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Dieta mediterránea

Autor: Laura Marcos Revisión médica: Dr. Tomás Rodelgo (11 de Mayo de 2016)

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La dieta mediterránea es más que un conjunto de alimentos: es un estilo de vida. Evidencias científicas demuestran los beneficios para la salud de los alimentos propios de los países que rodean el Mediterráneo. Las propiedades de la dieta mediterránea se asocian con la prevención de enfermedades cardiovasculares, de enfermedades como la diabetes o la obesidad, de alteraciones del sistema inmunitario, de osteoporosis, y de algunos tipos de cáncer, como cáncer de mama o cáncer de colon.

Seguir la dieta mediterránea no solo significa consumir los alimentos producidos en los territorios que rodean el mar Mediterráneo, sino también aplicar determinadas formas de producción, cocción, y siempre rodeados de familiares y amigos, realizando actividad física y encontrándonos con el medio natural. Oficialmente, se considera que la dieta mediterránea es propia de 7 países: Chipre, Croacia, España, Grecia, Italia, Marruecos y Portugal.

Los alimentos característicos de la dieta mediterránea son, en general, los siguientes: el aceite de oliva, los cereales, las frutas, verduras y hortalizas, las legumbres, los frutos secos, pescados y mariscos, carne, leche y huevos, y derivados lácteos fermentados. Eso sí, existen aproximaciones y recomendaciones en cuanto a la cantidad y frecuencia adecuada de cada tipo de alimento, para considerarlo dentro de los usos de la dieta mediterránea, y para asegurar, así, sus beneficios en la salud.

Hasta la fecha existen numerosos estudios que han comprobado que el patrón de dieta mediterránea se relaciona con un menor riesgo de muerte para la mayoría de las enfermedades no infecciosas, es decir, las cardiovasculares (ECVs) y el cáncer principalmente. Las enfermedades cardiovasculares suponen el 25% de todas las muertes en España.

Para muchos expertos, la dieta mediterránea se define como una forma de entender la vida, basada en una forma de alimentarse y de cocinar disfrutando del entorno, relacionándose con él y generando arte y cultura a partir de alimentos emblemáticos tradicionalmente vinculados al lugar de origen. De esta manera, la dieta mediterránea se convierte, a su vez, en una forma de intercambio social, a la que además se le suman otros hábitos saludables como la actividad física e, incluso, la siesta. La dieta mediterránea está incluida en la Lista Representativa del Patrimonio Cultural Inmaterial de la Humanidad de la UNESCO, no solo por su valor nutricional, sino también por su valor cultural y social.