Cáncer tiroideo : Diagnóstico

Autor: Redacción Onmeda (25 de Septiembre de 2017)

Si el médico tiene la sospecha de que puede existir un cáncer tiroideo (carcinoma de tiroides), confirmará el diagnóstico por medio de diversas pruebas. En un primer momento se lleva a cabo la anamnesis, es decir, la entrevista detallada al paciente sobre su historial médico. De este modo puede averiguar si, por ejemplo, hay otros casos de cáncer tiroideo en la familia.

Durante el reconocimiento físico, en ocasiones el facultativo puede detectar el carcinoma palpando nódulos en la tiroides.

Con ayuda de una ecografía, es posible evaluar toda la glándula tiroides en cuanto a su tamaño y a las alteraciones del tejido, y distinguir cavidades llenas de fluidos (quistes) de los tumores. Los análisis de sangre aportan información sobre el funcionamiento de la tiroides y pueden indicar, por ejemplo, la presencia de un carcinoma medular de tiroides debido a la concentración de calcitonina.

Un procedimiento diagnóstico importante para el cáncer tiroideo es la gammagrafía tiroidea, que facilita la distinción entre una autonomía tiroidea y un nódulo potencialmente canceroso. Durante la prueba el paciente recibe tecnecio, un elemento ligeramente radiactivo, inyectado en vena. En función de la actividad del tejido tiroideo, este absorbe el tecnecio (abreviado Tc 99m): las zonas con una captación baja o nula de Tc reciben el nombre de “zonas frías”, mientras que aquellas que más Tc absorben se conocen como “zonas calientes”. Si en el área con menor captación de Tc se encuentran nódulos, estos se denominan “nódulos fríos”; por tanto los nódulos de las áreas con mayor fijación de Tc son “nódulos calientes”p. Las zonas calientes son un indicativo de autonomía tiroidea, mientras que los nódulos fríos pueden ser potencialmente cancerosos. Con el objetivo de confirmar el diagnóstico, el médico debe realizar otras pruebas, por ejemplo, una punción.

Durante la punción de tiroides (punción con aguja fina), el especialista introduce una aguja en el nódulo sospechoso y extrae células para su posterior estudio citológico al microscopio. Por lo general, durante esta pequeña intervención el paciente no siente apenas dolor y no se requiere anestesia general. En algunos casos las células extraídas permiten reconocer con seguridad un cáncer tiroideo. Sin embargo, un resultado negativo de la punción con aguja fina no excluye necesariamente el carcinoma de tiroides. En los tumores foliculares, sobre todo, resulta con frecuencia difícil determinar si se trata de un tumor maligno (carcinoma folicular) o benigno (adenoma folicular). Si el médico halla una “neoplasia folicular” de naturaleza incierta, se practica la resección del nódulo sospechoso para mayor seguridad. Tras esta operación, el análisis del tejido permite determinar si se trataba de un nódulo benigno o maligno.

Si se confirma la sospecha de cáncer tiroideo, durante el diagnóstico el médico determina también el grado de diseminación del tumor (estadificación). Para ello se sirve de pruebas de imagen como la ecografía, la tomografía axial computarizada (TAC) o la resonancia magnética nuclear (RMN). Asimismo es necesario llevar a cabo un examen radiológico del tórax, una laringoscopia y una gammagrafía ósea con el fin de detectar, por ejemplo, metástasis en los pulmones o los huesos.