Alimentación para pacientes con cáncer

Autor: Verónica López (2 de Febrero de 2016)

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La alimentación juega un papel fundamental en la prevención del cáncer, pero también durante la evolución de la patología, pues puede contribuir de forma positiva o negativa en el estado del paciente. Los síntomas y los tratamientos oncológicos impiden, en muchos casos, la ingesta oral, pudiendo provocar desnutrición. Por esta razón, es fundamental la evaluación nutricional constante del enfermo durante toda la enfermedad.

La desnutrición es uno de los problemas habituales de los pacientes con cáncer y un factor de riesgo de morbilidad y mortalidad. Muchos enfermos oncológicos ven reducido su consumo de nutrientes debido a los tratamientos o a los síntomas que sufren, los más comunes: náuseas, vómitos, diarrea, estreñimiento, estomatitis, mucositis, disfagia, alteraciones del gusto o el olfato, disfunciones en la masticación y en la deglución, alteraciones en la apetencia, ansiedad y depresión.

Otras causas de desnutrición en personas con cáncer son la anorexia, la caquexia, el hipermetabolismo, la septicemia, la malabsorción y las obstrucciones. Así, la anorexia que cursa con la pérdida del deseo de comer, aparece en el 25% de los pacientes con cáncer al principio de su diagnóstico y casi en todos los casos de metástasis generalizada.

La caquexia es un síndrome de emaciación creciente que provoca debilidad y la pérdida progresiva de peso, grasa y músculo. Es la causa inmediata de muerte en 20 a 40% de los pacientes con cáncer y puede darse en personas que se alimentan adecuadamente pero el tumor les impide la retención de grasa y músculo.

Por otra parte, algunos tratamientos pueden provocar que el paciente aumente de peso, especialmente con terapias hormonales después de la quimioterapia o la radioterapia, sobre todo en cáncer de mama o de colon.

La Fundación Alimentación Saludable y la Sociedad Española de Dietética y Ciencias de la Alimentación (SEDCA), han publicado un documento de consenso para profesionales sanitarios donde se ofrecen recomendaciones para mejorar la alimentación de los pacientes con cáncer. La guía también incluye la importancia de la dieta mediterránea en la prevención del cáncer, así como otros hábitos saludables que pueden mejorar la calidad de vida de estos enfermos como practicar ejercicio físico moderado habitualmente. A continuación se resumen algunos puntos de este texto.

Prevenir el cáncer con la dieta Mediterránea

Son numerosas las investigaciones que afirman que la dieta mediterránea tiene efectos beneficiosos en la prevención de diferentes tipos de cáncer. De esta forma, se ha relacionado la ingesta habitual de ciertos alimentos característicos de esta dieta con un riesgo disminuido de padecer ciertos carcinomas, entre ellos, el consumo de vegetales no feculentos, frutas y leguminosas, vegetales como el ajo o la cebolla, fibra alimentaria, ácidos grasos omega 3 y omega 6, polifenoles y antioxidantes procedentes por ejemplo del aceite de oliva, la uva, el vino, las nueces o los frutos rojos.

Así, un reciente estudio publicado en 2014 (Adherence to Mediterranean diet and risk of cáncer: a systematic review and meta-analysis of observational studies) sostiene que una alta adherencia a la dieta mediterránea reduce la mortalidad general por cáncer en un 10%, el cáncer colorrectal en un 14%, el cáncer de próstata en un 4% y los aerodigestivos en un 56%.

Además, otra nueva publicación del estudio PREDIMED mantiene que el consumo de dieta mediterránea rica en aceite de oliva virgen extra desciende la incidencia de cáncer de mama.

Existe una excepción documentada sobre un incremento del riesgo de cáncer de páncreas asociado a la dieta mediterránea por el consumo de carbohidratos complejos, especialmente cereales refinados y con el consumo excesivo de alcohol.