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Ébola

Autor: Redacción Onmeda Revisión médica: Dr. Tomás Rodelgo (7 de Octubre de 2014)

El ébola (virus del Ébola, fiebre hemorrágica del Ébola) es una enfermedad infecciosa causada por el virus del Ébola. Se trata de una patología muy grave, que aparece en forma de brotes epidémicos y que tiene una letalidad de hasta un 90%, según la OMS (Organización Mundial de la Salud).

La enfermedad del ébola fue detectada por primera vez en 1976 en África. Toma su nombre del lugar en que fue aislado uno de los primeros casos, cerca del río Ébola, en la República Democrática del Congo.

Hasta el momento, las epidemias de ébola se han producido en zonas de selva tropical de África Central y Occidenta. El primer caso de ébola detectado en Europa se ha producido en España por el contagio de una auxiliar de enfermería que asistió a un misionero infectado repatriado al hospital Carlos III de Madrid desde África.

El virus del Ébola, del que hay cinco variedades distintas, afecta a personas y a primates. Hay dos formas de contagio del virus:

  • De animal a persona: Los humanos pueden contagiarse con el ébola al estar en contacto con animales infectados o muertos por el virus. Los animales que lo transmiten son, fundamentalmente, primates (gorilas, chimpancés y monos), pero también murciélagos frugívoros, antílopes, puercoespines y cerdos.
  • De persona a persona: El ébola se propaga de persona a persona, llegando a generar la epidemia. Solo hay contagio durante el periodo en que la persona infectada está con síntomas, especialmente cuando la fiebre es superior a 38,6 ºC. Así, el contagio se produce al entrar en contacto directo y cercano con secreciones, fluidos, sangre y órganos de una persona infectada. También mediante material contaminado (agujas, ropa…), lo que afecta especialmente al personal sanitario que cuida de estos enfermos, por lo que deben utilizar guantes, mascarillas, trajes especiales y gafas.

El ébola no se contagia ni a través del aire ni a través de la picadura de insectos. No obstante, la OMS (Organización Mundial de la Salud) advierte que estos virus pueden mutar en un tiempo determinado, aunque en las dos últimas décadas la forma de contagio ha sido a través del contacto directo con sangre y secreciones de animales o pacientes, vivos o fallecidos. Hay poco riesgo en que las gotas emanadas al toser o al estornudar puedan contagiar el ébola, aunque este riesgo aumenta si la persona está gravemente enferma. Igualmente, el virus del ébola se podría transmitir entrando en contacto con objetos o superficies contaminadas, aunque es improbable.

El virus del Ébola puede incubarse entre dos días y tres semanas. Los síntomas del ébola son:

Después de estos primeros síntomas, el ébola se materializa con:

La OMS ha documentado que el virus puede aislarse en el semen de hombres afectados siete semanas después de recuperarse clínicamente.

Para diagnosticar el ébola hay que emplear unas pruebas específicas de laboratorio que determinen que se está ante esta enfermedad y no ante otras con síntomas similares, como la malaria, la fiebre tifoidea, el cólera y otras fiebres hemorrágicas víricas.

Por el momento, no hay tratamientos específicos ni vacunas contra el ébola. En Estados Unidos hay un tratamiento experimental (ZMapp), que se está aplicando en humanos contagiados para probar su eficacia. Por su parte, hay tres estudios para crear vacunas antiébola que aún no se han desarrollado lo suficiente.

El tratamiento para las personas con ébola pasa por darles el soporte médico necesario para que su propio cuerpo produzca anticuerpos que puedan combatir el virus, ya que los antivirales de los que se dispone se han mostrado ineficaces. Para ello, se controlan los síntomas (con antitérmicos, antibióticos e hidratación) y si hay algún fallo orgánico (pulmonar, hepático…) se establecen las medidas oportunas, como hemodiálisis o respiración asistida.

Tratar a un enfermo con ébola supone un reto para el centro hospitalario, ya que hay que adoptar unas medidas excepcionales de seguridad que eviten el contagio con los sanitarios y el resto de pacientes.

Una vez que el enfermo logra superar el ébola, ya no podrá contagiarse más frente a él, ya que quedará inmunizado. Sin embargo, muy pocos lo logran, pues se estima que la letalidad del virus del Ébola llega hasta un 90%. No obstante, la tasa de mortalidad va cambiando según las epidemias y puede ser más baja.


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