Gota (hiperuricemia): Evolución

Autor: Redacción Onmeda Revisión médica: Dr. Palestino Abdeljabbar (19 de Marzo de 2012)

¿Cómo evoluciona la gota? Si los valores de ácido úrico se reducen y estabilizan en una fase temprana, la gota suele tener una evolución buena y sin complicaciones.

La gota no tratada, tras un ataque agudo, puede pasar a una fase asintomática (llamada fase intercrítica) y desarrollar una enfermedad prolongada (gota crónica). En general en la evolución de la gota se distinguen las siguientes fases, en que tras una evolución prolongada sin síntomas (llamada fase asintomática) surge a menudo un ataque agudo:

  • Ataque agudo de gota
  • Fase intercrítica
  • Gota crónica

Fase asintomática

La gota sigue primero una evolución sin síntomas. Esta fase asintomática de la gota se caracteriza por la concentración ligeramente elevada de ácido úrico en la sangre (hiperuricemia) sin que aparezca ninguna molestia. Sin embargo, en un curso posterior aumenta la probabilidad de un ataque de gota con el aumento del nivel de ácido úrico en la sangre:

  • Con valores de ácido úrico de entre 6,5 y 7 miligramos por decilitro las probabilidades de la gota son de menos del 2%.
  • Con valores de 8 miligramos por decilitro el riesgo aumenta al 40%.
  • Con más de 9 miligramos de ácido úrico por decilitro de sangre la probabilidad de contraer la gota es del 50%.

Ataque agudo de gota

Si en el curso de la gota se deposita demasiado ácido úrico en los tejidos se produce la gota aguda. En más del 90% de los casos hay mayor concentración de ácido úrico en la sangre (hiperuricemia). Los ataques agudos de gota suelen afectan a la articulación del dedo gordo del pie (gota del pie o podagra). Los afectados solo pueden pisar con el talón y caminar cojeando y saltando. Después de remitir el ataque agudo de gota suele venir la llamada fase intercrítica de la gota, que se desarrolla sin molestias.

Entre dos ataques la gota sigue un curso sin síntomas. Este período se llama fase intercrítica y puede durar de meses a años. Cuanto más tiempo permanezca la gota sin tratamiento, más corto es el periodo sin síntomas, hasta que llega la fase final de la gota. También van aumentando los dolores en los intervalos.

Gota de evolución crónica

La gota puede adquirir una evolución crónica debido a un diagnóstico tardío o un tratamiento inadecuado. Esto ocurre muy raramente. La gota crónica se caracteriza por dolores constantes y modificaciones permanentes en las articulaciones, que ocasionan molestias crecientes.

En los extremos de los tendones, junto a la articulación (especialmente en codos, manos y pies), suelen formarse bajo la piel los llamados nodos tofosos, indoloros y duros, que llegan a alcanzar un tamaño de hasta un centímetro. Si revientan se vacía una masa blanca, que consiste principalmente en ácido úrico. Los nódulos de gota pueden formarse fuera de las articulaciones, a menudo en el borde del cartílago de la oreja.

Complicaciones

La gota puede posteriormente dar lugar a diversas complicaciones, pues, además del daño severo a las articulaciones (artritis úrica), puede conducir a la acumulación de ácido úrico en el riñón. Este ácido úrico acumulado, y la inflamación, resultante puede provocar una insuficiencia renal permanente (llamado riñón gotoso crónico).

Si en el curso de la gota aguda el riñón queda dañado por el ácido úrico (nefropatía úrica) se produce una insuficiencia renal repentina al penetrar masivamente el ácido úrico en el tejido renal. Esto puede ocurrir, por ejemplo, cuando el cuerpo no ingiere suficiente líquido y forma una orina altamente ácida. En una evolución similar se pueden formar cálculos renales.

Estas complicaciones se pueden curar mediante medidas de tratamiento adecuadas en el curso avanzado de la gota. Esto incluye, por ejemplo, que los afectados deben ingerir más líquido.