Cáncer de próstata: Tratamiento

Autor: Redacción Onmeda Revisión médica: Dr. Tomás Rodelgo (18 de Enero de 2016)

El tratamiento del cáncer de próstata es muy heterogéneo. Depende del tipo y extensión del tumor tanto como de la edad del paciente. El médico y el paciente deciden conjuntamente el mejor modo de atacarlo y fijan el tratamiento.

En principio se dispone de las siguientes posibilidades de tratamiento:

  • Observación activa / supervisión activa
  • Intervención quirúrgica (prostatectomía radical = extirpación completa de la próstata)
  • Radioterapia
  • Terapia hormonal
  • Quimioterapia

Observación Activa

En el cáncer de próstata no siempre es necesario un tratamiento inmediato, a veces basta con la observación activa del tumor. Este es el caso si se detecta el tumor precozmente, es pequeño y crece solo muy lentamente. Aquí, a pesar de tratarse de un cáncer sin molestias, el paciente es observado y asesorado muy de cerca.

Especialmente para pacientes de más de 75 años y en caso de carcinomas muy pequeños, la observación activa es una terapia alternativa práctica. Aquí el médico mide regularmente el valor de PSA en sangre, palpa la próstata (tacto rectal) y toma muestras de tejido (biopsia) de la próstata. En principio, no se efectúa ninguna cirugía, ni radioterapia ni ningún otro tratamiento. El objetivo de la espera activa es evitar perjuicios innecesarios por un tratamiento inmediato.

Si el cáncer sigue avanzando, el afectado comenzará un tratamiento que tiene como objetivo luchar contra el tumor. Este procedimiento también se denomina observación y vigilancia.

Prostatectomía

Una prostatectomía tiene sentido en caso de una extensión limitada localmente del tumor. El objetivo es extirpar el cáncer por completo y curar así al paciente. En la intervención, se extirpa la próstata junto con las vesículas seminales (prostatectomía radical o total). Siempre que sea posible, el cirujano intenta proteger los nervios para no dañarlos y así evitar una impotencia o disfunción eréctil.

Además de la prostatectomía abierta en caso de cáncer de próstata, en la que el acceso a la próstata se efectúa a través del abdomen (laparotomía), actualmente la próstata también se extirpa por medio de laparoscopia. A través de un corte pequeño en el perineo, el médico también puede extirpar la próstata.

Las consecuencias indeseadas más frecuentes de un cáncer de próstata son las dificultades de erección (impotencia) y la incontinencia urinaria. Precisamente una incontinencia urinaria transitoria suele ser bastante frecuente. De todas formas, mejora con ejercicios pélvicos realizada regularmente.

Radioterapia

En el cáncer de próstata, la radiación puede efectuarse de forma alternativa a la cirugía o complementaria. En algunos afectados, la radioterapia es una alternativa práctica cuando su estado general de salud no es suficientemente bueno para una operación o si se desean evitar los riesgos de la cirugía. En el cáncer de próstata avanzado, que ya se extiende más allá de la próstata, la radioterapia se combina con un tratamiento hormonal.

En algunos pacientes se constata tras la cirugía que el cáncer de próstata extirpado no incluía tejido sano en el borde, es decir, existe la posibilidad de que siga habiendo tejido cancerígeno en el cuerpo. En estos casos, se efectúa radioterapia como medida adicional tras la operación (radioterapia adyuvante). De este modo se intenta prevenir el riesgo de que se reproduzca el cáncer (recidiva).

Por lo general, la radioterapia tiene lugar en la región tumoral “desde fuera” (radiación externa), pero la fuente de radiación también puede llevarse directamente al tumor (radiación a corta distancia = braquiterapia).

Radiación desde "fuera"

La radioterapia percutánea o externa en el cáncer de próstata consiste en aplicar radiaciones ionizantes en la zona donde se localiza el tumor para destruir las células cancerígenas. En esta técnica, la radiación tiene lugar en varias sesiones. Los afectados son radiados durante unas siete a nueve semanas de lunes a viernes durante unos pocos minutos. A menudo la radioterapia tiene lugar de forma ambulatoria, por lo que los afectados pueden volver a casa. Las radiaciones no causan ningún dolor. Gracias a las técnicas modernas, se puede aplicar la dosis radiactiva exacta en la próstata sin radiar demasiado tejido sano adyacente.

Braquiterapia

Braquiterapia, también llamada “implantación de semillas”, consiste en colocar gránulos radiactivos directamente en la próstata. Usando agujas delgadas, las “semillas” se implantan en la próstata a través del perineo; el paciente es anestesiado localmente. Aquí las dosis de radiación se aplican a lo largo de un periodo de hasta tres meses. Las semillas se quedan en la próstata y no se extraen quirúrgicamente. Su radiación solo es efectiva en el entorno directo de los gránulos, por lo que únicamente dañan las células cancerígenas.

Esta implantación de semillas se utiliza en el cáncer de próstata cuando el cáncer se halla en el estadio inicial y no se ha extendido más allá de la próstata; en este caso tanto la puntuación de Gleason como el valor de PSA relativo son bajos.

Puede ocasionar un síndrome urinario agudo provocado por la inflamación de la próstata que puede también provocar retención de orina. Además, provoca menos incontinencia que la radioterapia externa.

Braquiterapia de carga diferida

Esta forma de radiación se presenta en cáncer de próstata avanzado pero sin metástasis. En la denominada braquiterapia HDR (HDR = highdoserate: “alta dosis”) o técnica de poscarga (de carga diferida) se combina una radioterapia desde fuera con otra desde dentro. En dos a cuatro sesiones se introducen semanalmente en la próstata emisores radioactivos por el perineo. Estos emisores se extraen de nuevo cuando han descargado toda su radiación.

Otras formas más actuales de administrar la radiación son:

  • Radioterapia conformada o tridimensional (RTC-3D): Es el tratamiento estándar tras la publicación de varias investigaciones. Permite administrar dosis más altas en la próstata, respetando los tejidos que están alrededor, es decir, los efectos secundarios son menores.
  • Radioterapia de intensidad modulada (IMRT): permite escalar la dosis de radioterapia y su intensidad. Reduce los efectos secundarios y facilita el tratamiento cuando hay que incluir los ganglios linfáticos pélvicos. Esta técnica no está disponible en todos los centros por su coste.
  • Radioterapia guiada por la imagen (IGRT): permite la administración de dosis más altas de radioterapia externa utilizando técnicas de imagen avanzada como la resonancia magnética con espectroscopia.

¿Qué consecuencias tiene la radioterapia?

Las publicaciones sobre con qué frecuencia se presentan efectos secundarios en caso de radioterapia en cáncer de próstata son heterogéneas. Básicamente pueden darse molestias agudas y consecuencias a largo plazo. Entre los efectos secundarios agudos durante una radioterapia en caso de cáncer de próstata se encuentran los problemas intestinales (por ejemplo, diarrea) y molestias en la vejiga (por ejemplo, micciones frecuentes y en pequeñas cantidades, infecciones del tracto urinario).

Los posibles efectos tardíos de la radiación son los siguientes:

  • Trastornos de erección (impotencia)
  • Incontinencia urinaria
  • Molestias intestinales, como infecciones intestinales crónicas, diarrea crónica

Los efectos secundarios dependerán, entre otras cosas, del tipo y de la duración de la radiación escogida.

Terapia hormonal

Las células tumorales crecen en el cáncer de próstata casi siempre en función de las hormonas, por ello se recomienda una terapia hormonal (más exactamente una terapia supresora de hormonas). Esto se aplica especialmente al cáncer de próstata avanzado que ya ha formado metástasis. El objetivo principal es detener el crecimiento del tumor y mitigar las molestias (tratamiento paliativo). No obstante, la terapia hormonal no puede curar el cáncer.

Con la terapia hormonal se producen menos hormonas sexuales masculinas (testosterona), con lo que el carcinoma crece más lentamente. El médico comprueba si tiene éxito o no con controles regulares del valor de PSA.

En el cáncer de próstata existen las siguientes posibilidades de terapia hormonal:

  • Castración quirúrgica: el médico examina los testículos, es decir, extirpa el tejido testicular que forma las hormonas, como consecuencia apenas se forma testosterona (únicamente se generarán pequeñas cantidades en las cápsulas suprarrenales).
  • Castración medicamentosa o química: con análogos de la hormona LHRH.
  • Bloqueo del efecto de las hormonas sexuales propias en las células tumorales con la administración de supresores de andrógenos.
  • Administración de hormonas sexuales femeninas (estrógenos) para contrarrestar la testosterona masculina. Puesto que lleva aparejada efectos secundarios como trombosis, esta terapia se utiliza muy raras veces.

Entre los efectos secundarios más marcados de una terapia hormonal en el cáncer de próstata se encuentran la pérdida de apetito sexual (libido), la disfunción eréctil, calores o sofocos, problemas de memoria, menor crecimiento de la barba, agrandamiento del pecho e incluso, eventualmente, osteoporosis (reducción de la masa ósea).

Quimioterapia

Cuando la terapia hormonal no tiene el efecto deseado sobre el cáncer de próstata, la quimioterapia puede suponer otra opción de tratamiento. Aquí, el paciente recibe medicamentos (citostáticos) que inhiben el crecimiento y la multiplicación de las células cancerígenas. Tal quimioterapia requiere una planificación muy concreta y supervisada y, por ello, debe ser efectuada por especialistas experimentados. A pesar de los cuidados, no siempre es posible evitar efectos secundarios como náuseas y vómitos durante la quimioterapia, pero afortunadamente hoy en día hay medicamentos muy efectivos contra estos síntomas (antieméticos). Otro efecto secundario de la quimioterapia es una caída transitoria del cabello puesto que los medicamentos pueden dañar las raíces del mismo.

Otras formas terapéuticas

En el cáncer de próstata localizado, es decir, cuando no ha formado metástasis, hay otros tratamientos disponibles aunque no existen pruebas concluyentes de su efectividad, entre ellos:

  • Congelación local (crioterapia)
  • Ultrasonidos focalizados de alta intensidad (HIFU)
  • Ablación por radiofrecuencia