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Preeclampsia

Autor: Terry Gragera Revisión médica: Dr. Tomás Rodelgo (21 de Octubre de 2016)

© Jupiterimages/Wavebreak Media

La preeclampsia es una alteración que se presenta a partir de la semana 20 de embarazo. Cursa con hipertensión arterial (valores superiores a 140/90 mmHg) y proteínas en la orina. También puede aparecer edema, aunque no es necesario para hacer el diagnóstico.

Hasta el momento, se desconoce cuál es la causa que da origen a esta enfermedad, que puede llegar a ser mortal en sus formas más graves: eclampsia y síndrome de Hellp. Sin embargo, se cree que factores hereditarios o algunas enfermedades autoinmunes están detrás de la preeclampsia.

Algunos de los factores de riesgo de la preeclampsia son: haberla padecido en embarazos anteriores, primer embarazo, gestación múltiple, sobrepeso, tener una enfermedad crónica y repetir embarazo con un intervalo menor de dos años.

La preeclampsia puede cursar sin síntomas en su manifestación más leve, aunque en la forma más severa de la enfermedad pueden observarse cefaleas, disminución de la frecuencia urinaria, náuseas y vómitos, alteraciones visuales y auditivas, y dolor abdominal, entre otros. En su presentación más severa provoca también convulsiones y coma.

Para hacer el diagnóstico de la preeclampsia, el médico valorará los datos de presión arterial de la madre y las analíticas de sangre y orina, además de la exploración física, ya que un aumento exagerado de peso (más de 1 kg en una semana) es señal de alarma.

La preeclampsia no se cura hasta que se produce el parto, por eso, cuando la situación es grave, hay que adelantar el nacimiento del bebé para que tanto él como su madre no corran más riesgos. Antes del parto, la embarazada puede tratarse con distintos medicamentos hipertensivos, así como con otras medidas, entre las que puede estar el reposo. En los casos más graves se requiere hospitalización.

La preeclampsia puede provocar complicaciones muy graves, tanto en la madre como en su hijo. Así, puede haber crecimiento intrauterino retardado y prematuridad. La preeclampsia también aumenta el riego de desprendimiento prematuro de placenta, accidentes cerebrovasculares en la madre, hemorragias, problemas renales, e incluso la muerte.

Las medidas preventivas ante la preeclampsia pasan por llevar un estricto control médico del embarazo y por monitorizar adecuadamente a las mujeres con riesgo aumentado de padecer la enfermedad.

Se estima que entre el 5 y el 12% de las mujeres tendrá preeclampsia durante el embarazo. La incidencia en España es más baja, ya que está en torno al 2%.

Definición

La preeclampsia es una patología exclusiva del embarazo. Se presenta a partir de la semana 20 y hasta el día 30 posparto, y se caracteriza por la aparición de hipertensión arterial y proteinuria (proteínas en la orina). La preeclampsia también puede ir acompañada de edema, aunque no es una condición necesaria para diagnosticar la enfermedad.

  • Hipertensión arterial. Se considera que hay hipertensión cuando hay una elevación sostenida de la presión arterial. Así, los valores de presión sistólica estarían por encima de 140 mmHg, mientras que los de la presión diastólica se situarían superando los 90 mmHg.
  • Proteinuria. Es la presencia de proteínas en la orina, detectables mediante analítica. Para hablar de proteinuria debe haber una excreción urinaria de proteínas mayor de 30 mg/dl en tiras reactivas o bien de 300 mg/dl si se hace un análisis de orina de 24 horas.
  • Edema. Se trata de la hinchazón de los tejidos blandos provocada por la acumulación del líquido intersticial (el líquido que rodea a las células).

La preeclampsia (conocida también como toxemia o gestosis) es una de las complicaciones más graves del embarazo, pues el estado de salud de madre e hijo se puede ver gravemente comprometido si no se pone el tratamiento adecuado. Así, supone un riesgo de daño cerebral o neurológico, de alteraciones renales y alteraciones pulmonares y de trastornos en la coagulación sanguínea, entre otros, que pueden ser fatales.

De hecho, la preeclampsia es una las cuatro causas que conlleva mortalidad materna, tanto en los países desarrollados como en los que están en vías de desarrollo. No obstante, la mayoría de estas muertes se podría evitar con adecuadas medidas de prevención y seguimiento del embarazo.

Tres de cada cuatro trastornos hipertensivos originados en el embarazo están provocados por la preeclampsia y la eclampsia (una forma mucho más grave de preeclampsia), mientras que el restante 30% deriva de pacientes con problemas de hipertensión previa a estos nueve meses.

Estos son los diferentes niveles de gravedad de la preeclampsia:

  • Preeclampsia leve. La presión arterial se sitúa en valores a partir de 140/90 mmHg, o se ha constatado una elevación de 30 mmHG en la presión sistólica y de 15 mmHG en la presión diastólica (conociendo previamente los valores basales). La proteinuria es de más de 300 mg en 24 horas, y no hay vasoespasmo (contracción de los vasos sanguíneos).
  • Preeclampsia severa. La presión arterial es de 160/110 mmHg o superior, la proteinuria es mayor de 5 gramos en 24 horas y hay otros síntomas como edema, cefalea, acúfenos y fosfenos (sensación de ver manchas luminosas).
  • Preeclampsia sobreañadida. En el caso de que la paciente tuviera problemas de riñón o de hipertensión anteriores al embarazo, se habla de preeclampsia sobreañadida.
  • Preeclampsia recurrente. Se denomina así a la preeclampsia que aparece en la misma embarazada en dos gestaciones distintas.

El corazón como motor

Se estima que entre el 5 y el 12% de las gestantes desarrollará preeclampsia. Las cifras de incidencia en España son bajas, pues solo un 1-2% de las mujeres tiene preeclampsia en los meses de gestación. La tasa española es considerablemente inferior a la de otros países del ámbito anglosajón y a la de otros muchos en vías de desarrollo. Así, por ejemplo, según datos de la Organización Mundial de la Salud (OMS), en África y en Asia casi una décima parte de las defunciones maternas están provocadas por la preeclampsia.

Causas

Hasta el momento no se ha descubierto la causa exacta que da origen a la preeclampsia. Se han estudiado sus factores de riesgo y se sabe cómo se desarrolla, pero no se ha llegado al fondo de la enfermedad para identificar las claves que la precipitan. Durante el embarazo, el organismo materno sufre una vasodilatación, pues las necesidades sanguíneas se multiplican debido a las demandas del feto. En una gestación sin complicaciones, las arterias espirales uterinas se irían sustituyendo por células trofoblásticas (las que dan lugar a la placenta). Este mecanismo asegura la vasodilatación que permite aumentar considerablemente el caudal sanguíneo que llega al feto y a la placenta. Pero con la preeclampsia, este proceso no se desarrolla con normalidad, dando lugar a una isquemia placentaria (deficiente aporte sanguíneo a la placenta). Por ello, en una gestante que sufra preeclampsia se observa vasoconstricción generalizada en lugar de la esperable vasodilatación.

Se cree que, tras la preeclampsia, pueden estar distintos trastornos:

  • Alteraciones autoinmunes (lupus, miastenia o esclerosis)
  • Problemas vasculares.
  • Factores hereditarios (tanto por vía materna como por vía paterna).
  • Dieta desequilibrada con escasez de calcio.

Factores de riesgo

Como el origen de la preeclampsia no está claro, no se puede hacer una prevención total de la enfermedad, por lo que los esfuerzos médicos se centran en evitar los factores de riesgo que se han relacionado con esta patología.

Entre los factores de riesgo de la preeclampsia están:

  • Primer embarazo. La mujer está más predispuesta a sufrir preeclampsia en su primer embarazo, lo que se ha relacionado con los factores inmunológicos que parecen estar detrás de esta alteración.
  • Embarazos múltiples.
  • Preeclampsia o eclampsia en anteriores embarazos.
  • Tener dos embarazos en menos de dos años, o bien que entre las dos gestaciones haya un intervalo muy largo.
  • Infección recurrente de las vías urinarias o alteraciones renales.
  • Antecedentes de enfermedades crónicas como diabetes o hipertensión arterial.
  • Obesidad (con un Índice de Masa Corporal mayor a 30) o, por el contrario, desnutrición.
  • Edad de la madre. Quedarse embarazada con más de 35 años eleva también el riesgo de preeclampsia, al igual que hacerlo con menos de 18 años.
  • Donación de ovocitos. Al ser un proceso que afecta a la placentación, cuando en reproducción asistida se recurre a la donación de ovocitos hay más posibilidades de que la madre sufra preeclampsia.
  • Síndrome de ovario poliquístico. Según algunos estudios, tener el síndrome de ovario poliquístico aumenta en un 45% las probabilidades de que la embarazada padezca preeclampsia.
  • Factores emocionales. Se cree que la depresión en el embarazo, un índice elevado de estrés u otros acontecimientos que alteren el estado anímico de la madre pueden aumentar el riesgo de preeclampsia.

Síntomas

La preeclampsia es una enfermedad que, en sus fases iniciales, puede cursar sin síntomas alarmantes. Muchas embarazadas que tienen preeclampsia no son conscientes de ella, ya que no se encuentran mal.

Por este motivo, en todas las consultas obstétricas de seguimiento del embarazo, el médico comprueba los valores de tensión arterial de la madre para cerciorarse de que están dentro de los límites normales. En caso contrario, si hubiera hipertensión, tendría que descartarse la presencia de preeclampsia con chequeos adicionales.

Hay que tener en cuenta que la preeclampsia y sus síntomas aparecen a partir de la semana 20 de embarazo (aunque es más frecuente que lo haga al final del mismo) y que la enfermedad se puede desarrollar hasta 30 días después del parto. Ello debe ser tenido en cuenta para mantener las revisiones de la gestante, tomando las cifras de tensión hasta pasada la época de riesgo.

Hay síntomas de la preeclampsia que pasan inadvertidos, a no ser que se realicen chequeos, pero hay otros que pueden observarse en el aspecto físico.

Los síntomas no evidentes de la preeclampsia son los siguientes:

  • Tensión arterial elevada. La presión arterial sistólica estaría entre 140 mmHg si se trata de una preeclampsia leve, y superaría el valor de 160 mmHg en el caso de una preeclampsia grave.
  • Proteinuria (presencia de proteínas en la orina). La cantidad de proteínas en la orina sería de 300 mg o más en 24 horas (en el caso de preeclampsia leve) y 5 g o más en orina de 24 horas (si se trata de preeclampsia grave).
  • Trombocitopenia (disminución de plaquetas en sangre). Se presenta en ocasiones, tanto para la preeclampsia leve como para la grave.
  • Hemólisis intravascular (destrucción de los glóbulos rojos que ocurre dentro de los vasos sanguíneos). No se produce si la preeclampsia es leve, pero sí puede darse si la preeclampsia es grave.

Déficit de plaquetas

Los síntomas más evidentes de la preeclampsia son:

  • Edema o hinchazón. Aunque en el embarazo es normal que ciertas partes del cuerpo de hinchen (como los pies), el edema que alerta de una posible preeclampsia afecta a las manos y a la cara, fundamentalmente. Hay que fijarse, sobre todo, en la zona ocular y bajo los ojos, pues si muestra hinchazón repentina, hay que descartar que anuncie una preeclampsia.
  • Mucho aumento de peso en poco tiempo. Cuando la embarazada gana más de 1 kg a la semana hay que investigar si hay preeclampsia.
  • Dolor abdominal, sobre todo localizado en el hemiabdomen derecho, bajo el arco costal inferior. No aparece si la preeclampsia es leve, pero sí cuando es aguda, en relación con el posible aumento hepático. El dolor se puede confundir con acidez gástrica o molestias procedentes de un trastorno biliar, entre otros.
  • Dolor en el hombro derecho, que puede ser reflejo del dolor abdominal. Es uno de los síntomas más típicos y curiosos de la preeclampsia. Toda embarazada que note dolor en su hombro derecho debe consultarlo con el médico para descartar la presencia de esta enfermedad.
  • Baja producción de orina (oliguria). Cuando hay preeclampsia, la embarazada baja la producción de orina, por lo que las micciones son menos frecuentes. Este síntoma se presenta de forma muy leve si la enfermedad no reviste demasiada gravedad, pero si es una preeclampsia grave, será más evidente. En parte es debido a los trastornos vasculares y el líquido intersticial que se acumula en forma de edema.
  • Dolores de cabeza (cefaleas). Son dolores que no desaparecen ni siquiera tomando medicación. Se presentan tanto en la preeclampsia leve como en la más grave.
  • Sensaciones auditivas y visuales. Oír ruidos (acúfenos), ver destellos, tener doble visión o dejar de ver con nitidez son algunos de los síntomas de la preeclampsia. Se hacen presentes y recurrentes en el caso de la preeclampsia grave, pues en la leve es muy raro que aparezcan.
  • Náuseas y vómitos al final del embarazo. Las náuseas y los vómitos que no revisten gravedad suelen ceder en el primer trimestre del embarazo. Por eso, la aparición de náuseas y vómitos al final del embarazo se considera una señal de alarma de una posible preeclampsia grave, ya que, en este caso, estamos ante vómitos de origen central por afectación del sistema nervioso.
  • Puede cursar con otros síntomas de afectación neurológica como síndrome vertiginoso, somnoliencia, irritabilidad, excitabilidad y desorientación, entre otros.

Ante cualquiera de estos síntomas hay que consultar cuanto antes al médico o acudir a un Servicio de Urgencias.

Diagnóstico

Para establecer el diagnóstico de preeclampsia hay que tener en cuenta que se trata de una alteración que no solo afecta a la placenta sino a muchos otros órganos de la madre, como el riñón, el hígado y el corazón, al estar plenamente implicado el sistema cardiovascular.

Una de las claves para diagnosticar la preeclampsia son los valores de la tensión arterial. Cuando una embarazada que previamente no tenía problemas de hipertensión muestra unos valores de presión arterial superiores a 140/90 mmHg se habla de preeclampsia.

Para confirmar el diagnóstico de la hipertensión arterial se precisa hallar en dos ocasiones separadas al menos 6 horas una de otra, las cifras de 140/90 mm Hg, o un aumento de TAS (Tensión arterial sistólica) de al menos 30 mm Hg, o un aumento de TAD (Tensión Arterial diastólica) de al menos 15 mm Hg.

Se define una preeclampsia grave si se superan en dos ocasiones, separadas al menos de 6 horas una de otra, cifras de TA de 160/110 mm Hg, o tensión arterial diastólica mayor o igual a 120 mmHg aunque sea en una ocasión o incremento de la tensión arterial sistólica de 60 mmHg o de la tensión arterial diastólica en 30 mmHg sobre la tensión basal.

El obstetra hace un examen físico en cada una de las citas para observar si hay o no edema, además de vigilar la ganancia de peso de la embarazada (que no ha de ser superior a 1 kg en una semana, ni muy brusca en 2 o 3 días).

Además, el médico controlará, mediante un análisis de orina, si hay o no proteinuria (presencia de proteínas en la orina), teniendo en cuenta que los valores patológicos están por encima de 300 mg/24 horas.

Mediante las analíticas de sangre rutinarias del embarazo, el médico puede valorar también si las enzimas del hígado registran valores alterados y si hay trombocitopenia (en este caso, el número de plaquetas sería inferior a 100.000). También es importante analizar si los factores de coagulación presentan algún problema.

La evolución del feto también puede ayudar a diagnosticar una preeclampsia. Así, las ecografías periódicas permiten al especialista examinar el estado de la placenta. Pero, además, la preeclampsia se puede manifestar con crecimiento intrauterino retardado (CIR) y con pérdida de bienestar fetal (también conocida como sufrimiento fetal). El CIR no sucede en todos los casos de preeclampsia leve, pero sí con mucha frecuencia cuando la patología es grave. Con respecto a la pérdida de bienestar fetal, se puede observar en algunos casos, independientemente de la gravedad de la preeclampsia.

Para hacer un diagnóstico precoz de la preeclampsia en aquellas mujeres con más riesgo se puede optar por realizar una exploración Doppler de las arterias maternas, haciendo especial hincapié en la uterina.

Es muy importante tener en cuenta los criterios de gravedad de una preeclampsia:

  • Tensión arterial sistólica mayor o igual a 160 mmHg o tensión arterial diastólica mayor o igual a 110 mmHg registrados en dos ocasiones con intervalos no menor de 6 horas y en estado de reposo o tensión arterial diastólica mayor o igual a 120 mmHg aunque sea en una ocasión o incremento de la tensión arterial sistólica de 60 mmHg o de la tensión arterial diastólica en 30 mmHg sobre la tensión basal.
  • Proteinuria mayor o igual a 500 mg en 24 horas.
  • Disfunción hepática o disfunción renal severa.
  • Trastornos cerebrales o visuales.
  • Dolor epigástrico.
  • Edema pulmonar o cianosis.
  • Trombocitopenia de 100.000 plaquetas o menos.
  • Ácido úrico mayor o igual a 7 mg/dl.
  • Aparición de crecimiento intrauterino retardado y/o oligoamnios.

Tratamiento

La preeclampsia solo cede cuando la madre da a luz al bebé. Hasta ese momento puede ser tratada farmacológicamente para que no derive en complicaciones más peligrosas, pero no remitirá definitivamente hasta que nazca el niño y concluya el embarazo.

Habitualmente, si se pasa de la semana 37 de embarazo y se detecta la preeclampsia, los médicos deciden concluir la gestación para evitar riesgos mayores. A estas alturas, el feto está, por lo general, perfectamente formado. En el caso de que los pulmones no se hayan desarrollado del todo (es el órgano que más tarda en hacerlo), se administran corticoides a la madre para acelerar la maduración pulmonar del bebé.

Después, cuando se comprueba que los pulmones del feto están en perfecto estado, se induce el parto o se hace una cesárea, dependiendo del criterio obstétrico.

Si la preeclampsia es leve y se detecta antes del octavo mes, el obstetra puede recomendar varias medidas:

  • Reposo en cama. No está probado que la preeclampsia mejore con esta indicación, pero muchos médicos la aconsejan. La embarazada deberá permanecer en cama durante la mayor parte del día, preferiblemente echada sobre el lado izquierdo. La razón de que deba colocarse en esta postura es que así no presiona la vena cava inferior, que es la que retorna la sangre desde la zona inferior del cuerpo hacia el corazón.
  • Medicamentos antihipertensivos. No se utilizan siempre, sino en aquellas situaciones en que los valores de la tensión arterial resulten peligrosos para madre e hijo y sea necesario bajarlos.
  • Dieta baja en sal. La sal eleva la presión arterial, por lo que la dieta de la embarazada con preeclampsia leve debe ser hiposódica. Sin embargo, no se debe suprimir la sal del todo, ya que la preeclampsia conlleva hemoconcentración (concentración de la sangre), que se agudiza por la pérdida de agua y de sal.

La nueva vida divisa el mundo

Fin del parto

En todo caso, y si la preeclampsia leve se va controlando bien, la gestación debe concluir al llegar a la semana 40, sin sobrepasar ese umbral.

Cuando estamos ante una preeclampsia grave, el parto suele provocarse a partir de la semana 32 de embarazo, o incluso antes si fuera necesario. El problema mayor de la prematuridad del bebé es la inmadurez pulmonar, que se resuelve mediante la administración de corticoides.

Ante una preeclampsia grave, la madre siempre deberá tomar tratamiento antihipertensivo para estabilizar su tensión arterial. Estos fármacos suelen administrarse por vía intravenosa. Ahora bien, no conviene hacer bajar los valores de presión arterial más de 140/90 mmHg , pues de ese modo la perfusión placentaria (el flujo sanguíneo que llega a la placenta) disminuiría de forma nociva para el feto.

A la embarazada se le puede prescribir también sulfato de magnesio con objeto de prevenir el riesgo de eclampsia (una compliación de la preeclampsia que cursa con convulsiones y puede ser fatal) y de hiperreflexia (respuesta exagerada del organismo ante estímulos).

El bienestar fetal ha de ser vigilado mediante ecografía y otras técnicas de diagnóstico por imagen, como el Doppler, que permite visualizar los vasos sanguíneos del bebé y su posible afectación.

El niño en imágenes

Como la madre debe ser estrechamente vigilada por el médico, en muchos casos se requiere hospitalización. El parto se programará dependiendo del grado de afectación de madre e hijo.

  • Si el embarazo está a término, hay que estabilizar médicamente a la madre primero y después provocar el parto.
  • Si es una gestación de más de 32 semanas, será la madurez pulmonar la que indique el momento de finalizar el embarazo, aunque si la salud de madre e hijo lo requiere, el parto se puede indicar en cualquier momento.
  • Si la mujer cuenta con menos de 32 semanas de embarazo, habrá que valorar cuidadosamente el estado del feto, teniendo en cuenta su peso y el desarrollo pulmonar que haya alcanzado. Así, el embarazo puede interrumpirse en cuanto se estime que es más peligroso para madre e hijo continuar con la gestación que asumir los riesgos derivados de la prematuridad del niño.

Evolución

La preeclampsia se resuelve cuando la mujer da a luz, sin embargo, algunos de sus síntomas pueden prolongarse durante varias semanas en el posparto; en especial, la hipertensión arterial, que se puede descompensar aún más en los días justamente posteriores al nacimiento del bebé.

Durante el curso de la enfermedad, la preeclampsia puede evolucionar a otras manifestaciones aún más graves: la eclampsia y el síndrome de Hellp.

  • Eclampsia. Sucede cuando la preeclampsia deriva en convulsiones y/o estado de coma de la embarazada. Es una situación muy grave que puede ser fatal tanto para la madre como para el niño, y que se presenta a partir de la semana 20 de embarazo, durante el parto o tras dar a luz. Hay inminencia de eclampsia cuando en la gestante se registran unos valores de presión arterial superiores a 185/115 mmHg, proteinuria mayor a 10 gramos, hiperreflexia generalizada, pérdida parcial o total de la visión y dolor en el epigastrio que irradia hacia atrás por el abdomen en forma de cinturón (o barra).
  • Síndrome de Hellp. El síndrome de Hellp se caracteriza por hemólisis (destrucción de los glóbulos rojos), elevación de las enzimas hepáticas y bajo recuento de plaquetas. Su nombre es la abreviatura en inglés de hemólisis (HE); elevación de las enzimas (EL) y bajo recuento de plaquetas (LP). Es un episodio muy grave, que puede manifestarse incluso cuando no se había diagnosticado la preeclampsia, y que, si no se trata, puede ocasionar la muerte. Sus síntomas son parecidos a los de una virasis, una hepatitis o una gastroenteritis, por lo que puede pasar inadvertida en un principio, ya que cursa con malestar general y dolor abdominal (en el epigastrio y en el hipocondrio derecho). Un 15% de las mujeres con preeclampsia pasarán a desarrollar esta forma severa de la enfermedad mediante el síndrome de Hellp.

Además, es posible que surjan otras complicaciones de la preeclampsia:

  • Desprendimiento prematuro de placenta. El desprendimiento de placenta es una situación muy grave que obliga a concluir inmediatamente el embarazo mediante una cesárea. Supone la separación de la placenta de la zona en la que se inserta, y es más frecuente cuando hay síndrome de Hellp.
  • Problemas renales. La preeclampsia puede conllevar una insuficiencia renal aguda. Así, la alteración renal más característica dependiente de la preeclampsia es la glomérulo endoteliosis, por la que se eliminan proteínas plasmáticas, dando lugar a la proteinuria.
  • Edema pulmonar. El pulmón también se puede ver afectado por la preeclampsia en forma de edema pulmonar agudo. Es una complicación más propia de la preeclampsia grave y de la eclampsia, y puede ocasionar la muerte en el periodo posparto.
  • Hemorragia cerebral u otros accidentes cerebrovasculares. La hemorragia cerebral es la principal causa de la muerte en pacientes con preeclampsia o con eclampsia (un 60% de las defunciones por este motivo se producen por una hemorragia cerebral). La hemorragia cerebral producida por preeclampsia suele presentarse con convulsiones y coma.
  • Edema cerebral. La hipertensión arterial propia de la preeclampsia eleva la presión intracraneal, lo que produce extravasación de líquidos, generándose el edema cerebral.
  • Ruptura hepática. Afortunadamente es una complicación rara de la preeclampsia y de la eclampsia, dado su elevado índice de muerte. Se manifiesta con dolor epigástrico o en el cuadrante superior derecho que se irradia al hombro. Se trata de un dolor muy intenso que no cesa y que aumenta con la respiración y con todas las situaciones que incrementan la presión intraabdominal. Varios días antes ofrece síntomas como náuseas y vómitos, taquicardias, ictericia y palidez.
  • Alteraciones en la coagulación. El metabolismo de los factores de coagulación de la sangre puede verse alterado con la preeclampsia, formándose trombos y dando lugar a hemorragias.

Peligro para la madre y el bebé

Efectos sobre el feto

La preeclampsia también afecta al estado del feto, ya que el flujo sanguíneo, que es el que provee al bebé de nutrientes y oxígeno, se ve alterado. Los efectos adversos de la preeclampsia sobre el niño serán más graves cuanto más tiempo se prolongue el cuadro de preeclampsia y cuanto más severo sea.

El feto puede sufrir crecimiento intrauterino retardado (CIR), también conocido como retraso en el crecimiento uterino. Esta alteración conlleva que el feto no se desarrolle según los parámetros saludables que le corresponden de acuerdo con su edad gestacional y, en los casos más graves, puede ocasionarle la muerte. El CIR puede observarse hasta en un 31% de las gestaciones que cursan con preeclampsia.

También se produce oligoamnios (disminución de la cantidad de líquido amniótico), que implica, igualmente, la posibilidad de alteraciones en el crecimiento fetal. Además, la presencia de oligoamnios dificulta el parto y eleva la posibilidad de tener complicaciones con el cordón umbilical.

Además, actualmente, la preeclampsia es una de los factores que más influye en la prematuridad, tanto espontánea como inducida, con los problemas que esto conlleva para el niño de bajo peso al nacer y alteraciones de todo tipo: respiratorias, metabólicas, cardiacas, inmunitarias, digestivas, oftalmológicas, auditivas... De hecho, el parto de un embarazo con preeclampsia debería suceder en una maternidad que cuente con Servicio de Neonatología por los posibles cuidados específicos que precisará el niño nada más nacer.

La preeclampsia también produce un aumento de la mortalidad perinatal. Ocurre entre un 3,5 y un 35 %. Esto guarda relación con las cifras de tensión arterial de la madre, la gravedad de la proteinuria y los valores de ácido úrico. Las causas más frecuentes son la placenta previa, asfixia fetal y otras complicaciones derivadas de la inmadurez y la prematuridad.

Prevención

Las mujeres que han sufrido preeclampsia en un embarazo tienen más riesgo de que la enfermedad se vuelva a presentar en sucesivas gestaciones. Por ello, la prevención es clave.

Entre las medidas para prevenir la preeclampsia están:

  • No volverse a quedar embarazada en menos de dos años desde la anterior gestación.
  • Hacer seguimiento médico del embarazo. En cada cita, el obstetra mide la tensión arterial de la madre, revisa su peso y solicita las pruebas analíticas necesarias de aquellos parámetros cuya alteración puede hacer sospechar que la mujer padece preeclampsia. Por ello, no hay que saltarse ninguna prueba prenatal.
  • Si el consumo de calcio es insuficiente, se puede administrar a la madre un suplemento de calcio, especialmente si es población de riesgo.
  • También el ácido acetilsalicílico en dosis bajas puede prevenir la aparición de la preeclampsia en mujeres predispuestas a padecerla.
  • En embarazadas con preeclampsia grave, los médicos suelen prescribir sulfato de magnesio para evitar que evolucione a una eclampsia.

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