Publicidad

Publicidad

Publicidad

Publicidad

Publicidad

Gastroenteritis

Autor: Redacción Onmeda (19. marzo 2012)

La gastroenteritis (infección gastrointestinal) es una inflamación de la mucosa del estómago y del intestino delgado y grueso que suele cursar con diarrea y vómitos. En España, los agentes etiológicos de enfermedades diarreicas más frecuentes son, sobre todo, los virus y, más raramente, también son producidos por bacterias y parásitos.

La gastroenteritis se transmite casi siempre mediante una infección por contacto: los agentes patógenos llegan a los objetos y superficies desde las deposiciones y los vómitos del enfermo. Desde allí, en caso de falta de higiene, los patógenos pueden llegar hasta la boca de otra persona a través de las manos y, por consiguiente, también hasta su estómago y su intestino, lo que daría lugar al contagio. Los médicos denominan a esta forma de contagio como transmisión fecal-oral.

Debido principalmente a las malas condiciones higiénicas, como sucede en los países en vías de desarrollo, los agentes patógenos de las gastroenteritis también se suelen transmitir por el agua potable o los alimentos contaminados por los gérmenes o sus tóxinas.

Normalmente, la causa de la infección gastrointestinal son norovirus en los adultos y rotavirus en los niños. Los síntomas de la gastroenteritis suelen comenzar de forma repentina. Las molestias de una gastroenteritis varían según el patógeno y pueden ser leves o muy intensas. La diarrea puede contener sangre y moco. Típicamente se produce:

Por lo general, en el caso de las personas con un buen estado de salud, el tratamiento de la gastroenteritis se limita a reponer los líquidos, electrolitos y nutrientes perdidos con la diarrea. Es importante beber mucho, sobre todo agua mineral, limonada alcalina o infusiones de hierbas sin azúcar. En el caso de la gastroenteritis de origen bacteriano, los pacientes, a veces, tienen que tomar medicamentos específicos contra los patógenos, es decir, antibióticos.

En la mayoría de casos la infección gastrointestinal se supera verdaderamente rápido y sin complicaciones: el vómito suele cesar al cabo de uno o dos días, la diarrea disminuye entre dos y siete días después. Por lo general, la gastroenteritis de origen vírico evoluciona de forma más leve que la desencadenada por bacterias.

Para evitar que los virus o bacterias sigan extendiéndose, los pacientes y sus contactos deben seguir ciertas medidas higiénicas, como lavarse las manos a menudo.

La gastroenteritis se conoce popularmente con la denominación de gripe estomacal, pero, aunque su nombre haga suponerlo, la gripe del estómago no tiene nada que ver con la gripe (influenza).

Definición

El término más apropiado para definir una inflamación del intestino y del estómago es gastroenteritis, que significa inflamación (“-itis”) del estómago (gastro) y del intestino (enter-). La gripe auténtica (influenza) no guarda relación alguna con este cuadro clínico. Otro término más adecuado es infección gastrointestinal.

La gastroenteritis también recibe otros nombres, aunque son de carácter popular, no usados como terminología médica:

  • Cólera nostras
  • Gripe intestinal
  • Gastrointestinal

Incidencia

La gastroenteritis es muy frecuente en el periodo de lactancia y la infancia: durante los tres primeros años de vida cada niño enferma de infección gastrointestinal dos o tres veces al año.

Causas

Las causas de la gastroenteritis pueden ser múltiples. A menudo tras una enfermedad diarreica se esconde una infección por un virus gastrointestinal, pero las gastroenteritis también pueden desencadenarlas muchas bacterias y algunos parásitos, así como otras causas no infecciosas.

Los siguientes virus se consideran causantes frecuentes de infecciones gastrointestinales:

En el caso de los lactantes y niños pequeños, los rotavirus ocupan el primer puesto entre las causas de la gastroenteritis, seguidos de los norovirus. En los adultos los norovirus causan aproximadamente la mitad de los casos. Las enfermedades diarreicas por norovirus se presentan a lo largo de todo el año, pero son más frecuentes en los meses de octubre a marzo.

Las bacterias también causan diarreas; a este respecto los científicos distinguen tres mecanismos (patogenia) distintos por los que los agentes patógenos pueden causar una diarrea:

  1. De tipo secretor: las bacterias dañan las células de la mucosa intestinal y provocan la liberación (secreción) de electrolitos al interior del intestino (lumen intestinal). Para equilibrar la mayor concentración de electrolitos en el lumen intestinal, se difunde agua desde las células hacia la luz del intestino: la diarrea comienza. Normalmente, es causada por una toxina de la bacteria que provoca la activación de la secreción de electrolitos por la célula.
  2. De tipo invasivo: las bacterias penetran al interior de las células del intestino, donde se multiplican y terminan por destruirlas. La consecuencia es una infección purulenta. Las diarreas son mucosanguinolentas y van acompañadas de dolores abdominales espasmódicos.
  3. De tipo penetrante o mecanismo mixto o no preciso: las bacterias no destruyen las células, pero provocan una inflamación. No está claro por qué y cómo se produce exactamente la diarrea. Posiblemente se produce una adhesión de las bacterias a las células y un aumento de la secreción de moco.

Son agentes causales bacterianos frecuentes:

  • De tipo secretor: Vibrio cholerae (enfermedad: cólera), ECEP (Escherichia coli enteropatógena), ECET (Escherichia coli enterotoxigénica),
  • De tipo invasivo: Shigella (enfermedad: disentería o shigellosis), Campylobacter, Clostridium difficile, ECEI (Escherichia coli enteroinvasiva), ECEH (Escherichia coli enterohemorrágica),
  • De tipo penetrante: salmonella (enfermedades: salmonelosis o enteritis por Salmonella) y Yersinia.

Las abreviaturas ECEP, ECET, ECEI y ECEH denominan a cepas patógenas de la bacteria intestinal Escherichia coli (E. coli, EC).

Además de los virus y las bacterias, los parásitos denominados protozoos también provocan infecciones gastrointestinales del estómago. Son patógenos típicos:

  • la Giardia intestinalis o Giardia lamblia (enfermedad: giardiasis o lambliasis, disentería por lamblia),
  • la Entamoeba histolytica (enfermedad: amebiasis).

Contagio

La gastroenteritis se suele contagiar directamente de una persona a otra: los patógenos del enfermo se eliminan mediante sus deposiciones y vómitos y se distribuyen de forma inadvertida por su entorno, por ejemplo, por objetos y superficies. Por último, mediante una infección por contacto a través de las manos, los patógenos pasan primero a la boca de otra persona y luego a su estómago y su intestino. De este modo se produce el contagio (transmisión fecal-oral). Algunos virus son tan contagiosos que una pequeña cantidad de 10 a 100 virus ya es suficiente para infectar a otras personas.

Asimismo, al vomitar pueden llegar directamente a otras personas pequeñas gotitas con contenido vírico a través del aire (infección por gotitas de flugge). Esta es la razón por la que las infecciones por virus de este tipo se propagan tan rápido a veces, por ejemplo, en guarderías, hospitales, residencias de ancianos o centros asistenciales. Así pues, la gastroenteritis es absolutamente contagiosa.

Además también se puede contraer a través de alimentos contaminados, como pescado y marisco, o bebidas (agua contaminada). Esto afecta sobretodo a los países de regiones tropicales y subtropicales. La amebiasis cuyo parásito patógeno causante es la Entamoeba histolytica) se suele extender, por ejemplo, a través del agua potable contaminada.

En el caso de los norovirus los pacientes pueden contagiar a otras personas si:

  • Se tienen síntomas agudos de la enfermedad.
  • Como mínimo hasta 48 horas después de que estos hayan disminuido.

Dado que los norovirus se siguen expulsando incluso semanas después, también se puede producir un contagio posterior, aunque es menos probable.

Síntomas

Los síntomas de una gastroenteritis infecciosa o infección gastrointestinal comienzan de forma repentina (aguda). Estos síntomas son los siguientes

  • Diarrea de moderada a intensa
  • Vómitos

Se habla de diarrea cuando aumenta la frecuencia de las deposiciones y/o cuando se alteran sus características, siendo demasiado pastosas o demasiado líquidas. Según la definición, este es el caso, por ejemplo, si se realizan más de tres deposiciones muy fluidas al día. A menudo también aumenta la cantidad de cada deposición.

Además de diarrea y vómitos, la gastroenteritis también suele provocar dolores abdominales de tipo espasmódico.

Una infección gastrointestinal muy prolongada puede dar lugar a una pérdida de líquido y electrolitos muy considerable. A la debilidad causada por la infección se le suma la originada por la pérdida de líquido, que también puede provocar, entonces, problemas circulatorios por hipotensión y pérdida de volumen. Los lactantes, niños pequeños y ancianos reaccionan de forma muy sensible. Por lo tanto, lo más adecuado en estos casos es reemplazar pronto dichas pérdidas (por lo general bebiendo mucho agua en el caso de los procesos leves o mejor bebidas isotónicas, como la limonada alcalina) es un aspecto prioritario del tratamiento.

Otros posibles síntomas de la infección gastrointestinal son dolor abdominal, náuseas, dolor de cabeza y dolor en las extremidades. En ocasiones se tiene una fuerte sensación de malestar general. La gastroenteritis no suele ir acompañada de fiebre, no obstante, la temperatura corporal puede estar algo elevada, aunque esto depende del agente etiológico y el mecanismo de acción para generar la diarrea.

Según el patógeno y el estado de salud general del afectado, también es posible que la enfermedad evolucione de forma muy leve y, a veces, ni siquiera se presente casi síntomas.

Diagnóstico

El diagnóstico de la gastroenteritis se realiza la mayoría de las veces atendiendo a las molestias típicas. Es importante determinar cuánto líquido está perdiendo el enfermo con la diarrea y los vómitos, si existen complicaciones y qué otros diagnósticos se podrían considerar también, por ejemplo, intolerancias alimentarias como la intolerancia a la lactosa.

Por lo general basta con que el médico pregunte por la historia clínica (anamnesis) y realice un examen físico al paciente, el cual debe indicar los siguientes puntos:

  • Desde cuándo padece la diarrea.
  • Qué cantidad y con qué frecuencia se producen los vómitos y las deposiciones.
  • Qué aspecto tienen las deposiciones y si contienen mucosa, sangre o pus.
  • Qué otras molestias se han presentado (por ejemplo, dolor abdominal, fiebre o dolor en las extremidades.

El tipo y la cantidad de alimentos y líquidos ingeridos en las horas previas también juegan un papel muy importante, ya que esta información ayuda al médico a estimar el estado actual de las reservas de líquido y energía del paciente, así como encontrar el agente causante y la forma de contagio. También es de interés si se ha estado previamente en el extranjero, qué medicamentos se toman (por ejemplo, antibióticos) y si se padecen otras enfermedades (como enfermedades intestinales o metabólicas).

Una gastroenteritis solo requiere pruebas posteriores para afianzar el diagnóstico en determinadas situaciones. Por ejemplo, en las siguientes:

  • La gastroenteritis presenta una evolución grave y/o las deposiciones contienen sangre.
  • Aparecen complicaciones (por ejemplo, una sepsis).
  • En situaciones de depresión del sistema inmunológico (por ejemplo, en el caso del SIDA).
  • Afecta a un lactante menor de tres meses.
  • El paciente ha estado recientemente en un “país de riesgo”.
  • Se tienen dudas con respecto al diagnóstico.
  • se presentan con carácter epidémico (afecta a varias personas en instalaciones comunitarias, por ejemplo, un jardín de infancia).

Para averiguar qué patógeno causa la gastroenteritis se analiza una muestra de heces en el laboratorio.

Tratamiento

En la mayoría de los casos la gastroenteritis o infección gastrointestinal solo requiere un tratamiento que reponga y equilibre tanto la pérdida de líquidos y electrolitos como la energía perdida. En el caso de los adultos con buen estado general de salud, la infección gastrointestinal evoluciona a menudo de tal forma que los síntomas mejoran por sí mismos y el cuerpo se recupera sin medicamentos especiales.

El tratamiento de los casos leves consiste en las siguientes medidas generales:

  • Ingerir líquidos. Sobre todo isotónicos
  • Reposar o guardar cama para recuperar la energía

Dado que un tratamiento de este tipo no combate de forma específica la causa de la enfermedad, es decir, al patógeno, lo médicos lo denominan tratamiento sintomático. Este disminuye las molestias y acorta el tiempo hasta la curación. Según lo acusados que sean los síntomas de la gastroenteritis, puede ser necesario realizar el tratamiento en el hospital. Allí se administran al afectado los fluidos necesarios por vía intravenosa o mediante una sonda nasogástrica si éste ha perdido mucho líquido o en los casos en los que no bebe o no puede beber lo suficiente.

En el caso de los lactantes, niños pequeños y ancianos (sobre todo si presentan enfermedades previas) la gastroenteritis comporta ciertos riesgos. Por lo tanto, es importante que el médico prescriba un tratamiento adecuado para estos grupos de personas lo más precozmente posible. Las bebidas con cola no son apropiadas para los lactantes y los niños pequeños. La razón es que su gran contenido de azúcar favorece a veces la difusión de agua del organismo al interior del intestino, que ya de por sí es mayor debido a la diarrea.

Puesto que los niños reaccionan de forma mucho más sensible a las pérdidas de líquidos que los adultos (cuanto menor se es, más acusada es la reacción), esta pérdida de líquido resulta peligrosa. Además, la cafeína que contiene la cola intensifica la pérdida de potasio ya existente por ser diurética. Las mezclas de zumo de limón, sal, bicarbonato, azúcar y agua elaboradas por uno mismo pueden ser apropiadas para equilibrar la pérdida de líquidos, siempre y cuando siga la indicación de su médico en cuanto a las dosis de cada componente de la mezcla; es la llamada limonada alcalina.

En los casos de gastroenteritis lo que hay que hacer más que nada es dar de beber al niño más de lo que se hace normalmente, para lo que, según la edad y el hábito hasta el momento, resultan apropiados la leche materna, la leche para lactantes, el agua o la limonada alcalina entre otros. Si es posible, según el caso se debe dar el pecho al bebé o bien alimentarlo o darle de comer normalmente. Las pausas prolongadas en la alimentación o la “comida especial de régimen o para recuperar peso” no son necesarias. Si se pierde mucho líquido, las pérdidas se deben compensar con una solución de electrolitos especial (principio activo di-sodio hidrógeno citrato).

Beber mucho es la parte más importante del tratamiento contra la gastroenteritis.

Una solución de electrolitos y azúcar de este tipo se denomina en términos técnicos solución de rehidratación oral, abreviada SRO. Ésta es especialmente adecuada para compensar la pérdida de líquidos de lactantes, niños pequeños y personas ancianas y enfermas y combatir la deshidratación o evitarla. La solución contiene la mezcla exacta que necesita el cuerpo: electrolitos, disueltos en agua, como sal de cocina (NaCl), cloruro de potasio (KCl) o citrato de sodio.

Si bien el tratamiento a base del remedio casero de “cola y barritas saladas” no tiene por qué perjudicar necesariamente a los adultos con gastroenteritis y diarrea leve, tampoco es recomendable. Las barritas saladas aportan sobre todo sodio, pero el cuerpo también necesita potasio. Por lo tanto, lo mejor es comer también plátanos, ya que contienen mucho potasio. Procure beber mucho, por ejemplo, agua mineral o limonada alcalina. En los casos de intensidad moderada los pacientes pueden comprar preparados de electrolitos en la farmacia.

Medicamentos

La gastroenteritis requiere un tratamiento con medicamentos específicos contra los patógenos sólo en casos determinados. En el caso de las infecciones bacterianas, estos medicamentos son los antibióticos. Este sería el caso de, por ejemplo, algunas formas de diarrea del viajero, que a menudo están causadas por bacterias como la salmonella, la shigella, la Yersinia o cepas patógenas de Escherichia coli.

Los antibióticos no ejercen efecto alguno contra los virus, por lo que quedan descartados para el tratamiento de una gastroenteritis vírica (por ejemplo, por rotavirus o norovirus).

Además, existen medicamentos contra una diarrea de carácter más intenso cuyo fin no es actuar directamente combatir los agentes patógenos, sino mitigar los síntomas. Consulte con su médico cuáles de ellos son apropiados para usted (en el caso de algunas sustancias, hasta la fecha no existen pruebas claras de su eficacia). Algunos ejemplos de sustancias activas contra la diarrea son:

  • Opiáceos: la sustancia activa loperamida inhibe la motilidad del intestino (inhibidor de la motilidad) y, con ello, reduce la frecuencia de la diarrea. La loperamida no es apropiada para la diarrea causada por bacterias de tipo invasivo (por ejemplo, Shigella), ya que la inmovilidad del intestino provoca que tanto las sustancias tóxicas producidas por las bacterias como ellas mismas se eliminen más lentamente, prolongando el daño. Asimismo, no se debe dar loperamida a los lactantes y los niños pequeños.
  • Carbón activado (carbo medicinalis, carbón medicinal): es un agente adsorbente, es decir, una sustancia que puede absorber otras sustancias.
  • Sustancias mucilaginosas: por ejemplo, pectina
  • Astringentes: preparados de taninos; éstos actúan como antiinflamatorios sobre la mucosa intestinal, por lo que se libera menos agua hacia el interior del intestino.
  • Levaduras (por ejemplo, Saccharomyces cerevisiae) o levaduras liofilizadas: pueden actuar determinadas bacterias y hacerlas inofensivas, pero todavía no está claro si son útiles para tratar la diarrea.

Si el afectado presenta vómitos muy intensos, estos se pueden combatir con medicamentos (denominados antieméticos) que alivian las nauseas, por ejemplo, la sustancia activa ondansetrón.

Evolución

Una gastroenteritis, o infección gastrointestinal, evoluciona sin complicaciones la mayoría de las veces y los pacientes se recuperan verdaderamente rápido. Sin embargo, también existen formas graves de gastroenteritis y, especialmente en el caso de los lactantes, niños pequeños y ancianos, la pérdida de líquidos puede alcanzar dimensiones críticas que requieren un tratamiento específico y rápido. Por lo general una gastroenteritis dura entre dos y seis días.

En los casos de infección por norovirus se aconseja ser especialmente cuidadoso con los ancianos que presentan patologías previas.

El peligro de una infección gastrointestinal es que la pérdida de líquidos y electrolitos puede ser llegar a ser tan acusada como para provocar un fallo orgánico (por ejemplo, fallo renal) o multiorgánico.

La gastroenteritis suele remitir por sí sola en pocos días.

Complicaciones

Son posibles complicaciones de una gastroenteritis:

  • Shock debido a la falta de volumen sanguíneo (choque hipovolémico; a causa de la gran pérdida de líquidos disminuye el volumen sanguíneo circulante).
  • Septicemia, que puede conducir a un shock séptico.
  • Hipoglucemia.
  • Perforación intestinal.
  • Existen factores individuales que la favorecen.

Estas complicaciones se pueden prevenir bien con un tratamiento adecuado, siempre y cuando se disponga de una buena atención médica. En los países con una asistencia médica deficiente, las patologías diarreicas figuran entre las razones más frecuentes de enfermedad y muerte: en los países en vías de desarrollo mueren cada año hasta 600.000 niños menores de cinco años debido únicamente a las consecuencias de una gastroenteritis por rotavirus.

Prevención

La gastroenteritis se puede prevenir cumpliendo ciertas normas de higiene, como lavarse las manos después de ir al baño o despúes de cambiarle el pañal a un bebé. Además, hay que ser especialmente cuidadoso si se tiene contacto con enfermos. En el hospital existen medidas higiénicas que es imprescindible cumplir para evitar que se sigan propagando los agentes patógenos.

Dado que el contagio de una infección por bacterias también se puede producir a través de bebidas y alimentos contaminados, se deben cocinar bien todas las comidas, especialmente la carne, el pescado y el marisco.

En algunos casos existen vacunas contra algunos patógenos causantes de gastroenteritis que puede proteger de la enfermedad. Desde el 2006 existe una vacuna contra los rotavirus. Las sociedades de especialistas españolas y europeas recomiendan esta vacuna para todos los lactantes, incluso para los prematuros.

La EMEA (la Agencia Europea de Medicamentos) considera que “la vacuna de rotavirus presenta una relación beneficio riesgo muy positiva”, por tanto se considera que su recomendación reducirá la morbilidad infantil y mejorará calidad de vida de las familias y de la sociedad en general.

En un documento de consenso relativamente reciente y realizado, según las normas de medicina basada en la evidencia, la Sociedad Europea de Enfermedades Infecciosas Pediátricas (ESPID) y la Sociedad Europea de Gastroenterología, Hepatología y Nutrición (ESPGHAN), también han recomendado la vacunación de todos los lactantes en Europa.

El Comité Asesor de Vacunas (CAV) de la AEP (Asociación Española de Pediatría) ha considerado oportuno incluir la vacunación frente a rotavirus en su Calendario desde el 2008, y, recomendar a todos los pediatras la vacunación universal frente a este agente.

Si bien, por el momento no está incluida en la financiación de la Seguridad Social, es altamente recomendable que usted vacune a su bebé contra este agente.

Fuentes

Harrison. Principios de Medicina Interna; Anthony Fauci; 17ª ed. 2008; McGraw-Hill.

Tratado de Medicina Interna. Farreras, Rozman; 16ª Ed. 2008; Elsevier.

Vacunación frente a ROTAV I R U S. Documento de Consenso de las Sociedades Científicas.

Onmeda International

 





Publicidad