frecuentes (por ejemplo, una vez a la semana, por la tarde y por la mañana). Los valores de presión arterial registrados por medio de la automedición no deberían superar los 135/85 milímetros de mercurio (mmHg). .

Pruebas complementarias

Además de las mediciones de la presión arterial, durante el diagnóstico de la hipertensión arterial (tensión alta, presión arterial alta) se emplean otras pruebas complementarias, ya que el diagnóstico moderno de la hipertensión, al igual que el tratamiento, no se basa únicamente en los valores de presión arterial, sino que contempla también los factores de riesgo cardiovascular, esto es, las restantes enfermedades cardiovasculares, los daños orgánicos existentes y las patologías concomitantes. Entre los factores de riesgo se hallan principalmente:

Por ello, el facultativo determina durante el reconocimiento básico el nivel de grasas (lípidos) y azúcar (glucosa) en sangre, además de los iones como el potasio y una analítica de función renal (creatinina) pues la hipertensión arterial puede dañar los riñones y además, en caso de diabetes mellitus asociada, su funcionamiento puede estar aún más comprometido; por ello es aconsejable analizar también la orina.

Los siguientes procedimientos se aplican, en ocasiones, durante el diagnóstico de la hipertensión arterial como complemento al análisis de sangre y de orina, con el fin de detectar alteraciones orgánicas existentes y determinar las causas de una hipertensión secundaria: