Hipertensión arterial: Causas

Autor: Redacción Onmeda Revisión médica: Dr. Tomás Rodelgo (24 de Noviembre de 2014)

La hipertensión arterial (tensión alta, presión arterial alta) puede deberse a numerosas causas. Cuando no es posible determinar el origen directo de la hipertensión, lo cual ocurre en la mayoría de los casos, hablamos de hipertensión primaria esencial o idiopática. En su aparición están involucrados presumiblemente varios factores como los siguientes:

Factores hereditarios (genéticos)

Existen varios indicios que apuntan a que los factores hereditarios (genéticos) desempeñan un papel entre las causas desencadenantes de la hipertensión arterial. En los niños el riesgo de desarrollar hipertensión es entre dos y tres veces más elevado cuando uno, o ambos progenitores, padecen hipertensión arterial.

Los estudios con gemelos también permiten inferir que la aparición de la hipertensión arterial tiene un componente hereditario.

En raros casos, cabe atribuir la presión arterial elevada a un determinado daño en un gen.

Lo más probable, sin embargo, es que existan varias mutaciones que, en combinación con factores externos, desencadenan esta patología.

Consumo de sal

Entre las posibles causas de la hipertensión arterial (tensión alta, presión arterial alta) se encuentra el consumo excesivo de sal de mesa.

Aproximadamente, en uno de cada tres casos de hipertensión, los valores aumentan tan pronto como los pacientes ingieren un exceso de sal, mientras que su eliminación de la dieta obra un descenso considerable de la presión arterial. Por tanto, la presión arterial de estos individuos es sensible al consumo de sal.

La relación entre este y la hipertensión arterial no está exenta de controversia. Lo que sí es seguro es que prácticamente todas las personas hipertensas se benefician de una limitación en la ingesta de sal, independientemente de las causas que estén detrás de ello. Los especialistas recomiendan no superar los 6 gramos de sal común al día.

Estrés

Es probable que el estrés también sea uno de los desencadenantes de la hipertensión arterial (tensión alta, presión arterial alta). Las hormonas del estrés, las denominadas catecolaminas, provocan la contracción de la musculatura de los vasos sanguíneos. De esta manera aumenta la resistencia vascular y se eleva la presión arterial. Además, parece que las personas que padecen este trastorno reaccionan de manera especialmente sensible a estas hormonas del estrés.

No hay suficientes pruebas que constaten que los sobre esfuerzos psíquicos pueden ser causa de hipertensión arterial continuada (crónica). Sin embargo, uno de cada dos empleados muestra valores de presión arterial elevados en el puesto de trabajo, hecho que cabría atribuir al estrés laboral.

Sobrepeso

El sobrepeso también puede propiciar la aparición de hipertensión arterial. Las personas con exceso de peso suelen presentar una presión arterial demasiado elevada. La obesidad abdominal, principalmente, se considera un posible desencadenante de hipertensión. En los hombres el perímetro abdominal no debe superar los 102 centímetros, mientras que en las mujeres ha de ser inferior a 88 centímetros. La pérdida de peso permite normalizar los valores de presión arterial. Por cada kilogramo adelgazado disminuye la presión arterial por término medio dos milímetros de mercurio (mmHg).

Los individuos que se mantienen físicamente activos pueden reducir adicionalmente su hipertensión arterial por medio de un entrenamiento moderado pero continuo, lo que además contribuye a minimizar el riesgo de diabetes mellitus. Las personas que se alimentan de manera inadecuada y practican poco ejercicio físico, corren el peligro de desarrollar un síndrome metabólico, caracterizado por la presencia de hipertensión arterial, hiperglucemia (por ejemplo, diabetes mellitus tipo 2), exceso de lípidos en sangre y sobrepeso, provocados por la acumulación de grasa en torno al abdomen.

Alcohol y nicotina

El alcohol y la nicotina también se incluyen entre las causas responsables de la hipertensión arterial (tensión alta, presión arterial alta). Incluso en cantidades reducidas, el alcohol incrementa la presión arterial, ya que activa el sistema nervioso vegetativo y hace que el corazón lata más deprisa y bombee más sangre desde el ventrículo izquierdo hacia las arterias. El alcoholismo crónico deriva en muchos casos en hipertensión arterial permanente.

También aquellas personas en las que el consumo de alcohol ha quedado excluido como desencadenante de la hipertensión pueden reducir su presión arterial limitando o eliminando la ingesta alcohólica. Se recomienda por lo general no superar los 20 gramos de alcohol al día (20-30 en varones; 10-20 en mujeres), lo que equivale a 0,5 litros de cerveza de 5 grados o 200 mililitros de vino de 12 grados. Además deberá tenerse precaución con el consumo diario de alcohol para minimizar el riesgo de desarrollar una dependencia.

Aunque el tabaquismo no ejerza una influencia directa sobre la aparición de la hipertensión arterial, la nicotina aumenta considerablemente el riesgo de desarrollar enfermedades secundarias como infartos o accidentes cerebrovasculares. Dejar de fumar contribuye en gran medida a disminuir la probabilidad de sufrir enfermedades cardiovasculares, así como diversas patologías de las vías respiratorias y cánceres.

Hipertensión secundaria

La forma menos frecuente de hipertensión arterial (tensión alta, presión arterial alta), denominada hipertensión secundaria, aparece a consecuencia de otras enfermedades o de la toma de determinados medicamentos. Entre estos últimos se incluyen los preparados hormonales como los anticonceptivos (píldora de estrógeno), los corticosteroides y los fármacos para el tratamiento de las enfermedades reumáticas (antiinflamatorios).

Entre las patologías que pueden provocar hipertensión arterial se encuentran ciertas enfermedades renales, angiopatías o trastornos metabólicos, como por ejemplo:

  • Arteriosclerosis renal (alteraciones de las arterias de los riñones)
  • Estrechamiento de la aorta (coartación aórtica)
  • Hipertiroidismo
  • Tumores de las glándulas suprarrenales que segregan en exceso hormonas como adrenalina y noradrenalina (feocromocitoma)
  • Síndrome de Cushing (aumento del nivel de cortisol en sangre)

Los asmáticos suelen presentar valores de presión arterial elevados, probablemente a consecuencia del tratamiento con ciertos fármacos (corticosteroides y beta-simpaticomiméticos).

Asimismo, los ronquidos y las pausas respiratorias de larga duración durante el sueño, acompañados de cansancio por el día (apnea del sueño), provocan en ocasiones hipertensión secundaria.