Insulina: La clave de la energía

Autor: Redacción Onmeda Revisión médica: Dra. Patricia Alva (19 de Marzo de 2012)

Sea ya para los movimientos, el rendimiento del cerebro, la respiración o el latido del corazón: el cuerpo humano necesita a diario una cantidad de energía para poder mantener sus diversas funciones. La energía necesaria la proporcionan las sustancias nutritivas de la alimentación. De entre ellas, unos proveedores de energía especialmente importantes y rápidos son los hidratos de carbono, que están presentes, por ejemplo, en las patatas, el pan, las verduras o la pasta. Estos contienen mucha glucosa o, mejor dicho, almidón que se puede transformar en glucosa. Cada célula necesita glucosa para funcionar.

Para que la glucosa procedente de los alimentos se transforme y pueda estar disponible en las células de los órganos, los músculos y los tejidos grasos, la mayoría de las células necesitan insulina. La insulina se encarga de que la glucosa pase de la sangre a las células y una vez allí se pueda utilizar para obtener energía. Pero los aminoácidos y los ácidos grasos se transportan a las células más fácilmente con ayuda de la insulina.

Tras una comida, el azúcar pasa de los alimentos a la sangre a través del intestino; el nivel de azúcar en sangre aumenta. Esto hace que los islotes del páncreas distribuyan mayores cantidades de insulina a la sangre. Pero ciertas hormonas y aminoácidos también pueden hacer que se produzca más insulina. La insulina se une a determinados receptores de las células y, de este modo, hace que la membrana celular deje pasar mejor la glucosa. La insulina abre la célula hasta cierto punto y de este modo facilita el acceso del azúcar necesario. Así pues, con la insulina la glucosa pasa de la sangre a la célula con mayor facilidad; el nivel de azúcar en sangre baja de nuevo. Si el nivel de azúcar en sangre es bajo, el páncreas también produce menos insulina.

El nivel de insulina es máximo alrededor de una hora después de una comida; al cabo de dos horas los valores de insulina vuelven a estar como en ayunas. El páncreas de un adulto secreta unos dos gramos de insulina diarios.

Además, la cantidad necesaria de insulina también varía con las horas del día: por la mañana el cuerpo necesita mucha insulina para transportar glucosa a las células regularmente, ya que el cuerpo también necesita más energía durante el día. Por la tarde y por la noche la distribución de insulina es baja.