Dolor: Tratamiento

Autor: Redacción Onmeda (17 de Octubre de 2017)

El dolor es una interacción de factores físicos y psicológicos. En el en tratamiento del dolor existen diversos enfoques que se pueden aplicar combinados.

El tratamiento del dolor agudo se ha centrado principalmente en la eliminación de las causas. En trastornos crónicos, la terapia apunta al dolor mismo. La principal preocupación es reducir o detener la velocidad del proceso de cronicidad. Desde el lado psicológico se aplican diferentes métodos en el tratamiento del dolor crónico. Estos métodos se basan en supuestos acerca de la cronicidad del dolor, no en las diferentes causas de dolor. Es decir, que se utilizan independientemente de si existe una causa orgánica probada del dolor o de si existe el llamado dolor psicogénico, por tanto, se usa tanto para los dolores causados por problemas orgánicos como para los causados por trastornos psicológicos.

Técnicas de relajación

Métodos como el entrenamiento autógeno, y especialmente la relajación muscular progresiva están especialmente indicados para el tratamiento del dolor. Mejoran el bienestar general y pueden interrupir el ciclo de dolor y la tensión muscular. A menudo, estos métodos de relajación se combinan con ejercicios de imaginación (por ejemplo, un viaje por el cuerpo, en que el afectado debe imaginarse visualmente el dolor). Estos métodos muestran similitud con la hipnoterapia, utilizada ampliamente en la actualidad, pues sirve para influir positivamente en la percepción del dolor. Usando la bioretroalimentación los cambios físicos del afectado (frecuencia respiratoria y tensión muscular, por ejemplo) se pueden representar por medio de señales ópticas o acústicas.

Con el fin de reducir la ingesta de analgésicos, los pacientes con dolor no deben tomar la medicación según la necesitan, sino con un programa con horario fijo. En primer lugar, el interesado debe especificar cuánto dura el periodo más breve libre de dolor. En un principio, recibe siempre analgésicos después de este período, independientemente de si hay dolor en ese momento. Entonces se toman los medicamentos contra el dolor siempre según la necesidad y el afectado se ve "recomensado por la ausencia de dolor" pero hay peligro de dependencia o adicción.

A veces se acuerda tomar un "cóctel contra el dolor" en el que los medicamentos se mezclan con jarabe de cereza, por ejemplo. El contenido de fármaco después se reduce lentamente mientras se mantiene el sabor de cereza, de modo que la persona no sabe qué dosis toma.

Para contrarrestar la conducta protectora y reservada, es razonable incorporar actividades físicas en la vida diaria de forma gradual. Para este fin, las actividades se dividen en unidades manejables de trabajo y se incrementan gradualmente. El afectado debe registrar las unidades de trabajo y llevarlas a buen fin lo más posible, incluso si tiene dolor previo. Así aprende a planificar de forma realista las secciones de trabajo y los descansos. Los médicos y otras partes interesadas deben reconocer y estimular el progreso adecuadamente. Sin embargo, es importante tener cuidado de no reforzar la conducta de dolor a través de una mayor conciencia. Aquí es especialmente importante implicar a los miembros de la familia y transmitirles los avances en el tratamiento a la vida cotidiana. Las posibilidades de éxito disminuyen cuando un paciente en terapia es muy recompensado por sus mayores actividades, y se sigue beneficiando en casa, mientras su entorno le carga con deberes desagradables por su conducta con el dolor. 

En esta forma de terapia del dolor, el afectado debe aprender a reconocer las "percepciones" obstructivas y a controlarlas.Estas percepciones relacionadas con el dolor se definen como pensamientos y valoraciones negativos que provocan un sentimiento de impotencia. Si se puede, se recomienda ver el dolor como una carga difícil, porque aumenta la creencia de que se podría controlar el dolor. Como resultado, decrece el miedo y posiblemente se pueden evitar más raramente las situaciones causantes de dolor.

Para facilitar la gestión del dolor, el afectado debe concentrarse en la percepción objetiva del dolor y recuperar el componente emocional: la descripción detallada de la ubicación, duración e intensidad del estímulo doloroso permite, al menos temporalmente, asumir el papel de un observador no involucrado.

Como estrategia adicional se reúnen y se utilizan las posibilidades de distracciones internas y externas (por ejemplo, imágenes mentales agradables o actividades atractivas). Así se puede reducir la mayor atención a los estímulos del dolor (y los consiguientes aumentos de la percepción del dolor). Además, la evaluación del dolor cambia de manera positiva si el afectado ha aprendido a ver el primer pulso del dolor como indicación y busca una distracción agradable como estrategia de control.

Si aparece dolor crónico como resultado de una enfermedades psicológicas (por ejemplo, depresión), el tratamiento de esta enfermedad es prioritario. Sin embargo, se pueden utilizar además métodos de tratamiento del dolor de forma sintomática.

Para interrumpir por breve tiempo el ciclo crónico del dolor, el médico puede inyectar, por ejemplo, el principio activo lidocaína (un anestésico local) o detener el dolor por medio de congelación (crioanalgésia).

Los analgésicos juegan un papel muy importante en situaciones agudas (por ejemplo, después de un accidente o una operación de cirugía), así como en el tratamiento de muchas enfermedades crónicas como la artritis o el cáncer. Generalmente la terapia con medicamentos debe realizarla un médico, para evitar o disminuir los efectos secundarios y evitar una dependencia a los medicamentos.

La base de la terapia de medicamentos para el dolor son los medicamentos antiinflamatorios no esteroideos (analgésicos sin cortisona) para el dolor crónico leve y de opiáceos para dolor moderado a severo. Repesentantes típicos de los antireumáticos no esteroides son el ácido acetilsalicílico o el ibuprofeno. Entre los opiáceos se incluyen sustancias activas como el tramadol o la buprenorfina o la codeina. Especialmente en los dolores neuropáticos puede ser razonable aplicar, además, algunos antidepresivos (por ejemplo, amitriptilina) o antiepilépticos como la gabapentina.

Los analgésicos alivian el dolor, pero generalmente no inciden en la causa del dolor. Sin embargo, la reducción o cese del dolor conseguida por medicamentos, por ejemplo en el dolor de espalda puede hacer que los músculos tensos se relajen de nuevo y los síntomas de dolor ya no se aviven más. En algunos casos pueden ser adecuados los suplementos naturales como la hierba de San Juan, para la estabilización el estado de ánimo, pero es mejor que consulte la ingestión con su médico.

Tratamiento no farmacológico

Con el fin de aliviar la tensión y, por tanto, impedir que se prolongue más el círculo vicioso del dolor, se recomiendan las siguientes terapias.

Dependiendo de la persona son efectivas unas o otras.

Lo más adecuado es decidir con el médico que tratamiento es el que mejor se adapta a las necesidades de cada paciente.

  • Fisioterapia
  • Masajes
  • Terapia térmica o electroterapia
  • Acupuntura
  • Acupresión
  • Entrenamiento autógeno
  • Relajación muscular progresiva.

Tiene sentido también la psicoterapia concomitante o terapia conductual. Un objetivo importante es analizar las circunstancias de aparición del dolor o de perpetuación del dolor y posiblemente modificarlas si es posible.