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Tabaquismo (tabaco, fumar)

Autor: Redacción Onmeda Revisión médica: Dr. Tomás Rodelgo (4 de Noviembre de 2016)

© iStock

El tabaquismo es un tipo de adicción que lleva consigo un daño crónico por la inhalación de sustancias tóxicas presentes en los cigarrillos, como la nicotina, principal principio adictivo del tabaco. Según datos de la OMS, fumar provoca la muerte de 6 millones de personas fumadoras al año en todo el mundo, y de hasta 600.000 personas no fumadoras (fumadores pasivos).

Las consecuencias negativas y potencialmente fatales del tabaco han sido corroboradas desde hace décadas: es un factor de riesgo de cáncer de pulmón y otros tipos de cáncer, como de la cavidad oral, de hígado, de vegija, de mama... Pese a ello, su consumo está muy extendido y su industria, muy consolidada. En España fuma un 22,8% de personas mayores de 16 años. El consumo medio de cigarrillos por fumador a nivel europeo es de 14,2 al día. En España la cifra es ligeramente menor: 13,4 cigarrillos/ fumador al día. Esto supone alrededor de los 240 millones de cigarrillos al día.

El resultado del consumo de tabaco se refleja en la tasa anual de mortalidad: en España mueren cerca de 50.000 personas por enfermedades derivadas del consumo de tabaco, una cifra mayor que el conjunto de fallecidos por accidentes de tráfico y consumo de drogas ilegales. Alrededor de 1000 personas mueren cada año indirectamente por el tabaco porque son fumadores pasivos.


Cuando se fuma un cigarrillo se absorbe no solo nicotina, sino también otras muchas sustancias tóxicas como arsénico, plomo o alquitrán. Muchas de ellas son altamente nocivas y pueden inducir el desarrollo de hasta 17 tipos de cáncer. La nicotina ya por sí sola es muy peligrosa, no solo porque sea tóxica, sino porque es la principal responsable de la adicción al tabaco. El tabaquismo, además, es un factor de riesgo en el desarrollo de enfermedades pulmonares y coronarias.

La nicotina es un alcaloide, es decir, es una sustancia vegetal con anillos de carbono con enlaces de nitrógeno, que actúa específicamente sobre los nervios y el cerebro. Sus enlaces con los receptores químicos del cerebro son los responsables de la adicción al tabaco. La clave de la adicción al tabaco es que durante esta unión se desencadena la liberación de otros mensajeros químicos: dopamina, serotonina, noradrenalina y endorfinas, hormonas que producen sensación de relajación y bienestar. Pero, aunque mentalmente el tabaco produzca estas sensaciones, el cuerpo entra en una situación de estrés: el corazón late más deprisa, la tensión arterial aumenta y se reducen el riego sanguíneo de las extremidades y la temperatura corporal.

Durante los últimos años, especialmente con la prohibición de fumar en espacios públicos, el consumo del tabaco se ha reducido, aunque sigue siendo relevante. Abandonar el hábito del tabaco es un deseo fuerte para muchos fumadores, y cada vez más se plantean dejar el consumo para siempre. Para ello, existen diferentes opciones, desde fármacos, parches o chicles de nicotina, hasta otros métodos, más personalizados, como la acupuntura e, incluso, la hipnosis.