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Obesidad: ejercicio

Autor: Redacción Onmeda (19. marzo 2012)

En caso de obesidad y sobrepeso, el ejercicio también es importante para el éxito del tratamiento: la actividad física aumenta el consumo energético y, por ello, es un factor decisivo en caso de sobrepeso para reducir el peso o estabilizarlo. Para disminuir el peso es necesario un consumo energético adicional de al menos 2.500 kilocalorías (kcal) por semana. Para el tratamiento del sobrepeso se recomiendan al menos cinco horas de movimiento físico por semana, adicionales a las actividades habituales. El movimiento es especialmente apropiado para mantener la estabilidad de un peso que se ha reducido. Para ello es aconsejable entre tres y cinco horas de movimiento por semana.

El tipo e intensidad del ejercicio recomendable para el tratamiento de la obesidad o el sobrepeso depende del estado físico y de las enfermedades existentes. También las preferencias personales y necesidades especiales para determinados tipos de deportes o movimientos pueden influir en la elección de la kinesioterapia correcta. Es importante disfrutar con la actividad, ya que formará parte de su vida en el futuro. Para la obesidad o el sobrepeso son especialmente recomendables los deportes de continuidad como caminar, pasear, hacer footing, nadar o montar en bicicleta. Sin embargo, no se recomiendan los deportes de alto rendimiento.

Terapia conductual

En caso de obesidad y sobrepeso junto al cambio de la alimentación y el ejercicio también es importante una terapia conductual. En la mayoría de los casos, para que el tratamiento de la obesidad o el sobrepeso tenga éxito, no basta con el cambio del menú. Para poder mantener estable el peso a largo plazo, en muchos casos es necesario el cambio de los hábitos diarios, sobre todo los hábitos alimenticios.

Una medida importante en el tratamiento conductual en la obesidad o sobrepeso es aprender a comer lentamente y con tranquilidad. Muchas personas con sobrepeso comen demasiado deprisa, de manera que la sensación de saciedad aparece cuando ya han comido más de lo realmente necesario. También la observación del propio comportamiento al comer y al beber, por ejemplo, en forma de un diario de alimentación puede ser muy útil en el tratamiento. Así, es posible averiguar qué factores provocan trastornos alimenticios, por ejemplo, desencadenantes de ataques de hambre canina. La comida controlada, es decir, no comer de pasada o leer el periódico mientras se come, puede contribuir a evitar dichos desencadenantes en el futuro.





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