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Trastorno obsesivo-compulsivo

Autor: Redacción Onmeda (9 de Octubre de 2017)

© iStock

Una persona sufre un trastorno obsesivo-compulsivo (TOC) cuando es invadida de manera recurrente por pensamientos e impulsos desagradables que reconoce como carentes de sentido, pero no es capaz de evitar su aparición. Si los afectados no ceden ante ellos, suelen experimentar una tensión insoportable.

Se sospecha que la causa del trastorno obsesivo-compulsivo es una combinación de factores biológicos y psicológicos: por un lado parece que existe una alteración del metabolismo de determinado mensajero del cerebro. Por otra parte pueden verse las obsesiones/compulsiones como una forma de vencer el miedo, por ejemplo, el pánico a contraer una infección deriva en una conducta extrema de limpieza. Para el tratamiento de los TOC se emplean psicofármacos y métodos psicoterapéuticos, como la evitación de las conductas compulsivas y la superación del miedo derivado de ello.

Definición

El trastorno obsesivo-compulsivo se caracteriza por la presencia de pensamientos, impulsos o actos desagradables que irrumpen en la mente de un individuo. Para que exista este trastorno, estas ideas obsesivas y conductas compulsivas deben manifestarse durante al menos dos semanas prácticamente todos los días, y el afectado ha de percibirlas como propias y carentes de sentido, y por tanto tratar de defenderse ante ellas, al menos parcialmente. Aunque los pacientes reconocen que los pensamientos o impulsos que los invaden son absurdos e intentan resistirse a ellos, no son capaces de impedir su aparición: si no ceden ante ellos, suelen sobrevenirles una tensión y un miedo insoportables.

Las personas sanas también experimentan de cuando en cuando modos de conducta que se asemejan a los de un TOC. Por ejemplo, muchas se preguntan al salir de casa (de manera similar a una compulsión de control) si realmente han apagado el horno. Aunque siempre lo apagan, este pensamiento no los deja estar tranquilos, por lo que echan un vistazo a la cocina por si acaso. Asimismo hay muchas personas que tienen una necesidad escrupulosa de limpieza (parecida a una compulsión de tipo lavador, limpiador u ordenador) y que apenas pueden soportar que alguien trastoque su orden habitual. Sin embargo, lo que diferencia estas conductas de los comportamientos compulsivos patológicos es el hecho de que en el TOC los actos o pensamientos recurrentes interfieren en todo el día a día del afectado. El trastorno puede tener tal grado que la mayor parte de la jornada esté plagada de actos compulsivos. No obstante, no es posible establecer un límite claro entre las conductas normales que se asemejan al trastorno y las obsesiones/compulsiones patológicas.

Incidencia

Durante mucho tiempo el trastorno obsesivo-compulsivo estuvo considerado como un trastorno psíquico de baja incidencia. Sin embargo, en la actualidad se parte de la base de que hasta el 2,5% de la población lo padece, mientras que en alrededor del 8% se detectan síntomas obsesivo-compulsivos aislados. Por lo general este trastorno comienza entre los 20 y 25 años, aunque también puede presentarse más tarde o durante la infancia. La prevalencia en hombres y mujeres es similar.

Causas

Entre las posibles causas del trastorno obsesivo-compulsivo se contempla la sinergia de diversos factores orgánicos y psicológicos. Además es habitual que aparezca junto con trastornos depresivos, miedos, alcoholismo y trastornos alimentarios.

Hallazgos neurobiológicos

Determinados hallazgos neurobiológicos apuntan a las posibles causas del trastorno obsesivo-compulsivo. Este está relacionado con una disfunción de ciertas regiones del cerebro (ganglios basales, sistema límbico y lóbulo frontal). El neurotransmisor serotonina, que participa en el control de los impulsos, desempeña un papel importante en la interacción de estas estructuras cerebrales. Los fármacos que inhiben recaptación de serotonina conllevan una mejora del trastorno obsesivo-compulsivo. Un resultado similar se obtiene mediante la interrupción quirúrgica de la conexión entre dos de las regiones cerebrales implicadas (ganglios basales y lóbulo frontal). Esto afianza la idea de que existe una predisposición biológica para el trastorno obsesivo-compulsivo.

También la prevalencia de esta afección en determinadas familias apoya la sospecha de que los factores biológicos participan en la aparición del TOC: cuanto mayor es el grado de parentesco con una persona afectada, más elevadas son las probabilidades de sufrir el trastorno. No obstante, las teorías neurobiológicas no pueden explicar por sí solas el desarrollo de un trastorno obsesivo-compulsivo, ya que, por citar un ejemplo, entre el 20 y el 40% de los afectados que reciben los fármacos anteriormente mencionados no obtienen mejoría. Por ello cabe deducir que existen otros factores implicados en su aparición.

Existen también modelos psicoanalíticos que explican las causas del trastorno obsesivo-compulsivo. En el psicoanálisis se considera como posible desencadenante de este trastorno la fijación en la fase anal. La etapa anal describe una fase del desarrollo de los niños (aproximadamente entre los dos y tres años) en la que logra el control voluntario del esfínter y obtienen placer con la excreción. En esta etapa tiene lugar también la educación sobre la limpieza. Los niños aprenden cómo postergar la satisfacción y conseguir el control sobre las necesidades impulsivas. Si durante esta fase no experimentan suficiente satisfacción, por ejemplo a causa de una educación muy estricta de los padres en lo que respecta a la limpieza, puede darse una fijación en esta etapa del desarrollo. En este caso, según el modelo psicoanalítico, las personas que sufren un trastorno obsesivo-compulsivo también han de luchar más adelante (al menos de manera inconsciente) con las necesidades insatisfechas de la fase anal (por ejemplo, el deseo de jugar con las propias heces). Sin embargo, dado que ellas (o el entorno) no permiten saciar dichas necesidades, aparecen mecanismos de defensa para reprimirlas. De esta forma el deseo real (por ejemplo, de ensuciarse) puede convertirse en lo opuesto (limpieza escrupulosa).

Aspectos de la teoría del aprendizaje

Los aspectos de la teoría del aprendizaje también desempeñan un papel en las causas del trastorno obsesivo-compulsivo: la teoría del aprendizaje sostiene que hay una relación entre las obsesiones/compulsiones y el miedo. Por tanto la aparición del TOC ha de verse como una forma de superación del miedo. Si existe un miedo patológico a ensuciarse o contraer una enfermedad contagiosa al tocar objetos sucios, los afectados superan ese miedo lavándose las manos (la acción reduce el temor). Los individuos repiten la conducta porque así evitan que resurja el miedo. De esta manera aparece el acto compulsivo en lugar del miedo.

Síntomas

Los síntomas típicos del trastorno obsesivo-compulsivo pueden clasificarse en tres grupos: pensamientos obsesivos, impulsos obsesivos y actos compulsivos. Aproximadamente un tercio de todos los TOC manifiestan tanto pensamientos obsesivos como actos compulsivos. Estos síntomas representativos del trastorno suelen caracterizarse por lo siguiente: determinadas ideas o comportamientos se repiten siempre del mismo modo y se imponen a pesar de que los afectados los perciben como faltos de sentido. No es posible evitarlos o reprimirlos, y el intento de oponerse a dichos pensamientos o actos desata una tensión interna y un miedo intensos.

Pensamientos obsesivos

Por lo general los síntomas del trastorno obsesivo-compulsivo engloban pensamientos obsesivos, que consisten en ideas o imágenes que surgen con frecuencia como contraimpulsos a una situación: un ejemplo de ello sería la irrupción obsesiva en la mente de palabras blasfemas mientras se está en la iglesia o el deseo de levantarse y proferir insultos ordinarios en ocasiones especialmente solemnes. Además pueden presentarse pensamientos obsesivos en forma de temores, por ejemplo por la salud de familiares. Los afectados perciben estas ideas como algo absurdo y tratan (normalmente en vano) de reprimirlas. A consecuencia de ello se sienten impotentes y a merced de los pensamientos obsesivos. Entre los pensamientos típicos se encuentran el miedo a ensuciarse al entrar en contacto con objetos u otras personas; la duda permanente o irresoluble de haber hecho o dejado de hacer determinadas cosas (por ejemplo, dejar encendidas las luces del coche); o la idea obsesiva de que la salud propia está en peligro. Con frecuencia en el TOC aparecen diversos pensamientos obsesivos.

Los impulsos obsesivos pueden formar también parte de la sintomatología del trastorno obsesivo-compulsivo. Se trata de impulsos involuntarios que irrumpen en la mente a la fuerza. Los afectados viven en un miedo permanente a llevar a cabo dichos impulsos, cosa que rara vez ocurre. El miedo a ejecutar los impulsos adquiere especial intensidad cuando estos son de naturaleza agresiva, por ejemplo el impulso de hacer daño o matar a los propios hijos. Los impulsos obsesivos también pueden ser de carácter sexual, como realizar actos sexuales sin control. Asimismo en ocasiones son de contenido autolesivo, por ejemplo saltar desde un puente o un edificio.

Actos compulsivos

Es habitual que en el trastorno obsesivo-compulsivo aparezcan también actos compulsivos, es decir, acciones que los afectados realizan una y otra vez contra o sin su voluntad. En la mayoría de los casos los impulsos o temores obsesivos son la causa de los actos compulsivos. Si los afectados tratan de evitarlos, se presentan una tensión interna y un miedo acuciados. Aunque los perciben como algo carente de sentido, se sienten obligados a repetir estos actos siempre de la misma manera.

Los más frecuentes son los actos compulsivos de control. Aquellos que los padecen, por ejemplo, después de cerrar la puerta de casa tienen la duda de si realmente está cerrada y se ven obligados a comprobarlo hasta 20 o 30 veces, aunque saben que lo está. Sin embargo, solo la ejecución de los actos de control les permite reducir la tensión interna (cosa que por lo general tiene una duración breve). Diversos actos compulsivos pueden agruparse en un ritual compulsivo, que debe realizarse en cierta forma y con determinada frecuencia. Otros ejemplos típicos de conductas compulsivas son la necesidad de lavarse, de preguntar o de contar. En aproximadamente el 50% de los TOC aparecen diversos actos compulsivos de manera paralela.

Diagnóstico

El diagnóstico del trastorno obsesivo-compulsivo se establece en base a un reconocimiento del paciente en diversos niveles: en entrevistas clínicas el médico inquiere sobre los síntomas y pensamientos existentes. Si existe la posibilidad de contemplar la conducta sintomática o incitar al afectado a que se auto observe, ambas opciones permiten recabar información importante sobre el problema. Además hay diversos cuestionarios disponibles diseñados para registrar las obsesiones/compulsiones y evaluarlas. La condición previa para diagnosticar un TOC es que los actos compulsivos y/o los pensamientos obsesivos hayan aparecido la mayor parte de los días durante al menos dos semanas, que los afectados los perciban como algo atormentador o que hayan trastocado sus actividades normales.

Tratamiento

A la hora de tratar el trastorno obsesivo-compulsivo se emplea una combinación de métodos farmacológicos y psicoterapéuticos. De esta manera es posible reducir el sufrimiento de forma notable en la mayoría de los casos, y mejorar el control y la superación de las molestias.

Tratamiento farmacológico

El componente farmacológico del tratamiento contra el trastorno obsesivo-compulsivo busca influir positivamente sobre las funciones cerebrales alteradas. Para ello se recurre a medicamentos que inhiben la recaptación del neurotransmisor serotonina, implicado en el control de los impulsos, así como a fármacos que se utilizan habitualmente para tratar la depresión y que también repercuten sobre el balance de serotonina. Tras un periodo mínimo de aproximadamente diez semanas es posible evaluar si la terapia es efectiva: se considera que esta ha tenido éxito cuando el paciente se siente subjetivamente capaz de controlar los síntomas del TOC.

Además del tratamiento medicamentoso, la terapia del trastorno obsesivo-compulsivo engloba un procedimiento psicoterapéutico: en la terapia conductual se efectúa en primer lugar un análisis de los pensamientos obsesivos y los actos compulsivos, así como de las situaciones en las que ambos hacen su aparición. A continuación el terapeuta le enseñará a exponerse de manera consciente a las situaciones que desencadenan el miedo, pero reprimiendo las conductas compulsivas. De esta manera debe experimentar cómo no aparecen las consecuencias temidas (por ejemplo, que tocar objetos sucios no conduce a una enfermedad), con lo que el miedo en el que se basan las acciones compulsivas desaparece. Este método de confrontación se efectúa en varias fases: se comienza con la situación que menos angustia provoca y se prosigue paulatinamente hasta la más problemática. Con frecuencia este método se combina con técnicas de relajación, como el entrenamiento autógeno.

En la psicoterapia conocida como terapia cognitiva conductual se debe aprender en el plano cognitivo (referente a los procesos del pensamiento y valoraciones) a reconocer los síntomas del trastorno como tales, lo que le permitiría distanciarse de sus temores y oponerse a las obsesiones/compulsiones. En este sentido puede resultar útil una técnica conocida como bloqueo del pensamiento: en el momento en que aparecen sus miedos, debe pensar o pronunciar la palabra “alto” para suprimir el pensamiento turbador. Con el objetivo de contrarrestar el retraimiento social típico del TOC, es aconsejable involucrar a su entorno, por ejemplo, a su familia, en la terapia.

Evolución

El trastorno obsesivo-compulsivo adquiere, por lo general, un curso crónico, durante el que puede fluctuar la intensidad de las molestias. La combinación de métodos de tratamientos farmacológicos y psicoterapéuticos ha mejorado de manera sustancial el pronóstico de este trastorno en los últimos años. Aunque rara vez se consigue curar un TOC por completo, se logra reducir considerablemente el padecimiento e incrementar el control y superación de las molestias. Cuanto antes se diagnostica y trata el trastorno, más favorable es su pronóstico. El tratamiento temprano y consecuente del trastorno obsesivo-compulsivo resulta por tanto importante, ya que este tiende a extenderse y a ocupar más parte del día a día (aunque solo sea por el hecho de que los actos y rituales compulsivos requieren tanto tiempo que no hay sitio para otras actividades, por ejemplo, el trabajo). El retraimiento social y el aislamiento son consecuencias habituales del TOC, aunque también pueden aparecer perjuicios físicos. Por ejemplo, algunos afectados se lavan las manos con tal frecuencia por miedo a ensuciarse que se provocan eccemas. La sintomatología del trastorno puede ser tan acentuada que los pacientes contemplen el suicidio como única salida.

Prevención

Un trastorno obsesivo-compulsivo no se puede prevenir. Si se experimentan pensamientos e impulsos obsesivos o se realizan actos compulsivos, es posible que logre evitar una nueva aparición del TOC con ayuda de un tratamiento psicoterapéutico e información detallada (también de sus familiares.

Última revisión médica: Dra. María Gemma Tena (11 de Diciembre de 2011)

Fuentes:

  • Dominar las obsesiones. Una guía para pacientes; Dr. Pedro Moreno, Julio C. Martín, Juan García, Dra. Rosa Viñas; 2008; Desclée de Brouwer; pp. 192.
  • Obsessive-Compulsive Disorder Guide.
  • Onmeda International

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