Difteria

Autor: Redacción Onmeda Revisión médica: Dra. María Fernanda Pedrero (1 de Junio de 2015)

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La difteria es una enfermedad infecciosa aguda provocada por un tipo de bacteria capaz de producir una toxina llamada Corynebacterium diphtheriae.

Esta patología afecta únicamente al ser humano y, en casos aislados, puede provocar la muerte del paciente.

La transmisión de la enfermedad se realiza a través del aire, por ejemplo, por tos, estornudos o besos. Al cabo de pocos días aparece un malestar general, fiebre, dolor de garganta, dolor abdominal y dolor en las extremidades. La más frecuente es la difteria faríngea, que cursa con una inflamación de la mucosa faríngea de color rojo vivo, placas blanco-grisáceas y voz ronca.

El periodo de incubación, es decir, el tiempo entre el momento de la infección y la aparición de los síntomas, es de dos a cinco días, y con menos frecuencia de ocho días.

La toxina diftérica a nivel sistémico, de forma aislada, puede producir miocarditis, parálisis, a menudo trastornos de la deglución y disfunción hepática y renal.

La difteria es una enfermedad de distribución mundial. Se da más frecuentemente en zonas climáticas templadas y tiene un pico máximo en otoño e invierno. Mediante la inmunización activa (vacunación), la difteria ha disminuido, pero todavía no ha sido erradicada. Desde hace años, en Europa ya solo se registran casos aislados, la mayoría debidos a estancias en el extranjero.

El tratamiento precoz es decisivo para el pronóstico de la difteria. Si surgen complicaciones, estas dificultan el tratamiento y se alarga el proceso de recuperación.

Existen diversas posibilidades de tratamiento. Por un lado, la antitoxina diftérica, el antídoto que el médico puede administrar con tan solo la sospecha de infección. Este puede inhibir solamente la toxina patógena que todavía no se ha adherido a las células. Los antibióticos eliminan el germen, contribuyendo así a la reducción de la producción de toxinas.

Ante un caso de difteria, para proteger a otras personas del contagio, se debe hospitalizar a los enfermos para su tratamiento, aislarlos y que solo sean atendidos por personal con inmunidad activa, es decir, vacunados y con anticuerpos para la bacteria en cuestión.

Gracias a la vacuna, al tratamiento antibiótico y al desarrollo del anticuerpo (antitoxina), la difteria es hoy en día menos peligrosa que antes.

Según la ley de protección contra enfermedades infecciosas, la detección del agente patógeno, la sospecha de infección, la enfermedad y la muerte por difteria son, desde el 1 de enero de 2001, de declaración obligatoria en Europa.