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Cómo cuidar los pies en verano

Autor: Terry Gragera Revisión médica: Dr. Tomás Rodelgo (13 de Junio de 2016)

© iStock

Las altas temperaturas, la sequedad, el contacto con el agua y el tipo de calzado pueden provocar problemas en los pies durante la época de calor, como hongos, fascitis plantar, ampollas, sobrecargas, uñas encarnadas, grietas…

Por eso es importante seguir una serie de consejos para cuidar los pies en verano. Los más importantes son los siguientes: 

Hidratación

Cuando el pie se somete a temperaturas altas tiene más riesgo de resecarse. Además, en verano los pies no suelen estar cubiertos por el calzado, lo que deshidrata la piel. Esto puede provocar durezas en los talones y en otras zonas de apoyo, que, si no se tratan bien, pueden infectarse.

Para hidratar bien los pies en verano hay que aplicar diariamente una crema hidratante o, si ya hay grietas, una emoliente a base de urea. Al extender la crema hay que tener cuidado de que no quede acumulada sin absorber entre los dedos de los pies, pues la excesiva humedad podría provocar la aparición de hongos.

El mejor momento para dar la crema es por la noche. Para complementar esta rutina de hidratación conviene pasar una piedra pómez tras el baño una vez por semana. Tener los pies bien hidratados es una buena protección frente a las agresiones externas que pueden sufrir durante los meses de verano, ya que la piel se vuelve más resistente.

Corte de uñas

Durante todo el año, las uñas de los pies deben ser cortadas de forma recta (y no redondeada), ya que al crecer pueden encarnarse a los lados. Esto es especialmente importante durante el verano, ya que los pies se hinchan por el calor, pudiendo favorecer que la uña se encarne, con el consiguiente peligro posterior de infección. Para darle una forma correcta a las uñas se aconseja repasarlas con un cortaúñas en lugar de con tijeras.

Calzado adecuado

Abusar de las chanclas y las sandalias en verano puede perjudicar la salud de los pies con la aparición de hongos, rozaduras o durezas, y provocar lesiones de tipo inflamatorio como la fascitis plantar o los esguinces. La piel del pie sufre cuando está sometida de forma constante al roce de las tiras de las sandalias o de las chanclas, lo que ocasiona ampollas y/o rozaduras. Además, hay riesgo de fascitis plantar debido a que las chanclas y las sandalias obligan al músculo plantar a permanecer muy estirado. En general, las sandalias y las chancas no sujetan bien el pie, por lo que la marcha puede volverse más inestable, lo que aumenta el riesgo de esguinces.

El zapato adecuado en verano es aquel que incorpore una sujeción del pie lo más cercana a la articulación del tobillo, que sujete también el talón y que tenga arco interno. El tacón ideal ha de medir 2-3 cm y el zapato debe estar fabricado en un material transpirable, a ser posible con fibras naturales, ser flexible y sujetar adecuadamente el pie. Esto no significa que se deban desterrar totalmente chanclas y sandalias, pero hay que procurar no abusar de ellas, combinándolas con otro tipo de calzado más adecuado. Así, por ejemplo, para practicar deporte nunca deberían usarse chanclas, ya que no aportan la sujeción ni la amortiguación necesarias. Para hacer ejercicio hay que utilizar deportivas, cuyo uso debe ceñirse a este ámbito y no extenderse a la vida cotidiana.

Tampoco es recomendable llevar todo el tiempo bailarinas ni tacones de más de cuatro centímetros por el riesgo de juanetes (hallux valgus) y otras patologías en el pie.

Prevención de infecciones

Muchos gérmenes crecen mejor con temperaturas cálidas y en medios húmedos, por eso el suelo de piscinas y duchas públicas es una fuente de contagio de hongos e infecciones como el pie de atleta o los papilomas plantares. Para protegerse de ellos, se deben utilizar siempre chanclas (o calcetines de látex) en las piscinas, el césped, las duchas públicas o en cualquier otro lugar donde haya agua estancada. Igualmente se recomienda no permanecer descalzo en las habitaciones de los hoteles, en especial si tienen moqueta. Como norma general, no hay que compartir toallas ni calzado. 

Pies secos tras el baño

Después de cada baño hay que secar cuidadosamente los pies, insistiendo en la zona interdigital (entre los dedos), ya que la humedad favorece el contagio de hongos y otras infecciones, tanto en la piel como en las uñas. Permanecer demasiado tiempo en el agua provoca una maceración de la piel, que la vuelve más vulnerable ante estas patologías.

Protección solar

Los pies suelen olvidarse a la hora de aplicar protección solar. Durante el verano hay que protegerlos con crema para el sol, al igual que se hace en el resto del cuerpo. Especialmente sensible es la zona del empeine, que ha de quedar cubierta para evitar quemaduras.

Hiperhidrosis

El aumento de sudoración del pie por las altas temperaturas puede hacerlo más vulnerable a las infecciones y a otros problemas. Así, el exceso de sudor puede macerar la piel, especialmente los espacios interdigitales y la base de los dedos, provocando un reblandecimiento de la misma (la piel se vuelve blanca) y dando lugar a grietas que se pueden infectar.

Para combatir la hiperhidrosis podal en verano hay que secar muy bien el pie tras cada baño o ducha, insistiendo en todos los pliegues, utilizar antitranspirantes y llevar calcetines de algodón, que deben ser cambiados a diario o, si hiciera falta por la sudoración, varias veces al día.

Si la maceración entre los dedos de los pies es persistente, pueden meterse los pies en agua con sal y aplicar un antiséptico de povidona yodada. 

Situaciones especiales

Las personas con diabetes y con problemas de circulación han de extremar el cuidado de los pies en verano para evitar la aparición de grietas que se pueden infectar, por lo que deben hidratar muy bien los pies, usar un calzado adecuado, protegerse ante posibles heridas (por ejemplo, al pasear por la playa) y cortarse las uñas de forma correcta. 


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