Funciones y disfunciones del sistema inmunitario: Alergias

Autor: Redacción Onmeda Revisión médica: Dra. María Fernanda Pedrero (31 de Octubre de 2010)

Cuando se ven afectadas diferentes funciones del sistema inmunitario aparecen las disfunciones, estas pueden manifestarse en forma de alergias. Una alergia es la consecuencia de la reacción anómala del sistema inmunitario: el organismo previamente sensibilizado (inmunizado) reacciona con una sensibilidad excesiva ante el antígeno (proteína extraña que causa la producción de antígenos en el cuerpo), al cual se había visto expuesto previamente. Al mismo tiempo, se produce la lesión de las células y los tejidos. Esta lesión puede darse en forma de inflamación localizada o en forma de choque que afecta a todo el organismo. Independientemente de qué células inmunitarias del sistema inmunitario específico desencadenen la reacción de hipersensibilidad, células T o B, es posible diferenciar entre los siguientes tipos de reacción en cuanto a alergias se refiere:

  • Hipersensibilidad tipo I: este tipo de reacción también se denomina reacción anafiláctica (del griego ana = contra, phylaxis = protección), término que normalmente se equipara al concepto de alergia en el habla diaria. Las alergias del tipo I juegan un papel importante en el conflicto del sistema inmunitario con los alérgenos como el polen de las gramíneas (en la fiebre del heno), los productos alimenticios (por ejemplo, la clara del huevo de gallina), el veneno de los insectos (por ejemplo, la picadura de las abejas) o los medicamentos (por ejemplo, la penicilina). En Europa Central, aproximadamente el 15% de la población padece una alergia del tipo I. En las reacciones anafilácticas, se produce la liberación de mediadores de la inflamación mediante la activación de los mastocitos, causada por la producción de anticuerpos IgE. En cuestión de segundos o minutos, pueden aparecer síntomas como la la dificultad respiratoria, las reacciones asmáticas, el prurito o el enrojecimiento y tumefacción de la piel (= urticaria) o incluso un choque general del organismo (choque anafiláctico). La mayoría de las veces, el efecto de estas reacciones inmediatas disminuye rápidamente. No obstante, es posible que de dos a ocho horas después del punto álgido de la reacción, aparezcan reacciones posteriores más graves.
  • Hipersensibilidad tipo II: este tipo de reacción, también denominada reacción citotóxica, comprende la reacción anómala del sistema inmunitario, cuyos desencadenantes son los anticuerpos IgM e IgG. Las alergias del tipo II juegan un papel importante en el rechazo de órganos trasplantados, transfusiones de sangre y las denominadas enfermedades autoinmunes. El proceso inflamatorio causado alcanza su máximo como mínimo de 4 a 10 horas después de que se produzca la exposición al antígeno.
  • Hipersensibilidad tipo III: este tipo de reacción se produce debido a la producción y sedimentación del denominado complejo inmunitario. Los complejos antígeno-anticuerpo circulan en la sangre y otros fluidos corporales, se posan en las paredes de los vasos sanguíneos o en los tejidos y provocan desde allí el proceso inflamatorio. Dependiendo de si los complejos inmunitarios se posan en la totalidad del sistema circulatorio o solo en ciertas zonas, se diferencia entre hipersensibilidad tipo III sistémica (todo el organismo se ve afectado) o local (se trata de una alergia localizada). Las reacciones sistémicas del sistema inmunitario van acompañadas de fiebre, dolores articulares, dolores musculares, inflamación de los vasos sanguíneos, inflamación de los riñones y aumento del tamaño de los ganglios linfáticos. A este conjunto de síntomas también se le denomina enfermedad del suero, ya que antiguamente la producía el tratamiento contra la difteria. Entre las posibles enfermedades subyacentes, encontramos el lupus erimatoso y la artritis reumatoide. A la reacción de hipersensibilidad localizada de tipo III se le denomina reacción de Arthus. Esta aparece, por ejemplo, en la celiaquía (intolerancia al gluten).
  • Hipersensibilidad tipo IV: se trata de una reacción retardada mediada por células del sistema inmunitario. La mediación tiene lugar entre linfocitos T y los linfocitos y macrófagos activados, que no están sensibilizados de manera específica frente al antígeno. Su máximo se alcanza de 24 a 48 horas después de que se produzca la exposición al antígeno. Las alergias del tipo IV normalmente se producen por la acumulación de sustancias en la piel (alergia de contacto, por ejemplo, la alergia al níquel), a través de gérmenes causantes de enfermedades (alergias por infección, por ejemplo, tuberculosis o infecciones fúngicas) y a través de antígenos procedentes de tejidos ajenos al propio cuerpo tras los trasplantes.