Hiperplasia benigna de próstata : Diagnóstico

Autor: Redacción Onmeda (15 de Septiembre de 2017)

Ante la sospecha de una hiperplasia procede, en primer lugar, un tacto rectal para palpar la próstata. Una ecografía aporta datos certeros sobre su tamaño y estructura. También aporta información sobre la cantidad de orina estancada tras la evacuación de la vejiga. En un hombre sano, no debe ser de más de 20 a 30 mililitros.

Al estar asociada a un estrechamiento de la uretra, la hiperplasia lleva consigo problemas en la micción (síndrome prostático). Conviene, por tanto, evaluar el alcance de las dificultades a la hora de orinar. Un método muy valioso a la par que fácil es la uroflujometría, en la que se micciona en un inodoro que lleva acoplado un embudo con medidor, lo que permite determinar, entre otras informaciones, el volumen máximo de orina por unidad de tiempo. Se considera aceptable un flujo máximo por encima de los 15 mililitros por segundo. Por debajo de esta cifra, pueden existir dificultades en el flujo de orina.

Si se ha demostrado un agrandamiento de la próstata es importante diferenciarlo de un cáncer de próstata, que puede presentar las mismas molestias que una hiperplasia benigna. Así, junto al tacto rectal, hay que determinar el marcador tumoral PSA en la sangre. Si está en un nivel determinado o en el transcurso de unos años tiene un repunte de más del 20%, podríamos estar ante un proceso maligno. Es recomendable comprobarlo con una muestra de tejido. Un análisis de las células (citológico) y del tejido (histológico), que puede hacerse a través del recto en el transcurso de unos minutos y sin anestesia, nos da un diagnóstico seguro.