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Alcohol

Autor: Redacción Onmeda Revisión médica: Dr. Tomás Rodelgo (26 de Julio de 2016)

© iStock

El alcohol es una sustancia estimulante, tóxica, potencialmente adictiva y legal, y se considera el tipo de droga más consumida en España. Desde el primer sorbo, el alcohol se distribuye a través del torrente sanguíneo por todo el cuerpo, y su efecto es muy rápido. Dado que se trata de una citotoxina que debe eliminarse a través del hígado, su consumo excesivo afecta considerablemente a la salud cuerpo humano. En el cerebro, puede desencadenar reacciones químicas que desencadenen en una dependencia. En este caso, hablamos de alcoholismo, que es considerado una enfermedad.

Cada año se producen más de 3 millones de muertes en todo el mundo por causa directa o indirecta del alcohol. Accidentes de tráfico, enfermedades crónicas como cirrosis o cáncer, intoxicaciones etílicas... Un uso abusivo del alcohol puede tener consecuencias muy graves para la salud de las personas, poniendo en peligro su vida. La dependencia del alcohol o alcoholismo puede comprometer, además, la vida personal, financiera, familiar o laboral de las personas. Concretamente en España, en torno al 10% de la población tiene algún problema con el consumo del alcohol.

Bajo los efectos del alcohol, la percepción se distorsiona, el discernimiento se nubla y la concentración disminuye. La barrera psicológica desciende: a menudo, el sujeto se siente agradablemente despreocupado. Pero una copa de más puede convertirse en algo desagradable y, en el peor de los casos, puede finalizar en una intoxicación etílica. También el riesgo de accidentes es elevado, por ejemplo, en la carretera. A largo plazo, el alcohol es en gran medida perjudicial para la salud.


Existen varias formas de consumo de alcohol.

  • Uso del alcohol. Está extendido y bien aceptado en la sociedad y sus usuarios son adultos de toda clase, que consumen esporádicamente, normalmente en reuniones sociales. En este tipo de consumo, el uso del alcohol es ocasional y los estados de embriaguez, poco frecuentes. Si se dan, suelen corresponderse a momentos especiales, que ocurren una vez al año, como bodas, o fin de año. El perfil de estos consumidores es de bebedores sociales, que solo beben en momentos indicados, entre amigos. No se detectan consecuencias en el consumidor ni en su entorno.
  • Abuso del alcohol. Se produce una situación de abuso cuando el consumo se considera peligroso o de riesgo para la salud, cuando ya está produciendo consecuencias negativas en el sujeto (tanto físicas, como psíquicas o sociales) y también en su entorno, aunque el sujeto todavía tiene control sobre su conducta. Las personas que abusan del alcohol son consideradas alcohólicos sociales, si bien se considera que todavía no se ha desarrollado una dependencia. El alcohólico social beberá con frecuencia, normalmente en reuniones de amigos, o bien establece una rutina para beber (por ejemplo, todos los fines de semana). Los estados de embriaguez son habituales, si bien comienza a desarrollar cierta tolerancia al alcohol (necesita cada vez más para notar sus efectos). Si embargo, su situación personal, familiar o laboral no se ve afectada, mientras continúe mantiendo cierto control sobre su conducta.
  • Dependencia del alcohol. Se considera dependencia el abuso del alcohol en el que el sujeto considera más importante consumir la sustancia que llevar a cabo otras conductas consideradas más importantes. En este caso, el consumo de alcohol interfiere en la vida del sujeto. Desarrolla la necesidad de consumir en momentos en los que antes nunca solía hacerlo (por la mañana al levantarse). La vida del sujeto que ha desarrollado dependencia se organiza en torno al consumo de la sustancia. El resto de las dimensiones de la vida de la persona (social, familiar, laboral) se ven mermadas o afectadas de alguna manera por el abuso del alcohol. Y, por úlitmo, en el cuerpo del sujeto se desencadenan ciertos fenómenos químicos, característicos de la dependencia de sustancias. Además, probablemente presente daños físicos, como en el hígado, pudiendo desarrollar ciertas enfermedades asociadas, como la cirrosis hepática. En este punto, estamos hablando de una enfermedad: el alcoholismo.

Es difícil determinar en qué nivel se encuentra cada persona en su relación con el alcohol. Tampoco existen datos objetivos que relacionen cantidad o frecuencia de consumo con un tipo u otro de consumo, sino que más bien se trata de identificar cada caso personal y, sobre todo, las consecuencias que el consumo del alcohol está teniendo en el sujeto, o el protagonismo que el hábito de beber tiene en su vida.

En cualquier caso, el consumo excesivo y prolongado del alcohol va obligando al organismo a necesitar o requerir cantidades crecientes para sentir los mismos efectos. A esto se le llama "tolerancia aumentada" y desencadena un mecanismo adaptativo del cuerpo hasta que llega a un límite en el que se invierte la supuesta resistencia y entonces "asimila menos". Por eso tolerar más alcohol es en sí un riesgo de alcoholización.

Alcohol y adolescencia

Los menores de 18 años cada vez consumen más alcohol. Según datos del 2012, el 84% de los jóvenes entre 14 y 18 años había consumido alcohol alguna vez en su vida, y el 74% lo había hecho en el último mes. Estos datos son alarmantes, dado el efecto tóxico en la salud de esta sustancia en el cuerpo de jóvenes aún en desarrollo.

Además, otro fenómeno importante está cobrando relevancia entre los jóvenes entre 15 y 35 años, y son las frecuentes intoxicaciones alcohólicas (binge drinking), también llamados atracones de alcohol, que consisten en beber gran cantidad de alcohol en un corto periodo de tiempo, para lograr una rápida borrachera. La mitad de los jóvenes de 17 años reconocía haber hecho binge drinking en el último mes, aunque es más habitual entre los universitarios, y especialmente entre las mujeres. Un estudio concluyó que el 56,1% de las mujeres universitarias practicaban el binge drinking, frente al 41,3% de los hombres universitarios.

El consumo excesivo de alcohol encierra muchos peligros como la intoxicación etílica. Tampoco se deben infravalorar las consecuencias a largo plazo del alcohol. Con el tiempo, el alcohol daña las células de todo el cuerpo. Enfermedades hepáticas, consecuencias cerebrales o problemas de impotencia. El alcohol puede provocar daños en todo el cuerpo y, con el tiempo, dependencia física y psíquica.