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Desarrollo de la respuesta inmunitaria

Autor: Redacción Onmeda Revisión médica: Dra. María Fernanda Pedrero (31 de Octubre de 2010)

© Jupiterimages/iStockphoto

Cuando nuestro sistema inmunitario se defiende de los patógenos, tanto el sistema inmunitario específico como el inespecífico toman parte en el desarrollo de la respuesta inmunitaria.

El desarrollo de la respuesta inmunitaria comienza cuando la reacción inmunitaria las células capacitadas del sistema inmunitario identifican al cuerpo extraño: esta identificación se logra gracias a la estructura superficial extraña del intruso, por ejemplo, una bacteria. La estructura de la superficie se compone, entre otras cosas, de proteínas especiales, los antígenos. Determinadas células del sistema inmunitario específico, los linfocitos B, pueden crear proteínas específicas “los anticuerpos” para luchar contra estos antígenos que se adaptan como una llave a su cerradura. Una proteína que presenta características propias de un anticuerpo, son las denominadas “inmunoglobulinas”. Presumiblemente, el sistema inmunitario es capaz de crear anticuerposespecíficos para unos 10-100 millones de antígenos diferentes. Los anticuerpos se clasifican en cinco tipos, cada uno de los cuales tiene una función distinta en la reacción inmunitaria:

  • Anticuerpos IgG: estas inmunoglobulinas, las predominantes, están presentes principalmente en el plasma sanguíneo. Fijan los microorganismos y las sustancias tóxicas (toxinas), por ejemplo, las formadas por las bacterias, que están presentes en el plasma, de manera que las células defensoras del sistema inmunitario inespecífico (los fagocitos) las pueden ingerir más fácilmente. Además, varios tipos de IgG activan el denominado sistema del complemento, que también toma parte en el desarrollo de la respuesta inmunitaria.
  • Anticuerpos IgM: la formación de estas proteínas tiene lugar, sobre todo, cuando comienza la reacción del sistema inmunitario. Activan de manera eficaz el sistema del complemento del sistema inmunitario inespecífico. Esta activación desencadena una serie de reacciones que conducen finalmente a la disolución de los agentes patógenos.
  • Anticuerpos IgA: están presentes en regiones del cuerpo a las que no pueden acceder las células formadas por los anticuerpos. Los anticuerpos IgA se encuentran, por ejemplo, en la saliva, en las lágrimas, en el sudor y en la mucosa nasal, así como en las secreciones de los pulmones y el tracto gastrointestinal. Las IgA se adhieren a los cuerpos extraños y de esta manera, protegen principalmente las mucosas del organismo de las infecciones bacterianas.
  • Anticuerpos IgE: desempeñan un papel especial en la defensa frente a los parásitos y en las reacciones alérgicas, al unirse a determinados fagocitos (mastocitos y granulocitos basófilos). Al ponerse en contacto con una sustancia que provoca alergias (alérgeno), se produce la interconexión de los anticuerpos, por la cual se liberan distintas sustancias que conducen a una reacción alérgica inflamatoria.
  • Anticuerpos IgD: se encuentran en la proteína de la membrana en forma de linfocitos B inmaduros y probablemente tengan una función reguladora del sistema inmunitario.