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Neumonía: Evolución

Autor: Redacción Onmeda Revisión médica: Dra. María Isabel Pescador (3 de Noviembre de 2016)

Una neumonía puede remitir tras una fase aguda o acabar convirtiéndose en una neumonía crónica. Cada caso es diferente y atiende a la peculiaridad de cada caso. 

La evolución de la neumonía depende de varios factores: el agente patógeno causante de la enfermedad, las defensas del paciente y el tratamiento. En el caso de personas jóvenes y sanas, la pulmonía suele curarse sin que surjan complicaciones. La edad avanzada y los problemas de salud, por ejemplo en el corazón o pulmones, empeoran el curso de la infección.

Las personas que contraen la enfermedad durante una estancia hospitalaria (neumonía nosocomial) pueden tener un peor pronóstico. La razón es que los gérmenes hospitalarios son muy resistentes a los medicamentos disponibles en la actualidad. Un 50% de los afectados que desarrollan una neumonía durante un tratamiento en la unidad de cuidados intensivos de un hospital ven peligrar su vida a causa de la neumonía.

Complicaciones pulmonares

Una neumonía puede derivar en las siguientes complicaciones a nivel pulmonar: 

  • Cabe la posibilidad de que la neumonía dificulte la respiración de tal modo que el paciente no reciba oxígeno ni expulse dióxido de carbono en cantidad suficiente, con lo que se produce una falta de oxígeno (insuficiencia respiratoria).
  • Las bacterias responsables de la pulmonía pueden propagarse por todo el cuerpo a través de la sangre y provocar el fallo de diversos órganos (por ejemplo el corazón o los riñones). Esta infección sanguínea (septicemia) es potencialmente mortal.
  • Una neumonía grave puede causar la acumulación de líquido entre los pulmones y la caja torácica ( derrame pleural). Si el derrame pleural dificulta la respiración del afectado. Existe la opción de extraer el líquido mediante una punción pleural.
  • Otra posible complicación de la neumonía es la acumulación de pus en la cavidad pleural (empiema pleural). La cavidad pleural es el espacio entre la pleura visceral, que recubre los pulmones, y la pleura parietal. Como consecuencia puede ocurrir que se adhieran la pleura visceral y la pleura parietal. Además, cabe la posibilidad de que se forme una cavidad delimitada y llena de pus en el pulmón (absceso pulmonar).
  • Si la neumonía es de curso largo (crónica), los bronquios pueden dilatarse con el tiempon ( bronquiectasia). En algunos casos surgen otras complicaciones: por ejemplo, hemorragias en los pulmones o inflamaciones recurrentes. Estas últimas en ocasiones provocan la cicatrización del tejido pulmonarn ( fibrosis pulmonar). Si el tejido pulmonar cicatriza, le resultará más difícil expandirse, con lo que la respiración se verá limitadat.

Complicaciones fuera de los pulmones

Cuando los agentes patógenos de la neumonía se propagan por el cuerpo, pueden surgir complicaciones fuera de los pulmones. Entre las posibles infecciones en otros órganos se encuentran las siguientes:

  • Inflamación de las meninges (meningitis)
  • Inflamación del endocardio (endocarditis)
  • Inflamación del pericardio (pericarditis)
  • Acumulación de pus en el cerebro (absceso cerebral)
  • Inflamación de las articulaciones (artritis)
  • Infección ósea (osteomielitis)

Una neumonía de larga duración requiere reposo. Este reposo prolongado en la cama puede provocar la aparición de coágulos (trombos) que llegan al cerebro o a los pulmones a través del torrente sanguíneo y obstruyen un vaso sanguíneo ( embolia).


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