Dieta entulínea: Dieta con historia

Autor: Redacción Onmeda Revisión médica: Dr. Tomás Rodelgo (31 de Julio de 2014)

La historia de Weight Watchers empezó a principios de los años 60 en Nueva York. Según se puede encontrar en su libro “El método entulínea de Weight Watchers”, sus comienzos fueron muy humildes.

Jean Nidetch, un ama de casa que había intentado perder peso muchas veces, sin éxito, se dio cuenta de que no hallaba el apoyo que necesitaba para lograr su objetivo; solo encontraba prohibiciones y pasaba hambre, así que decidió actuar. Acudió a una clínica para seguir una dieta y aunque esta finalmente funcionaba, consideraba que la dietista era demasiado delgada como para comprender su situación y ofrecerle un apoyo real.

Su frustración la llevó a intentar algo nuevo y decidió buscar en otro lugar ese apoyo que necesitaba y no encontraba en su dietista. Jean llamó a seis amigas que también padecían sobrepeso y las invitó a su casa para explicarles en qué consistía la dieta que estaba siguiendo. Les propuso reunirse y hablar sobre su lucha contra el peso. Cuando Jean empezó a contarles que cada día se desanimaba mucho, rompió el hielo y sus amigas también comenzaron a desahogarse, a confesar sus problemas y frustraciones sin vergüenza. El balance de aquella primera reunión fue muy positivo y decidieron reunirse la semana siguiente para repetir la experiencia. Acababa de celebrarse, en casa de Jean Nidetch, la primera reunión Weight Watchers.

Para las primeras reuniones fue la propia Jean quien pidió ayuda a varias amigas en su misma situación y les sugirió que se reuniesen cada semana. Al cabo de dos meses, cuarenta mujeres se reunían regularmente para compartir experiencias, consejos y progresos. Jean Nidetch estableció el enfoque correcto del plan de adelgazamiento desde el principio. Cada semana, Jean reunía al grupo de personas que querían adelgazar y celebraban cada kilo perdido: los momentos de celebración eran muy apreciados por todos, les brindaban motivación, apoyo, ganas de seguir avanzando. En poco tiempo ya no cabían en el salón de Jean; tuvieron que alquilar una sala y pasaron a reunirse dos veces por semana.

Los hombres también empezaron a acudir a las reuniones. Jean creó una insignia como regalo simbólico y recompensa para todos aquellos que alcanzasen el objetivo de peso que se proponían. Cada vez la llamaban más personas pidiéndole ayuda.

Al mismo tiempo, Jean continuó con el método que había instaurado ella misma y adelgazó 32 kilos. Un año después alcanzó su peso saludable. Acababa de cumplir los treinta y siete años y nunca más volvió a engordar. En su objetivo hacia el adelgazamiento había conseguido atraer, a través del boca a boca, a cientos de personas que querían seguir su método.