Cáncer de vejiga: Diagnóstico

Autor: Redacción Onmeda Revisión médica: Dra. María Gemma Tena (19 de Marzo de 2012)

Para el diagnóstico del cáncer de vejiga las primeras indicaciones proceden de la historia clínica, la palpación de la zona de los riñones, de la parte inferior del abdomen y de los órganos sexuales internos así como de una ecografía de la región inferior del abdomen, la vejiga y los riñones. Los especialistas que se encargan del cáncer de vejiga son los urólogos. Las preguntas que pueden ser importantes a la hora del diagnóstico de un cáncer de vejiga son las siguientes:

  • ¿Desde cuándo observa que hay sangre en la orina?
  • ¿Siente dolores? En caso afirmativo, ¿desde cuándo?
  • ¿Tiene algunos síntomas nuevos cuando va al baño?
  • ¿Tiene alguna enfermedad? (por ejemplo, inflamación de la vejiga o enfermedades renales)
  • ¿Tiene usted factores de riesgo de tener cáncer de vejiga (por ejemplo, es fumador o trabaja en contacto con determinadas sustancias químicas)?

Con las tiras reactivas de orina se puede confirmar la presencia de sangre en la orina.

La exploración más importante en el cáncer de vejiga es la cistoscopia. Bajo anestesia local (un medio lubricante con efecto anestésico) del paciente el médico desliza cuidadosamente un tubo delgado, blando y flexible (endoscopio) a través de la uretra hasta la vejiga. Esta exploración es indolora. Al final del tubo hay incorporados instrumentos ópticos a través de los cuales el médico puede buscar poco a poco, detectar y eliminar puntos sospechosos en la mucosa de la vejiga y en caso de que sea necesario, tomar una muestra del tejido (biopsia) con unas pequeñas pinzas. Un especialista en tejidos (patólogo) examina esta prueba con microscopio. Durante la cistoscopia el médico puede ver las aperturas de ambos uréteres y determinar si la sangre procede de uno de ellos o de otro lugar de la vejiga.

Entonces se realiza una exploración microscópica de la orina en busca de células malignas. Es lo que se conoce como citología de la orina y se realiza cuando la cistoscopia conduce a la sospecha de que existe el precursor de un tumor superficial. En principio, la exploración de la orina en caso de tumor, cuyas células no se parecen a las células sanas de la vejiga (los tumores conocidos como de diferenciación baja), es de gran precisión y valor informativo incluso en los tumores cuyas células se parecen mucho a los tejidos de origen. Si la cistoscopia levanta la sospecha de un cáncer de vejiga, se realiza una radiografía del tracto urinario con medio de contraste (urografía). Esta urografía muestra el tracto urinario, la pelvis renal, los uréteres, la vejiga y la uretra. En algunos casos también se realizan pruebas complementarias como la tomografía computarizada (TC) o la resonancia magnética (RM). Estas permiten evaluar la extensión exacta del tumor en el área pélvica.

Si el cáncer de vejiga está avanzado y ha alcanzado el músculo de la vejiga o de los órganos adyacentes, la probabilidad de que se produzca metástasis aumenta. La metástasis se da sobre todo en los pulmones, el hígado y los huesos. Entonces se realiza una radiografía de los pulmones, una ecografía del hígado y una gammagrafía ósea para descartar que exista metástasis.

Una nueva técnica que permite detectar el cáncer de vejiga es lo que se conoce como análisis del proteoma. Este método aún no se utiliza rutinariamente. Este análisis del proteoma se basa en que las concentraciones de proteínas en los fluidos corporales como la orina pueden determinar la existencia de enfermedades a menudo antes de que aparezcan los síntomas. Para cada enfermedad existe un proteoma caracterísitco. Una ventaja del análisis del proteoma es que, al contrario de lo que ocurre con el análisis de sangre y las biopsias, es completamente indoloro y no entraña ningún riesgo. Las primeras exploraciones con esta técnica muestran que el análisis del proteoma también sirve para determinar el estado del tumor. También ofrece datos bastante exactos a la hora de diferenciar entre un tumor superficial o infiltrado en el tejido.