Publicidad

Publicidad

El adolescente diabético

Autor: Terry Gragera Revisión médica: Dr. Tomás Rodelgo (1 de Abril de 2016)

© iStock

La adolescencia es un periodo difícil para la persona con diabetes. Por un lado, las alteraciones hormonales propias de esta etapa influyen negativamente en el control de la enfermedad y, por otra parte, los cambios psicológicos y en el estilo de vida de los adolescentes interfieren en el buen manejo de la diabetes.

Además de una mayor resistencia a la insulina debido a los cambios hormonales propios de la adolescencia, el aumento de peso y de talla que se produce en este periodo suponen un problema a la hora de ajustar la dosis de insulina, especialmente cuando el régimen dietético no se sigue a la perfección.

Desde el punto de vista psicológico, aunque durante la infancia el niño mostrara una adecuada conciencia de cómo cuidarse, la llegada de la adolescencia conlleva una revolución que da al traste, de forma casi siempre pasajera, con las rutinas que se habían alcanzado hasta ese momento en relación a la diabetes, contra la que muy probablemente va a rebelarse. 

Así, el adolescente con diabetes comienza a cuestionar seriamente por qué tiene que administrarse insulina y hacerse controles, suele ser más desordenado en su régimen de comidas, empieza a salir de noche y a exponerse a hábitos nocivos (como el alcohol y el tabaco), y se abre a un nuevo mundo de relaciones sociales donde le cuesta admitir su condición de diabético, pues considera que merma su imagen externa.
Los padres viven esta etapa con preocupación, pues esas transgresiones propias de la edad, y que puede hacer cualquier otro chico sin diabetes, suponen un riesgo para la salud de sus hijos. Aunque pueda resultar difícil, los expertos insisten en que en este periodo la relación padre-hijo no debe centrarse exclusivamente en la diabetes, esperando un óptimo control de la misma. Un objetivo más realista es intentar mantener una comunicación fluida sobre el tema, sin resultar obsesivos, reforzando las conductas positivas de buen control de la enfermedad y aportando flexibilidad y empatía para escuchar sus quejas en relación a la diabetes.

En este periodo es importante aumentar el número de visitas al equipo médico especialista que realice el seguimiento habitual y favorecer la relación con otros adolescentes con diabetes, especialmente a través de asociaciones de afectados. Si la relación con los padres se resiente por culpa del mal control que el adolescente está haciendo de la enfermedad, es bueno dejar que sean los profesionales los que dirijan al menor. En el caso de que la situación lo requiriera, se podría solicitar también ayuda psicológica.