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Diabetes: Síntomas

Autor: Redacción Onmeda Revisión médica: Dr. Tomás Rodelgo (11 de Noviembre de 2016)

Los síntomas de la diabetes mellitus dependen de lo avanzada que esté la enfermedad. Al principio, tanto en la diabetes mellitus tipo 1 como en la diabetes mellitus tipo 2, los síntomas son mínimos o nulos.

Los síntomas típicos de la diabetes son los siguientes:

  • Sed intensa (polidipsia)
  • Fatiga, agotamiento
  • Aumento de la orina (poliuria)
  • Prurito
  • Bulimia (polifagia)
  • Pérdida de peso
  • Propensión a las infecciones

La evolución inicial de la diabetes mellitus tipo 2 suele discurrir sin molestias y no muestra síntomas, por lo que normalmente solo se detecta casualmente en los exámenes rutinarios. Los diabéticos tipo 2 tienen unos síntomas tan leves que durante mucho tiempo no ven ningún motivo para acudir al médico. Por este motivo, la diabetes tipo 2 suele detectarse tarde, y a menudo no se detecta hasta que la enfermedad ya ha causado efectos tardíos. Entre estas secuelas se incluyen, por ejemplo, enfermedades de la retina o de los riñones, pero también disfunción eréctil o trastornos de la menstruación.

Suele afectar a las personas mayores (por eso también se denominaba diabetes senil), aunque cada vez son más los jóvenes que padecen diabetes mellitus tipo 2.

En la diabetes mellitus tipo 1 también pasan meses hasta que aparecen los síntomas. Esta forma de diabetes suele afectar a las personas jóvenes. Cuando se destruyen alrededor del 80% de las células insulares productoras de insulina, el cuerpo ya no puede compensar la falta de insulina y aparecen los síntomas. En cualquier caso, los síntomas de la diabetes tipo 1 suelen ser mucho más acusados que los de la diabetes tipo 2. Así, a veces el primer síntoma de la diabetes mellitus tipo 1 puede ser un coma diabético provocado por niveles de glucosa en sangre demasiado altos. En el coma diabético se produce la pérdida de la consciencia y un olor típico del aliento a acetona.

Complicaciones tardías

Con el paso del tiempo la diabetes mellitus (enfermedad del azúcar) puede ocasionar complicaciones tardías. El objetivo del tratamiento es regular lo más correctamente posible el nivel de glucosa en sangre y llevar un estilo de vida saludable para así retrasar el mayor tiempo posible la aparición de complicaciones.

Daño de los vasos sanguíneos pequeños (microangiopatía o complicaciones microvasculares)

Los niveles de glucosa en sangre permanentemente elevados dañan especialmente los vasos sanguíneos pequeños produciendo la denominada microangiopatía diabética.

Las paredes de los vasos sufren alteraciones de su permeabilidad. Además, se producen engrosamientos en las paredes de los vasos que pueden provocar la obstrucción de los vasos, y con ello también trastornos del riego sanguíneo.

La microangiopatía diabética suele afectar especialmente a la retina del ojo y a los riñones, provocando enfermedades graves en estos órganos.

Daño de la retina (retinopatía diabética)

Es la complicación crónica microvascular más frecuente que presentan los diabéticos. Si los vasos están permanentemente dañados durante mucho tiempo, disminuye el riego sanguíneo en la retina. Se trata de la denominada retinopatía diabética. Esta enfermedad secundaria puede prevenirse si se presta atención a los niveles de azúcar en la sangre. Con la alteración de los vasos se transforma el fondo de ojo (pared interna del globo ocular). Se forman cicatrices que pueden provocar trastornos de la vista e incluso ceguera. El 30% de las cegueras en Europa están causadas por la retinopatía diabética. Es la causa más frecuente de nuevos casos de ceguera entre los adultos de 20 a 75 años de edad. Durante los primeros veinte años de la enfermedad, casi todos los pacientes diabéticos tipo 1 y más del 60% de los diabéticos tipo 2 desarrollan esta grave complicación. En los diabéticos tipo 1, el 85% de los casos de ceguera se debe a la retinopatía diabética. En los diabéticos tipo 2, un tercio de los casos de ceguera legal (con cierta visión, pero incapacitado para el trabajo) se debe a la retinopatía diabética.

Daño de los riñones (nefropatía diabética)

Si durante mucho tiempo no se regulan correctamente los niveles de azúcar en la sangre, los daños producidos en los vasos pueden afectar a los riñones. La consecuencia es la denominada nefropatía diabética. Esta puede provocar una insuficiencia renal que acabe haciendo necesario sustituir la función renal dañada (el filtrado de la sangre) por un método artificial (diálisis) de manera habitual. Además, como consecuencia del daño renal también puede aumentar la presión sanguínea (hipertensión). En Europa y en Estados Unidos más del 50% de los pacientes de diálisis son diabéticos. Esto explica la importancia de regular correctamente el nivel de azúcar en la sangre.

Daño de los nervios

Los niveles de glucosa en la sangre permanentemente elevados dañan sobre todo los nervios pequeños y provocan trastornos sensoriales (polineuropatía diabética). Las personas afectadas se quejan de dolores en los pies (en inglés, burning feet syndrome). La percepción de la temperatura también puede cambiar a causa de la polineuropatía diabética, de forma que aparece la sensación de pies fríos. Con una prevención correcta se puede hacer mucho para evitar estos daños en los nervios.

Pie diabético

Los daños en los nervios (neuropatía) y/o los trastornos del riego sanguíneo (vasculopatía) en los pies favorecen la lesión de los tejidos, produciéndose heridas de difícil curación que pueden ulcerarse e infectarse y evolucionar a gangrena que, en ocasiones, incluso requiere amputaciones. Por eso los diabéticos de edad avanzada deben comprobar diariamente que no tienen puntos de presión ni heridas en los pies y acudir al médico si los detectan. También es importante llevar un calzado cómodo y cuidar delicadamente los pies.

El pie diabético es una complicación crónica de la diabetes mellitus muy sencilla y fácil de prevenir. El pie diabético, igual que las otras complicaciones de la diabetes, puede evitarse si las personas afectadas comprueban cuidadosamente el nivel de glucosa en la sangre y llevan un estilo de vida saludable. La amputación solo es necesaria en casos muy graves que ya no pueden tratarse.

Daño de los vasos sanguíneos grandes (macroangiopatía o complicaciones macrovasculares)

La diabetes mellitus contribuye considerablemente a la arterioesclerosis que puede incluso alcanzar la calcificación de las arterias en los vasos sanguíneos de gran calibre. Se trata de la denominada macroangiopatía diabética.

Los niveles altos de lípidos en la sangre, la hipertensión, el sobrepeso y el consumo de nicotina (tabaco) elevan especialmente el riesgo de sufrir enfermedades como las siguientes:

Disfunción eréctil y trastornos de la menstruación

Los daños en los nervios y los trastornos del riego sanguíneo que aparecen en el marco de la diabetes también pueden provocar disfunción eréctil, trastornos de la excitabilidad sexual y dificultades de erección. Es posible que a las mujeres se les altere la menstruación.


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