Hepatitis B: Evolución

Autor: Redacción Onmeda Revisión médica: Dra. Leticia del Olmo (19 de Marzo de 2012)

Normalmente, la hepatitis B tiene buena evolución. En adultos la hepatitis B (VHB) se cura por sí misma por lo menos en el 90% de los casos en un breve periodo de tiempo.

Sin embargo, el virus de la hepatitis B aguda sigue permaneciendo toda la vida en las células del hígado.

En circunstancias especiales puede reactivarse, por ejemplo, si los medicamentos suprimen la reacción inmune propia del cuerpo tras un trasplante.

En tan sólo alrededor de 0,5 a 1%del total de casos de hepatitis aguda, ésta se desarrolla de forma violenta y rápida, lo que se conoce como hepatitis fulminante, que puede ser mortal.

Como mucho, una de cada 10 personas infectadas con hepatitis B desarrolla la hepatitis B crónica. En los recién nacidos y niños menores de un año la hepatitis B casi siempre se cronifica. Hay tres formas distintas de desarrollar una hepatitis B crónica:

  • Algunos pacientes pueden ser contagiosos permanentemente sin mostrar síntomas de infección por hepatitis B.
  • Otros desarrollan la llamada hepatitis persistente crónica, que va acompañada de pequeños cambios de los valores de la función hepática, pero conservan el funcionamiento hepático.
  • Debido a la llamada hepatitis crónica agresiva, sin embargo, el tejido hepático disminuye y se endurece. La consecuencia puede ser una cirrosis de hígado (del griego kirrhos = amarillo) con disfunción grave y crónica del hígado, y cáncer de hígado (hepatocarcinoma).

La hepatitis B crónica aumenta el riesgo de desarrollar tumores malignos de hígado 100 veces con respecto a la población general.

Aparte de algunas excepciones, las personas que han superado la Hepatitis B quedan inmunizados toda la vida: en estos casos, el sistema inmunológico ha formado suficientes anticuerpos contra el virus de la hepatitis B. Esta inmunización protege a los afectados contra la recurrencia de la infección igual que una vacunación.

La infección de la hepatitis B puede producirse de forma simultánea a una hepatitis D, lo que se denomina coinfección. El virus de hepatitis D también puede afectar a un paciente ya infectado por hepatitis B, es lo que se llama sobreinfección o superinfección. El virus de la hepatitis D sólo puede infectar y multiplicarse si hay una infección de hepatitis B activa.