Dieta para diabéticos: Alimentación y diabetes

Autor: Verónica López Revisión médica: Dr. Tomás Rodelgo (11 de Noviembre de 2016)

El paciente con diabetes debe identificar y conocer los alimentos, los diferentes grupos (hidratos, proteínas, lípidos) y aprender a manejar las tablas de composición de los productos del mercado. Además, debe saber intercambiar los mismos, y por supuesto, cambiar hábitos inadecuados por un estilo de vida saludable. Los grupos son:

  1. Grupo de los lácteos y derivados, que aportan proteínas y calcio.
  2. Grupo de las proteínas. Incluye carne, pescados y huevos. Nos aportan proteínas de gran valor biológico, además de hierro, algunas vitaminas y grasas saturadas y poliinsaturadas.
  3. Grupo de los hidratos de carbono, o farináceos. Aquí estarían las legumbres, los tubérculos, los cereales, el pan, la pasta, las patatas o las harinas. Estos alimentos nos aportan hidratos de carbono complejos o de absorción lenta, proteínas, minerales y fibra.
  4. Grupo de verduras y hortalizas. Ricas en vitaminas y minerales.
  5. Grupo de las frutas. Ricas en vitaminas, minerales, fibra y azúcares.
  6. Grupo de las grasas. Aportan vitaminas liposolubles y ácidos grasos esenciales.

Una dieta para diabéticos debe contener el mismo número de proteínas que las recomendadas para la población general, es decir, aportar entre el 10 y el 20% de las calorías totales de la dieta. Es importante que estas proteínas procedan de fuentes animales y vegetales, de forma que semanalmente el 50% de las proteínas procedan de fuente animal y el otro 50 % de fuente vegetal. En pacientes con nefropatía diabética, el consumo debe ser algo más bajo, entre 0,7- 0,8 gramos por kilo de peso y día.

Del grupo de las proteínas, las porciones de carne, deben ser de unos 100 g y de 150 g si es de pescado. Se debe consumir la parte más magra de la carne y siempre sin piel si pertenece a las aves. El consumo de pescado debe ser mayor que el de carne, tanto si es azul como blanco.

Las calorías que aporten las grasas en una dieta, va a depender del perfil lipídico del diabético. Si este fuera normal, las grasas deben aportar un máximo del 30% de las calorías totales y las grasas saturadas algo menos del 10% de este 30%. Si el diabético tuviera elevado los niveles de LDL-colesterol, las grasas saturadas en su dieta no deben sobrepasar el 7%. En cuanto al consumo de colesterol, debe ser menor de 200 mg/día.

Es recomendable el consumo de grasas vegetales como el que proviene del aceite de oliva virgen o de los frutos secos. Se debe controlar la cantidad de 30 a 40 ml por día.

Los hidratos de carbono complejos deben aportar a la dieta entre un 50 y un 60 % de las calorías totales diarias. De manera general, en los diabéticos se deben suprimir o restringir al máximo los azúcares simples, se debe eliminar de su alimentación helados, pasteles, bollerías, azúcar, zumos y bebidas azucaradas. Deben reemplazarse por hidratos de carbono complejos (cereales integrales, por ejemplo)  y edulcorantes

Una alternativa al consumo de galletas y otro tipo de bollería, podría ser el pan integral o cereales como la avena, la espelta, el mijo, el arroz. así como frutas, verduras y legumbres que son fuentes de carbohidratos saludables.

Los edulcorantes, según su capacidad para aumentar o no la glucemia, pueden ser de dos tipos:

  • Edulcorantes acalóricos como la sacarina, aspartamo, ciclamato, acesulfamo K o sucralosa, entre otros, que no elevan la glucemia.
  • Edulcorantes calóricos que elevan la glucemia de forma brusca, como por ejemplo, la glucosa, la sacarosa, la fructosa, y los poli alcoholes (sorbitol, manitol, maltitol, y xilitol), la dextrosa, la maltesa, la miel y otros.

En general un diabético debería utilizar los edulcorantes bajos en calorías. En cuanto a la fructosa de la dieta, produce un menor incremento de la glucemia plasmática que la sacarosa, pero su consumo excesivo puede tener efectos adversos cómo incrementar el colesterol LDL.

La persona con diabetes debe aprender a valorar la cantidad de hidratos de carbono que ingiere. El consumo de carbohidratos variará en cada paciente en función del peso corporal y la actividad física que realice. Para facilitar este aprendizaje se ha desarrollado un sistema de intercambios o raciones de 10 g de hidratos de carbono, según el método Clínic. Esto significa que se dividen los alimentos en porciones que cada una de ellas aporte 10 gramos de hidrato de carbono, pudiéndose hacer intercambios entre ellos.

También es muy importante el consumo de fibra y las recomendaciones diarias son entre 20 y 35 g (entre soluble e insoluble).  De hecho, un metanálisis realizado en 2015 con datos del estudio EPIC-InterAct y publicado en la revista Diabetología sugiere que las personas con dietas ricas en fibra, especialmente fibra de cereales, pueden tener menor riesgo de desarrollar diabetes tipo 2. Entre las razones que apuntan los investigadores podrían estar el hecho de que la fibra es saciante y disminuye la velocidad de absorción de nutrientes y de hidratos de carbono de los alimentos ingeridos, evitando la elevación repentina del nivel de glucosa después de las comidas. 

Si la dieta es adecuada no son necesarios suplementos adicionales de vitaminas o minerales. En el caso del magnesio, se sabe que su deficiencia puede influir en la resistencia a la insulina, pero su suplementación solo está justificado en personas en las que se haya comprobado su déficit.En cuanto al potasio el aporte de la dieta suele ser suficiente, solo puede ser necesario su suplemento en pacientes con tratamiento diurético, o restringirlo en insuficiencia renal.

El consumo de lácteos, frutas y verduras deben ser iguales que el resto de la población, de 2-3 raciones de lácteos por día y 5 raciones diarias entre frutas y verduras, es decir, 3 piezas de fruta y dos raciones de verduras o al revés 2 piezas de fruta y 3 raciones de verduras.

 El consumo de sodio debe de ser el mismo que el de la población general, es decir, un máximo de 2,4 g por día. En cuanto al alcohol no se recomienda más de dos unidades por día para el hombre y de una para la mujer, considerando una unidad un vaso de vino o cerveza.