Publicidad

Publicidad

Publicidad

Publicidad

Publicidad

Trastornos circulatorios

Autor: Redacción Onmeda Revisión médica: Dra. María Gemma Tena (19 de Marzo de 2012)

© Jupiterimages/Goodshoot

La edad y una forma de vida poco saludable provocan que los vasos sanguíneos pierdan elasticidad y pueden estrecharse. La consecuencia son trastornos circulatorios que aparecen repentinamente o en el marco de una arteriosclerosis. Sin embargo, los trastornos circulatorios se pueden prevenir.

Un trastorno circulatorio puede aparecer de forma repentina (agudo) o muy lentamente (crónico). Los trastornos pueden afectar a numerosas zonas del cuerpo: son frecuentes los trastornos circulatorios de las extremidades (brazos o piernas, a veces solo manos o dedos de la mano o del pie), pero también puede alterarse la circulación del cerebro, el intestino, el miocardio (corazón) u otros órganos del cuerpo. Análogamente, los trastornos circulatorios pueden causar diferentes síntomas. Con frecuencia aparece dolor en las zonas correspondientes; las áreas insuficientemente irrigadas pueden ver mermado su funcionamiento o incluso morir.

Entre las enfermedades más frecuentes que pueden ir acompañadas por trastornos circulatorios se encuentran la claudicación intermitente o enfermedad de los escaparates y la cardiopatía coronaria.

  • En la claudicación intermitente (tromboangeitis obliterante) la circulación de las piernas es insuficiente.
  • La cardiopatía coronaria se caracteriza por una irrigación insuficiente del miocardio.

Los trastornos circulatorios pueden estar ocasionados por diferentes causas como las siguientes:

Hay factores como el tabaco, la hipertensión arterial, el aumento de colesterol o la diabetes mellitus que aumentan el riesgo de desarrollar trastornos circulatorios.

El tratamiento de los trastornos circulatorios persigue dos objetivos:

  1. Mitigar las molestias ocasionadas por la patología.
  2. Evitar la enfermedad vascular subyacente.

Si esto último se consigue, su influencia será determinante en la posterior evolución de los trastornos circulatorios. En el peor de los casos, la consecuencia puede ser un infarto de miocardio, un ataque de apoplejía (ictus o ACVA) o también la pérdida de una extremidad. Por ello, es importante minimizar la probabilidad de un trastorno circulatorio con suficiente ejercicio físico, una alimentación equilibrada y la renuncia a la nicotina.


Publicidad