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Autor: Redacción OnmedaRevisión médica: Dra. María Arriaga
El sarampión se puede prevenir mediante la vacunación. Pero vacunarse una única vez no es, sin embargo, suficiente.
En España se administra una primera dosis de vacuna triple vírica (sarampión, rubeola y parotiditis) a los 12-15 meses de edad y una segunda a los 2-3 años.
En algunas ocasiones está indicado dar una primera dosis de vacuna monovalente del sarampión a niños menores de un año, a partir de los seis meses de edad, si no se dispusiese de vacuna antisarampionosa, se puede administrar vacuna triple vírica. En uno y otro caso, éstos niños deberán recibir otra dosis a los 12-15 meses y revacunación a los dos o seis años (estas dos en forma de triple vírica).
En algunos casos, la vacuna triple vírica puede administrarse a la edad de nueve meses (siempre que ya no exista inmunidad maternal). Este sería el caso, por ejemplo, si el bebé ya acude a un lugar comunitario como una guardería, o si ha tenido contacto con enfermos de sarampión. Si la vacuna del sarampión debe administrarse a una edad inferior a once meses, la vacuna de recuerdo deberá administrarse poco tiempo después de haber cumplido los dos años, porque existe la posibilidad de que los anticuerpos de la madre aún presentes neutralicen los virus de la vacuna durante el primer año de vida.
Los lactantes menores de nueve meses deberían protegerse contra el sarampión principalmente mediante la vacunación de las personas de contacto para evitar el contagio. En casos excepcionales es posible la vacunación entre los seis y los ocho meses de vida, tras evaluar individualmente los riesgos y los beneficios. En estos casos, se recomiendan dos dosis posteriores de la vacuna MMR en el segundo año de vida para garantizar una inmunidad a largo plazo contra el sarampión.
Una única dosis contra el sarampión también se recomienda en adultos:
Esto se aplica especialmente a personas que trabajan en servicios sanitarios o en lugares comunitarios o a personas que cuidan de personas con un sistema inmunitario debilitado.
Tanto los niños como los adultos no vacunados deberían evitar el contacto directo con personas con sarampión. De este modo, se evita el contagio de la enfermedad. Una vacuna del sarampión administrada a tiempo a personas sanas puede evitar el contagio de la enfermedad si entran en contacto con el agente patógeno. Para las personas con un sistema inmunitario debilitado o enfermos crónicos existe un modo preventivo (profilaxis postexposición) que se basa en un tratamiento con proteínas especiales (anticuerpos) que pueden evitar o atenuar el brote de sarampión (inmunización pasiva).
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