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Presión sanguínea

Autor: Redacción Onmeda (19. marzo 2012)

Información general

La presión sanguínea es la presión existente en los vasos sanguíneos y en el corazón necesaria para mantener la circulación de la sangre en el organismo y, por tanto, para suministrar oxígeno a todo el cuerpo.

La presión arterial (presión sanguínea en las arterias) puede registrarse fácilmente, sin esfuerzo y de manera indolora, lo que supone una ventaja tanto para los pacientes como para los médicos. Además la medición de la presión arterial tiene un coste mínimo. Estos factores convierten los controles de la presión en un método de reconocimiento disponible y aplicable en prácticamente cualquier lugar. La presión sanguínea se mide en mmHg (milímetros de mercurio). Los valores de presión arterial normales en los adultos se sitúan aproximadamente en 120/80 mmHg, a partir de 140/90 mmHg se habla de hipertensión arterial. La primera cifra se denomina “valor sistólico”; la segunda es el “valor diastólico”.

Una red de nervios, hormonas y estructuras cerebrales se encarga de regular la presión sanguínea. Es totalmente natural que fluctúe a corto plazo, debido por ejemplo a esfuerzos físicos, excitación mental, consumo de café u otros factores. Sin embargo, las oscilaciones continuadas de la presión arterial, en especial la hipertensión constante, han de ser evaluadas por el médico, puesto que pueden constituir un indicio de ciertas enfermedades o derivar en patologías graves como el infarto cardiaco o el accidente cerebrovascular.

Conocer la presión arterial y, en caso de que sea excesiva, seguir un tratamiento adecuado contribuye en gran medida a llevar una vida sana. Es habitual que los afectados no sean conscientes de que su presión arterial es demasiado alta, ya que en muchos casos la hipertensión es silente durante un largo periodo de tiempo, el paciente no solo no tiene sensación de estar enfermo, sino que incluso en ocasiones se nota más activo y con mayor capacidad de rendimiento. Esto entraña un riesgo: la hipertensión provoca daños persistentes en los vasos sanguíneos antes de que se cuente con el diagnóstico de la afección.

La presión arterial también puede ser demasiado baja (hipotensión). Los pacientes suelen percibir esta condición con más facilidad que en el caso de hipertensión. Las personas hipotensas se sienten a veces cansadas y faltas de energía. Además se marean con rapidez, por ejemplo al levantarse tras pasar un tiempo sentadas o tumbadas. Al contrario de lo que ocurre con la hipertensión arterial, unos valores reducidos de presión arterial por lo general no entrañan un riesgo para la salud salvo que la hipotensión sea consecuencia de una enfermedad de base que debilite el corazón (por ejemplo, insuficiencia cardiaca).

Definición

La presión sanguínea representa la presión generada por el latido cardiaco y el transporte de la sangre en los vasos sanguíneos. Se expresa en mmHg (milímetros de mercurio) o en kPa (kilopascales, 1 mmHg = 133,322 Pa).

El nivel de presión sanguínea depende fundamentalmente de tres factores:

  • La tensión activa de los vasos sanguíneos (tono vascular)
  • La elasticidad de la pared vascular
  • El débito cardiaco

El débito cardiaco (o gasto cardiaco) hace referencia a la cantidad de sangre (volumen) expulsada por el ventrículo izquierdo del corazón cada minuto. En los adultos el débito cardiaco es de aproximadamente cuatro o cinco litros por minuto en estado de reposo.

Presión sanguínea: Video

Presión arterial sistólica y presión arterial diastólica

Cuando el corazón se contrae e impulsa la sangre desde el ventrículo izquierdo hacia el cuerpo, la presión surgida se transmite a la aorta y a continuación a las siguientes arterias y arteriolas. La presión que se genera de esta forma recibe el nombre de presión arterial sistólica; la fase de contracción cardiaca se conoce como sístole. La presión arterial sistólica está representada por el primer valor de la medición. Ejemplo: si el médico dice: “su presión arterial es de 125/85”, 125 es el valor sistólico.

Tras la sístole el corazón vuelve relajarse y la presión en los vasos sanguíneos disminuye. El valor registrado en este momento de la actividad cardiaca es la presión arterial diastólica, que queda reflejada en el segundo valor de la medición (por ejemplo, 125/85).

El promedio de la presión sistólica y la diastólica se conoce como presión arterial media. La presión arterial media mide la calidad de la irrigación orgánica: proporciona información sobre la efectividad con que la sangre llega desde el corazón hasta los órganos. El corazón debe generar una determinada presión para poder transportar suficiente sangre a los órganos.

La presión arterial sistólica dilata las grandes arterias. Esta dilatación se propaga a modo ondulatorio y disminuye a medida que se aleja del corazón. Los segmentos arteriales cercanos al corazón registran la máxima presión, su valor mínimo se da en el sistema venoso, concretamente en el punto donde la vena cava inferior y la vena cava superior desembocan en la aurícula derecha.

En las venas, los vasos sanguíneos que devuelven la sangre al corazón, la presión sanguínea (presión venosa) es considerablemente inferior a la de las arterias. Para poder transportar la sangre desde zonas muy distantes (por ejemplo, los pies) hasta el corazón, se requiere la colaboración de vasos sanguíneos y músculos. Los músculos vasculares se contraen rítmicamente para favorecer el transporte de la sangre. En el caso de las venas de las piernas, por ejemplo, la musculatura de la pantorrilla contribuye a que la sangre pueda retornar al corazón en contra de la gravedad.

Esta es una de las razones por las que es conveniente practicar ejercicio físico y deporte con regularidad: los músculos se fortalecen y pueden respaldar de manera óptima a los vasos sanguíneos. Además se estimula la circulación sanguínea y aumenta de forma positiva el trabajo del corazón. La inactividad prolongada, permanecer de pie o sentado durante mucho tiempo, así como la constricción de los vasos, por ejemplo al cruzar las piernas o realizar vuelos largos en avión, pueden provocar que la sangre se estanque. Esto propicia la aparición de arañas vasculares, varices y trombosis.

Regulación de la presión sanguínea

La presión sanguínea está regulada por centros localizados en el diencéfalo, bulbo raquídeo y médula espinal. Entre otros, numerosas hormonas como las tiroideas, el cortisol, la insulina, la histamina y la adrenalina, ejercen influencia sobre estos centros de presión sanguínea. Los trastornos a nivel hormonal, por ejemplo el hipotiroidismo, el hipertiroidismo o el síndrome de Cushing (exceso de cortisol, hipercortisolismo) pueden repercutir por tanto sobre la presión.

Asimismo el balance de sal afecta a la presión sanguínea. La sal retiene agua, por consiguiente, una concentración elevada de sal incrementa el volumen sanguíneo. Esto provoca a su vez que el corazón se vea obligado a impulsar un volumen mayor y lata con más fuerza. La ingesta abundante de sal a largo plazo puede derivar en hipertensión arterial crónica en las personas susceptibles. Por este motivo es conveniente que los pacientes hipertensos restrinjan al máximo posible su consumo de sal con el objetivo de reducir sus valores de presión arterial (no deben superarse los 6 gramos diarios de sal).

Valores de presión arterial, tabla de presión arterial

Los valores de presión arterial se obtienen por medio de una medición de la presión. Una tabla de presión arterial permite determinar si estos valores son demasiado elevados o se hallan dentro del rango normal. La medición de la presión arterial se efectúa principalmente en la parte superior del brazo o en la muñeca. Las personas de edad avanzada suelen conocer su presión, ya sea porque padecen hipertensión y deben comprobar la efectividad de su tratamiento o porque han de supervisarla regularmente con fines preventivos. Durante el embarazo la medición de los valores de presión arterial también forma parte de los reconocimientos preventivos rutinarios.

Anotar los valores obtenidos es una buena opción para valorar la evolución y el nivel de presión arterial a lo largo de varios días. En estos casos se habla también de una tabla de presión arterial. Es importante indicar a qué hora se ha realizado la medición y si ha habido alguna particularidad, por ejemplo esfuerzo físico, una comida o excitación mental, ya que estos factores pueden modificar la presión a corto plazo, por lo común la incrementan.

Valores normales de presión arterial

Los ejemplos indicados muestran que los valores de presión arterial pueden fluctuar a corto plazo. No obstante, es posible adjudicar valores medios normales de presión arterial a los diferentes grupos de edad.

En la siguiente tabla se muestran los valores normales de presión arterial en función de la edad:

CategoríaSistólica (mmHg)Diastólica (mmHg)
0-3 meses70-86
3-12 meses86-9360-62
1-9 años95-10165-69
9-14 años101-11068-74
Adultos120-12980-84
Hipertensión a partir de14090

En la vejez la presión arterial es por lo general algo superior que en etapas anteriores, dado que los vasos sanguíneos pierden elasticidad. Los valores normales de presión arterial son por tanto algo más elevados que durante la edad adulta. Esto no significa que la hipertensión sea inocua en la vejez. La presión arterial no debe ser elevada en ancianos; a partir de un determinado nivel y en caso de concomitancia de otros factores de riesgo de enfermedades cardiovasculares, es necesario reducirla.

Los valores de presión arterial permiten evaluar si la presión en los vasos sanguíneos es elevada. La siguiente tabla proporciona una visión general sobre los valores límite:

CategoríaSistólica (mmHg)Diastólica (mmHg)
ÓptimaInferior a 120Inferior a 80
Normal120-12980-84
Normal alta130-13985-89
Hipertensión de grado 1 (ligera)140-15990-99
Hipertensión de grado 2 (moderada)160-179100-109
Hipertensión de grado 3 (grave)Superior o igual a 180Superior o igual a 110
Hipertensión sistólica aisladaSuperior o igual a 140Inferior a 90

Al observar los valores de presión arterial de la tabla, queda patente que existen zonas de transición prácticamente difusas entre los diversos grados de gravedad. Lo importante es que la clasificación no ha de verse como un principio rígido. De hecho, unos niveles de presión arterial normales en pacientes con un riesgo elevado de desarrollar enfermedades del sistema cardiovascular (por ejemplo, diabetes mellitus, dislipidemias) pueden considerarse hipertensión arterial y requerir un tratamiento.

Por el contrario, unos valores equiparables en sujetos con un riesgo reducido resultan aceptables, de modo que los controles periódicos y una modificación del estilo de vida (más ejercicio físico, llevar una dieta saludable y reducir el estrés pueden ser suficientes.

Variaciones de la presión sanguínea

La presión sanguínea depende de la edad, la alimentación y el peso corporal. El sobrepeso supone un riesgo para desarrollar hipertensión arterial, mientras que la toma de determinados medicamentos riesgo para desarrollar hipertensión arterial, mientras que la toma de determinados medicamentos o la postración prolongada en cama pueden derivar en hipotensión. También las situaciones cotidianas como el esfuerzo físico, la excitación mental o la ingesta de café conllevan fluctuaciones de la presión sanguínea. Estas oscilaciones naturales remiten por sí solas tras un cierto tiempo y no han de ser motivo de preocupación, ya que representan únicamente una adaptación del organismo ante ciertas exigencias.

Si los valores de presión arterial se hallan incrementados o reducidos durante un tiempo prolongado, es conveniente acudir al médico para que los evalúe. La hipotensión, por ejemplo, puede ser síntoma de una insuficiencia circulatoria. No obstante, a diferencia de la hipertensión, los valores bajos de presión arterial no constituyen un riesgo para desarrollar enfermedades cardiovasculares.

La hipertensión arterial continuada puede ser tanto un indicativo de la existencia de patologías (enfermedades renales o arteriosclerosis) como un factor de riesgo para el desarrollo de enfermedades secundarias como insuficiencia cardiaca, ictus cerebral o infarto cardiaco. Por ello en caso de hipertensión se ha de consultar siempre a un médico y, si es necesario, establecerse un tratamiento adecuado.

Reducción de la presión arterial

Las personas hipertensas deben reducir su presión arterial. Solo de esa forma podrán prevenir enfermedades secundarias como arteriosclerosis, infarto de miocardio y accidente cerebrovascular. El grado de reducción requerido depende por un lado del nivel de presión arterial y por otro del estado de salud. Por tanto se tienen en cuenta tanto la edad del paciente como la coexistencia de otros factores de riesgo de enfermedades cardiovasculares, por ejemplo, diabetes mellitus o exceso de lípidos en sangre.

Hay diversas opciones para reducir la presión arterial:

  • Sin medicamentos: modificación de los hábitos de vida, por ejemplo practicar más ejercicio, bajar de peso, alimentarse de manera saludable y reducir el estrés.
  • Con medicamentos (antihipertensivos), siempre asociados a un estilo de vida saludable.
  • En determinadas circunstancias, mediante el tratamiento de otras patologías a las que se atribuye la hipertensión.

Para aquellas personas que no logran reducir su presión arterial sin medicamentos, el médico debe ajustar el tratamiento con antihipertensivos de modo que sus valores se sitúen fuera del rango crítico. Algunos ejemplos de grupos de fármacos y principios activos son: diuréticos, betabloqueantes, inhibidores ECA y ARA II. Los pacientes que deseen disminuir su presión sin tener que tomar medicamentos deben realizar cambios en su vida. La medición de la presión arterial permite saber si se ha logrado reducir en suficiente medida la presión.

Dependiendo del nivel de presión arterial, no es posible reducirla sin medicación, ya que no siempre es factible controlarla solo mediante un cambio del estilo de vida. En todo caso ambos enfoques deberían complementarse: las personas bajo tratamiento farmacológico también han de vivir de manera más sana. De esta forma se fortalecen los vasos sanguíneos, se mejora el metabolismo y la condición física y se reducen los valores de lípidos en sangre.

Pulso

El pulso hace referencia a las variaciones de presión en los vasos sanguíneos, que se producen durante la sístole, es decir, durante la fase en la que el corazón se contrae y bombea la sangre a los vasos. La medición del pulso, junto con la medición de la presión arterial, constituye un método importante para evaluar el funcionamiento del sistema cardiovascular; también en situaciones de emergencia como un desmayo.

El pulso se puede percibir con la yema del dedo índice, corazón o anular en la cara interior de la muñeca en el lado más cercano al pulgar o en las arterias carótidas. Se expresa en pulsaciones por minuto. Un pulso de 70 indica que el corazón late 70 veces cada minuto.

A través de la medición del pulso el médico puede determinar diferentes aspectos:

  • La velocidad a la que late el corazón
  • La capacidad de llenado de los vasos sanguíneos (referencia)
  • Si el corazón late rítmicamente, es decir, de manera constante
  • Si existe una arritmia (por ejemplo, fibrilación auricular)

Los deportistas se toman el pulso con frecuencia para comprobar el estado de su entrenamiento. Tras una sesión pueden evaluar cómo ha reaccionado su sistema circulatorio ante el esfuerzo.

Valores normales de pulso

Los valores normales de pulso en estado de reposo difieren en función de la edad y de la forma física. El pulso en reposo de un atleta de élite es inferior al de un adulto no entrenado.

Sin embargo, es posible indicar valores medios de pulso (frecuencia del pulso) para los diversos grupos de edad. En la siguiente tabla se muestran los valores normales de pulso:

Grupo de edadPulso en reposo
Recién nacidos140/min
2 años120/min
4 años100/min
10 años90/min
14 años85/min
Hombre adulto62-70/min
Mujer adulta75/min
Ancianos80-85/min

Fuentes

Harrison.Principios de Medicina Interna; Anthony Fauci; 17ª ed. 2008; McGraw-Hill.

Tratado de Medicina Interna. Farreras, Rozman; 16º Ed. 2008; Elsevier.

Onmeda International

 





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