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Neumonía

Autor: Redacción Onmeda Revisión médica: Dra. María Isabel Pescador (3 de Noviembre de 2016)

© iStock

La neumonía es la enfermedad infecciosa más habitual y aparece, sobre todo, durante los meses de frío. Una neumonía es una infección del pulmón causada por un agente patógeno. El riesgo de sufrir una neumonía es especialmente alto en aquellas personas cuyo sistema inmunitario se encuentra debilitado, en ancianos y en niños de corta edad.

La neumonía está causada en la mayoría de los casos por bacterias. Entre estas, las más habituales son las llamadas neumococos, responsables del 49% de todas las neumonías que se producen en España.

Con menor frecuencia la enfermedad está provocada por virus u hongos. Los organismos patógenos penetran en los pulmones y desencadenan una inflamación del tejido pulmonar.

Su contagio suele efectuarse a través de gotitas respiratorias expulsadas al estornudar, hablar o toser.

En España 14 de cada 1.000 personas padecen una neumonía al año y más de un 20% requieren tratamiento hospitalario. Para tratar esta enfermedad, se utilizan mayoritariamente medicamentos específicos que contienen principios activos que combaten de forma activa los agentes patógenos desencadenantes de la infección. En caso de neumonía bacteriana son efectivos, por ejemplo, los antibióticos.

En las personas jóvenes y sanas, lo más habitual es que la neumonía remita sin dejar secuelas. Sin embargo, en personas inmunodeprimidas existe la posibilidad de que surjan complicaciones, que en determinadas circunstancias pueden suponer un riesgo para su vida. Las neumonías causadas por agentes patológicos hospitalarios, cuyo contagio se produce durante ingresos en centros de atención sanitaria (infecciones nosocomiales), son difíciles de tratar. La razón es que estos organismos son resistentes a los medicamentos actuales.

Hoy en día existen vacunas contra los agentes desencadenantes de esta enfermedad, los neumococos. La vacuna antineumocócica está especialmente recomendada para los niños menores de dos años, los mayores de 60 años y las personas que padecen inmunodeficiencias congénitas o adquiridas (por ejemplo infección del VIH) y enfermedades cardiovasculares.


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