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Sepsis (infección diseminada)

Autor: Redacción Onmeda (19. marzo 2012)

La infección diseminada por la sangre se denomina sepsis y se produce cuando una infección no permanece localizada sino que se extiende a través de las vías sanguíneas por todo el cuerpo. Esto debe tratarse de forma inmediata, puesto que ya en las primeras horas puede presentarse una situación de peligro de muerte que puede evitarse casi siempre con un tratamiento rápido.

El cuadro patológico de dicha diseminación puede desarrollar desde una simple reacción inflamatoria por todo el cuerpo, pasando por una sepsis grave, hasta un shock (o choque) séptico:

  • La sepsis puede reconocerse por los síntomas de la reacción inflamatoria que se presenta.
  • La sepsis grave se da cuando se ven disminuidas las funciones de al menos un órgano.
  • El shock séptico se caracteriza porque la presión sanguínea es demasiado baja (a pesar del tratamiento intravenoso).

Las bacterias suelen ser casi siempre las responsables del envenenamiento de la sangre, aunque a veces también pueden ser virus u hongos. Existen varios focos infecciosos que pueden ser la causa de la sepsis como, por ejemplo:

La sepsis puede causar síntomas muy característicos que pueden empeorar con rapidez. De este modo, puede ocasionar posteriormente daños muy graves en órganos vitales como los pulmones, el corazón, los riñones y el hígado. Los síntomas característicos de una infección diseminada son, por ejemplo:

A pesar de lo que se pueda pensar en ocasiones, en casos de sepsis no aparecen franjas rojas cutáneas que se desplazan hacia el corazón. Este hecho indica más bien una linfangitis.

La sepsis es una emergencia médica por lo que un tratamiento rápido es decisivo para sus perspectivas de curación. Normalmente se utilizan antibióticos contra el patógeno, ya que la mayoría de los casos se dan por bacterias. En el caso de una sepsis grave o de un shock séptico es necesario un tratamiento de apoyo: hay que preocuparse sobre todo de mantener elevado el suministro de oxígeno y la presión sanguínea mediante abundantes sueros. Además, pueden ser necesarias otras medidas como la diálisis o la respiración artificial.





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