Funciones y disfunciones del sistema inmunitario

Autor: Redacción Onmeda Revisión médica: Dra. María Fernanda Pedrero (31 de Octubre de 2010)

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Para tener salud es imprescindible que el sistema inmunitario se encargue de la misma manera de la inmunidad y la tolerancia, es decir, que reaccione ante las sustancias extrañas del cuerpo con una defensa controlada e impida la reacción inmunitaria contra las sustancias del propio cuerpo. Cuando se rompe el equilibrio entre estas dos funciones, se producen las disfunciones. Esto puede traducirse en un proceso inflamatorio desmesurado o inexistente.

La inflamación (del latín inflammatio) es una reacción de defensa general del sistema inmunitario ante los distintos estímulos nocivos. Los desencadenantes de dicho proceso inflamatorio son patógenos como las bacterias, los virus, los hongos o los parásitos, aunque también lo son sustancias químicas como los ácidos o las bases, los factores físicos como la temperatura o las radiaciones, influencias mecánicas como el frotamiento, la presión o los cuerpos extraños y los estímulos que actúan en el interior del cuerpo (endógenos) como la descomposición de las células causada por tumores malignos. Normalmente, el proceso inflamatorio elimina los estímulos nocivos y sus secuelas.

Las llamativas características del proceso inflamatorio son el enrojecimiento (rubor), la tumefacción (tumor), el calentamiento (calor), el dolor (dolor) y la pérdida de las funciones normales (functio laesa) de los tejidos afectados. Se tiene conocimiento de los signos propios de la inflamación desde la antigüedad y fueron descritos por Aulus Cornelius Celsus en el siglo I d.C., así como por Claudius Galenos (Galeno de Pérgamo) unos cien años más tarde.

El sistema inmunitario dispone de dos mecanismos de defensa diferentes: la respuesta inmunológica inespecífica y específica. Los mecanismos de defensa específicos e inespecíficos que se desencadenan en la respuesta inflamatoria están estrechamente unidos. Ciertas células defensoras del sistema inmunitario específico, los fagocitos, son las responsables de una reacción inflamatoria más contundente: los denominados mastocitos. Además, determinados patógenos o cuerpos extraños favorecen la formación de ciertos anticuerpos, los anticuerpos IgE, que, a su vez, están vinculados con los mastocitos, de manera que se produce una reacción entre mastocitos y patógenos. Los mastocitos contienen sustancias como las histaminas, la serotonina, la heparina y diversas enzimas, por lo que el tejido afectado se enrojece y calienta. Además, dicho aumento de tamaño, que se da en la inflamación, irrita los nervios adyacentes, produciendo dolor. Debido a la alta permeabilidad de los vasos sanguíneos, que también es provocada por los mediadores de la inflamación, se expulsa al tejido líquido rico en proteínas (exudado). El área afectada se hincha y se forma un edema. Las diferentes enzimas almacenados en los mastocitos desencadenan la producción de más mediadores de la inflamación como las prostaglandinas, los leucotrienos y la bradiquinina, que se comportan de manera similar a la histamina y refuerzan el proceso inflamatorio. Al mismo tiempo, se produce una migración elevada de fagotitos del sistema inmunitario inespecífico. Estos atacan a las células extrañas y las transportan. Además, causan la liberación de otras sustancias como las denominadas proteínas de la fase aguda, que provocan síntomas como fiebre, agotamiento, dolores en las extremidades y pérdida de peso. A lo largo de todos estos procesos, las células implicadas del sistema inmunitario se comunican entre ellas gracias a innumerables mensajeros químicos, entre los que se encuentra el grupo de las denominadas interleucinas.