Abrasión

Autor: Redacción Onmeda Revisión médica: Dra. Cristina Martín (2 de Septiembre de 2016)

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La abrasión es una lesión común de la piel que se realiza por el roce contra una superficie rugosa, por la fricción prolongada contra una tela o por una caída (por ejemplo, haciendo ciclismo o patinaje).

Normalmente, la herida por abrasión tiene una forma irregular y va acompañada por un intenso dolor. Puede infectarse con frecuencia, por lo que se acompaña de supuración y un moderado componente inflamatorio en la piel adyacente. Dependiendo del accidente, las abrasiones pueden contener cuerpos extraños y mucha suciedad y, por ello, ser más o menos fáciles de infectar. Si la lesión solo afecta a las capas más superficiales de la piel, no se suele producir sangrado y es más difícil que se infecte.

La rapidez con la que se trate una abrasión puede influir mucho en el tiempo de curación. Generalmente, una abrasión de pequeño tamaño no requiere ningún tratamiento especial, se cura de forma natural. Basta con limpiar la lesión cuidadosamente lo antes posible y dejarla secar al aire. Sin embargo, en el caso de una abrasión más severa, se pueden producir infecciones que retrasen la curación: una abrasión purulenta no sana tan rápido como una limpia. Por lo tanto, es aconsejable limpiar la zona y desinfectarla con un apósito estéril, cubrir la herida para evitar la entrada de gérmenes y acudir a un médico. Ante cualquier abrasión, es aconsejable comprobar si es necesaria la vacuna contra el tétanos.

Aunque es muy habitual que las abrasiones duelan y piquen, el proceso de curación será más rápido y no se formarán cicatrices si se evita el rascado y la manipulación de la zona.