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Mononucleosis

Autor: Redacción Onmeda (21 de Abril de 2016)

© iStock

La mononucleosis infecciosa (MI) es una enfermedad originada, habitualmente, por el virus de Epstein-Barr (EBV), aunque también puede ser causada por el citomegalovirus y muy rara vez por Toxoplasma gondii. Es una patología muy extendida que se conoce también como la enfermedad del beso o fiebre ganglionar. Entre sus síntomas principales están la fiebre, la faringitis y la inflamación de los ganglios linfáticos.

El virus EBV se transmite principalmente por la boca (vía salivar). De ahí su acepción inglesa kissing disease (enfermedad del beso). La mononucleosis se caracteriza por que el virus permanece en la saliva de la persona infectada durante la fase aguda de la enfermedad y meses subsiguientes. En ese tiempo existe peligro de contagio para los que no sean inmunes al virus de Epstein-Barr.

La mononucleosis afecta principalmente a niños y adultos jóvenes. Entre los adultos se puede afirmar que casi todos han pasado en algún momento de su vida una infección del virus Epstein-Barr (EBV). Después de padecer la enfermedad, lo habitual es volverse inmune a ella, con lo que no se suele volver a desarrollar una mononucleosis. 

En el caso de niños y jóvenes, los primeros síntomas aparecen entre una y tres semanas después del contagio del virus. En los adultos se manifiesta pasadas entre cuatro y ocho semanas (periodo de incubación). También es frecuente ser portador del virus y no manifestar ningún síntoma de la enfermedad.

Las molestias generales de la mononucleosis son al principio más bien poco específicas, el afectado se siente cansado y agotado. A continuación, se manifiestan los síntomas principales: fiebre e inflamación de los ganglios linfáticos. Por este motivo su descubridor, el pediatra alemán Emil Pfeiffer (1846-1921), le dio el nombre de fiebre ganglionar.

El tratamiento de la fiebre ganglionar se dirige, en primer lugar, a aliviar las molestias producidas por la fiebre y la inflamación de los ganglios linfáticos, prescribiendo reposo. No es frecuente la aparición de infecciones bacterianas simultáneas. La mayoría de los síntomas desaparecen en 15 días, aunque la fatiga puede persistir durante meses, incluso derivar en un Síndrome de Astenia Crónica. En algunos casos, algunos pacientes pueden desarrollar enfermedades linfoproliferativas como por ejemplo síndrome hemofagocítico, granulomatosis linfomatoidea, entre otros.


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