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Cistitis (infección de orina)

Autor: Redacción OnmedaRevisión médica: Dr. Tomás Rodelgo

Una de cada dos mujeres conoce los síntomas típicos de una cistitis: escozor al orinar, dolor en la zona abdominal justo encima de la vejiga y un constante deseo de orinar.

La cistitis o infección de orina es una infección de las vías urinarias bajas o de la vejiga. Durante una cistitis se produce la inflamación de la mucosa (urocistitis) o de toda la pared de la vejiga (pancistitis). Dependiendo de la evolución, los facultativos diferencian entre la cistitis aguda (primoinfección o infección aislada), recurrente y la crónica.

La vejiga forma junto con la uretra, el uréter y los riñones el denominado tracto urinario: la uretra y la vejiga forman las vías urinarias inferiores, y el uréter y los riñones las vías urinarias superiores. Por esta razón, la infección de orina, más conocida como cistitis, es una infección de orina inferior, lo mismo que la uretritis.

La mayoría de las veces la cistitis está causada por bacterias. En especial la bacteria Escherichia coli, que normalmente está presente en el colon, se introduce en las vías urinarias llegando a la vejiga y provocando así una infección. También los virus, hongos y parásitos pueden ser los causantes de la infección.

Los hombres no suelen verse afectados por las cistitis. Esto se debe a que en los hombres la uretra es más larga que en las mujeres, por lo que los agentes patógenos no lo tienen tan fácil para penetrar en la vejiga y provocar la infección de la misma.

Puesto que la mayoría de las cistitis están causadas por bacterias, por lo general, los antibióticos son el remedio más efectivo contra las infecciones de orina: con su ayuda puede curarse la infección de forma rápida y efectiva. Por otro lado, se aconseja beber suficiente líquido y abrigarse bien. Si el motivo de la infección de orina es un flujo de la orina obstruido (por ejemplo, cálculos vesicales o una hiperplasia de próstata aumento de la próstata), el tratamiento tiene que ir dirigido también a eliminar la causa de tal obstrucción.

La regla general es que quien bebe mucho, va al baño con regularidad, se abriga especialmente en los meses fríos y observa determinadas normas de higiene, está protegiendo su vejiga de los gérmenes patógenos y puede, de este modo, prevenir en gran medida una cistitis. También es de gran ayuda el zumo de arándanos, porque los arándanos contienen sustancias que pueden evitar que las bacterias aniden en las mucosas y provoquen una infección de orina.

Definición

Grafik der weiblichen Geschlechtsorgane
Los órganos sexuales femeninos.
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Una cistitis o infección de orina es una infección de la mucosa (urocistitis) o de toda la pared (pancistitis) de la vejiga. Tales infecciones urinarias pueden presentarse de forma aislada, aguda, o repetirse de forma recurrente pudiendo finalmente dar lugar a una cistitis crónica. La mayor parte de las veces las cistitis no presentan complicaciones. Una cistitis sin complicaciones se produce por definición cuando:

  • Se desarrolla una infección aguda.
  • El funcionamiento y la anatomía del tracto urinario son normales.
  • Los riñones trabajan correctamente.
  • No se observan enfermedades acompañantes que favorezcan una agravación (como la diabetes mellitus).

El denominado tracto urinario está formado por la vejiga, la uretra, el uréter y los riñones. Por su parte, la uretra y la vejiga forman las vías urinarias inferiores y el uréter y los riñones las vías urinarias superiores. Por ello, la cistitis es, al igual que la uretritis, una infección de las vías urinarias inferiores.

Los causantes de la infección de orina acceden a la vejiga a través de la uretra. Esta es la razón por la cual la infección de las vías urinarias inferiores solo causa molestias en la parte inferior del tracto urinario, como dolor al miccionar (disuria), necesidad de orinar urgente, micciones frecuentes en pequeñas cantidades o dolor en la zona abdominal inferior.

No obstante, en caso de que los agentes patógenos que causan la cistitis sigan ascendiendo desde la vejiga por el uréter, pueden provocar una pielitis (una infección de la pelvis renal), una pielonefritis (infección de la pelvis y el tejido renal) y, en casos graves, una septicemia (urosepsis).

Incidencia

Las cistitis pertenecen al grupo de infecciones que más frecuentemente provocan una visita al médico. Son especialmente frecuentes en el caso de las mujeres: alrededor del 50 al 70% de las mujeres se han visto afectadas, al menos una vez en su vida, por una infección de orina. En un porcentaje que varía entre el 5 y el 10% de los casos, las cistitis son recurrentes. En un porcentaje próximo al 5% de las mujeres en edad fecunda se hallan bacterias en la orina (bacteriuria).

El riesgo de una cistitis aumenta durante el embarazo, porque la orina solo puede avanzar lentamente a través de las vías urinarias. La orina se va acumulando, los gérmenes permanecen durante más tiempo en la vejiga, aumentando así el riesgo de infección. En torno al 5% de las mujeres embarazadas desarrollan una cistitis.

Una cistitis causada por bacterias es infrecuente en hombres antes de haber cumplido los 50 años, porque su uretra es más larga que la de las mujeres, por ello los agentes patógenos no pueden acceder con tanta facilidad a la vejiga. Sin embargo, a partir de los 50 años aumenta en los varones la frecuencia de las infecciones de orina de origen bacteriano. La razón: los hombres desarrollan a partir de los 50 años más enfermedades relacionadas con la próstata. A esta edad, aumenta el tamaño de la próstata y se estrecha la uretra. Esto dificulta el flujo de orina, por lo que junto con la orina (orina residual) se acumulan en la vejiga y en la uretra agentes patógenos que pueden causar una infección de las vías urinarias.

Causas

Hay diferentes agentes patógenos que pueden causar una infección de orina o cistitis. La mayoría de las cistitis están provocadas por bacterias. Raramente los causantes de la inflamación de la vejiga son virus, hongos o parásitos. Si una cistitis aguda no es tratada correctamente, la persistencia de gérmenes puede provocar que reaparezca, en un intervalo corto de tiempo, un nuevo episodio. Las recurrencias también pueden deberse a recaídas (tras curarse la infección el mismo germen vuelve a provocar otra) o a nuevas reinfecciones (por otros gérmenes distintos).

Bacterias

Una cistitis provocada por bacterias tiene su origen con frecuencia en bacterias que proceden de la flora intestinal y que ascienden por la uretra hacia la vejiga. Normalmente se trata de la bacteria Escherichia coli. Este tipo de bacteria es responsable del 80% de todas las infecciones de orina causadas por bacterias. Pero también hay otras bacterias que pueden causar una infección de la vejiga, como los enterococos, los proteus y los estafilococos.

Las cistitis provocadas por bacterias afectan principalmente a mujeres. Esto se debe a dos razones:

  1. A que la uretra es más corta que en los hombres, por lo que también las bacterias tienen que recorrer un camino más corto hasta la vejiga.
  2. A que la apertura de la uretra está más cerca del ano que en el hombre.

Por lo general, las bacterias acceden a la uretra mediante una infección por contacto desde el ano o las heces. Así, por ejemplo, se producen infecciones por contacto durante el acto sexual. Esta es la causa por la cual las mujeres sexualmente activas sufren con más frecuencia cistitis provocadas por bacterias. El paradigma de esta infección de orina aguda en mujeres que tienen frecuentes relaciones sexuales es la denominada cistitis de la luna de miel.

Virus, hongos o parásitos

En ocasiones poco frecuentes las bacterias no son las causantes de una cistitis, sino que son virus, hongos o parásitos los causantes de la cistitis. Entre los posibles desencadenantes no bacterianos se encuentran:

  • Los adenovirus y los poliomas: son casi siempre la causa de una infección de orina con hamaturia (cistitis hemorrágica).
  • Candida albicans: este hongo se asienta especialmente en las vías urinarias de personas cuyo sistema inmunitario está debilitado o que toman determinados antibióticos.
  • Una forma especial de cistitis crónica es la denominada cistitis granulomatosa (granuloma = nódulo). Se produce como consecuencia de una determinada verminosis (la esquistosomiasis o bilharziasis), muy extendida en regiones tropicales y subtropicales.

Factores de riesgo

Una cistitis no solo tiene sus causas en los correspondientes agentes patógenos. Para que llegue a desarrollarse también hay otros factores de riesgo que desempeñan un papel importante que alteran el vaciado de la orina de la vejiga favoreciendo así las infecciones de orina porque: en caso de desórdenes en el vaciado de la orina, las bacterias pueden provocar más fácilmente una infección de orina porque en estos casos la orina permanece más tiempo en la vejiga y en los uréteres. Los agentes patógenos tienen más tiempo para acumularse y causar una infección de la vejiga.

Un vaciado incorrecto puede deberse a diferentes causas. Entre los factores de riesgo para los desórdenes en el vaciado de la vejiga y, por tanto, para la formación de una cistitis encontramos:

  • El estrechamiento (estenosis) de la uretra.
  • Cuerpos extraños en la uretra.
  • Cálculos vesicales.
  • En el hombre: la dilatación de la próstata.
  • Malformaciones congénitas en las vías urinarias.
  • Un tumor en la vejiga y en la uretra.

Igualmente, el funcionamiento del vaciado de la vejiga puede verse afectado por daños en los nervios que pueden actuar como factores de riesgo para la formación de una cistitis. Entre las posibles causas de tales daños neurológicos se citan las paraplejias o la diabetes mellitus.

El embarazo también se halla entre los factores de riesgo de sufrir una cistitis, porque en la fase avanzada del embarazo la orina fluye a una velocidad relativamente lenta por las vías urinarias. La consecuencia: la orina se acumula, los gérmenes permanecen durante más tiempo en la vejiga y pueden provocar más fácilmente una cistitis.

Además, existen otros factores de riesgo para desarrollar una cistitis aguda causada por bacterias distintos de las alteraciones del vaciado de la orina:

  • Enfriamiento.
  • Influencias psíquicas.
  • Un sistema inmunitario debilitado (por ejemplo, tras quimioterapia).
  • Cambios de la colonización bacteriana habitual de las vías urinarias de evacuación provocados, por ejemplo, por una sonda vesicular.

Algunas personas apenas se ven afectadas por las cistitis porque están protegidas por determinados factores genéticos que los protegen de las bacterias que causan las infecciones. Estas personas no cuentan con los receptores especiales en las mucosas de las vías urinarias. Las bacterias necesitan estos receptores como mecanismo de adhesión para acceder a las mucosas y provocar una inflamación. Los médicos denominan a estos receptores especiales “antígenos de grupo sanguíneo P”. Cuando faltan estos antígenos del grupo sanguíneo, las bacterias lo tienen tan difícil como si se tratara de un barco que intenta atracar en un país sin puertos.

Síntomas

La cistitis es una infección de las vías urinarias inferiores, por ello, sus síntomas se dan, por lo general, en la parte inferior del tracto urinario. Los síntomas frecuentes de una cistitis aguda son:

  • Quemazón durante la micción y la sensación de tener que presionar contra algo que opone resistencia.
  • Constante necesidad de orinar, si bien la persona afectada solo elimina una pequeña cantidad de orina durante la micción (polaquiuria).
  • Sensación permanente de deseo miccional (tenesmo).
  • Dolor en la parte inferior del abdomen, que se produce por la contracción espástica de la vejiga durante la micción.

En ocasiones, también se detecta presencia de sangre en la orina (hematuria) en caso de una cistitis aguda. Si la infección de la vejiga alcanza los riñones o la próstata, además de los propios síntomas de la cistitis, pueden darse otros como fiebre y dolor de espalda o también dolores en los costados.

Diagnóstico

El diagnóstico de una cistitis se produce en primer lugar tomando nota de los síntomas indicados y con un análisis de orina.

La cistitis es, al igual que la uretritis, una infección de las vías urinarias inferiores: la vejiga forma junto a la uretra el tracto urinario inferior, mientras que el uréter y los riñones forman el tracto urinario superior. Cuando los síntomas se limitan al tracto urinario inferior (por ejemplo, dolor al miccionar urgente, micciones frecuentes en pequeñas cantidades,necesidad de orinar o dolor en la zona abdominal inferior), se entenderá que se trata de una infección del tracto urinario inferior.

Cuando en el análisis de orina se detectan restos de sangre, olor fétido o su aspecto es purulento, se afianza la sospecha de cistitis. El médico puede verificar en este análisis para afianzar el diagnóstico:

  • Leucocitos en orina (piuria)
  • Acumulación de mucosidad
  • Residuos celulares descompuestos
  • En ocasiones, hematíes (glóbulos rojos)
  • En la mayoría de los casos, las bacterias en la orina (bacteriuria)

En algunos casos (por ejemplo, tuberculosis o cistitis actínica) no es muy útil la búsqueda de bacterias en la orina, pues en la fase temprana de la infección no es posible encontrarlas.

La sospecha fundada en la clínica y el análisis de orina se confirmará con el cultivo de orina (uroculivo), que permitirá confirmar con certeza el diagnóstico, averiguar qué germen es el productor de la infección y su sensibilidad a los diferentes antibióticos (antibiograma).

Además del análisis de orina, determinados valores en sangre también pueden determinar la existencia de una cistitis. Así, el número de leucocitos aumenta, por lo general. Además, puede detectarse un aumento de la velocidad de sedimentación de los glóbulos sanguíneos. Por norma general, esto indica la existencia de una infección.

Si la cistitis dura más tiempo del habitual o se produce de forma recurrente, se recomienda como segundo diagnóstico una cistoscopia, para excluir otras causas como un tumor vesical benigno o maligno. Durante la cistoscopia también es posible tomar muestras de tejido y analizarlas (biopsia).

Las cistitis también pueden ser una consecuencia de la verminosis, una enfermedad muy extendida en las regiones tropicales y subtropicales (esquistosomiasis). En este caso, el diagnóstico se realiza mediante la identificación del agente patógeno. No obstante, hay que tener en cuenta que los huevos de los parásitos no pueden identificarse hasta cinco o 12 semanas después de la infección de orina.

Tratamiento

El tratamiento de una cistitis va dirigido principalmente a mitigar los síntomas, porque la mayoría de las veces una infección de orina no acarrea ninguna complicación. Los medicamentos y el resto de medidas adecuadas dependerán de la correspondiente causa.

¿Qué puede hacer?

En caso de cistitis es imprescindible siempre acudir al médico para determinar el tratamiento adecuado, pero hay algunas cosas que puede hacer para ayudar al tratamiento:

  • beber mucho líquido, incluso cuando se produzca dolor al miccionar. El aumento de líquido lava las vías urinarias y contribuye a eliminar las bacterias.
  • Una bolsa de agua caliente y los baños de asiento relajan y pueden mitigar las molestias de la cistitis.

¿Qué puede hacer el médico?

Si siente algún síntoma de una infección de orina, es siempre recomendable acudir al médico porque solo el facultativo puede prescribir el tratamiento adecuado para curar la infección. Si solo recurre a remedios caseros en caso de cistitis y no termina de curar correctamente la infección por un tratamiento insuficiente, los agentes patógenos pueden ascender desde la vejiga por los uréteres y, en ocasiones, provocar una pielitis (infección de la pelvis renal), una pielonefritis (infección de la pelvis y el tejido renal) y, en casos graves, una septicemia (urosepsis).

Los medicamentos efectivos contra una cistitis aguda son antibióticos. Por lo general, eliminan los síntomas de forma rápida y eficaz. Es cierto que las molestias de una cistitis también desaparecen por sí mismas entre un 25 y un 42% de los casos sin necesidad de antibióticos, pero el tratamiento con antibióticos aumenta la tasa de curación notablemente y lucha, además, contra los causantes de la infección de orina. Por otro lado, tras un tratamiento con antibióticos apenas se reproducen las infecciones.

El tipo de antibiótico que se administrará contra la cistitis dependerá de diversos factores. Por ejemplo, de si ya ha existido un tratamiento previo con antibióticos, de si existe alergia a determinados antibióticos o de si se trata de una mujer embarazada. Un papel fundamental en la elección del medicamento recetado contra la cistitis lo desempeña el tipo de agente que ha causado la infección de orina. Aquí hay que tener en cuenta que muchos agentes patógenos pueden oponer resistencia a ciertas sustancias activas: son resistentes o inmunes. Así, algunos antibióticos habituales pueden no tener ningún efecto contra el agente patógeno más común en cistitis, la Escherichia coli. La ampicilina es ineficaz en el 60% de los casos, la combinación de trimetropin y sulfametoxazol (TMP-SMX) en el 30%. E incluso las quinolonas (inhibidores de las girasas), recetadas con frecuencia, han perdido su eficacia en uno de cada 10 tratamientos contra E. coli.

Frecuentemente se administra la combinación de trimetropin y sulfametoxazol para luchar contra las cistitis. No obstante, como remedio preferente para un tratamiento a corto plazo se utilizan la combinación de fosfomicina-trometamol o la nitrofurantoina. Ahora bien, la nitrofurantoína solo se recomienda cuando no pueden utilizarse remedios más efectivos y con menos riesgos para la infección de orina. Para el tratamiento de una cistitis durante el embarazo los medicamentos adecuados son la fosfomicina-trometamol o una cefalosporina. Deberá seguir el tratamiento con la pauta indicada y durante los días que haya prescrito el médico, si lo tolera bien. En caso contrario, deberá consultar con su médico y dejarse asesorar.

Una cistitis continua (crónica) o recurrente también puede tratarse con antibióticos. Los antibióticos recetados deben tomarse en tal caso durante un periodo de varias semanas. Algunas cistitis crónicas requieren tratamiento durante largos periodos de tiempo e incluso a veces deben utilizarse antibióticos de forma permanente.

El dolor espasmódico que se produce al orinaren una infección de orina es muy desagradable. Para mitigarlo, pueden utilizarse analgésicos espasmolíticos. Si se ve afectado el vaciado de la vejiga, también se recomienda en este caso corregir las causas. Si la razón es una dilatación de la próstata, una intervención quirúrgica puede solucionar la perturbación del vaciado de la orina.

Evolución

Una cistitis tiene, casi siempre, una evolución positiva. Si se trata a tiempo, su curación tiene lugar en el plazo de unos pocos días. En un porcentaje que varía entre el 25 y el 42% de los casos, las molestias de una cistitis aguda sin complicaciones desaparecen incluso por sí solas, pero un tratamiento con antibióticos puede acelerar notablemente la velocidad de curación y eliminar al mismo tiempo los agentes patógenos, por lo que rara vez se reproduce la infección.

Complicaciones

En ocasiones una cistitis puede estar relacionada con diferentes complicaciones, pudiendo verse afectados otros órganos además de la vejiga.

Así, una cistitis puede ocasionar complicaciones cuando las bacterias causantes de la infección ascienden desde la vejiga hacia otros órganos a través de los uréteres. Si las bacterias alcanzan los riñones, pueden causar una pielitis o una pielonefritis, que se manifiestan con fiebre, molestias la orinar. Por otro lado, también pueden presentarse dolor de espalda en la zona de los riñones. El riesgo de que una cistitis se extienda hacia el tracto urinario superior, tiene lugar únicamente en un porcentaje del 2%, incluso con un tratamiento insuficiente. En casos extraordinariamente raros con una evolución especialmente grave, puede darse un fallo renal grave. Igualmente, una de las consecuencias de una infección de orina puede ser una septicemia.

Una cistitis sin complicaciones, que no se extiende a otros órganos, tampoco provoca graves complicaciones en el caso de episodios recurrentes. Ahora bien, cuando la cistitis se reproduce de forma continuada y afecta a toda la pared de la vejiga, con el tiempo dicho órgano puede verse dañado: los tejidos de la vejiga pueden morir por una cistitis crónica (necrosis) y calcificarse, es decir, endurecerse. Si la enfermedad progresa, la vejiga puede reducirse (contracción de la vejiga). Solo en casos muy graves será necesario eliminar la vejiga quirúrgicamente y evacuar la orina artificialmente.

Prevención

La prevención de la cistitis es fácil si se tienen en cuenta unas pocas y sencillas medidas:

  • Beber mucho líquido. De este modo, enjuaga correctamente su vejiga y el tracto urinario, eliminando así las bacterias. Se recomiendan entre 1,5 y 2 litros diarios.
  • Si tiene necesidad de orinar, acuda al baño lo antes posible.
  • No utilice artículos de higiene personal perfumados o desinfectados.
  • En los meses fríos vístase con ropa que le abrigue suficientemente. Las camisetas demasiado cortas, por ejemplo, son desaconsejables en invierno.

Como la uretra de las mujeres es más corta, son más propensas a sufrir una infección de orina que los hombres. Para evitarlo es importante seguir las siguientes pautas:

  • Tras la deposición, se recomienda limpiarse siempre de delante hacia atrás (es decir, desde la vagina hacia el ano). De este modo, se evita que las bacterias perjudiciales penetren en la uretra.
  • Orinar lo antes posible tras mantener relaciones sexuales para expulsar los posibles gérmenes de su uretra.
  • Especialmente tras el sexo oral o anal, se recomienda utilizar preservativos si se va a tener lugar un acto sexual vaginal.
  • Ciertos anticonceptivos no son muy recomendables para mujeres con tendencia a sufrir cistitis. No resultan muy adecuados los diafragmas y los espermicidas. Los preservativos, por el contrario, protegen mejor ante los agentes patógenos.

Para aquellas mujeres que presentan episodios crónicos de cistitis, tienen a su disposición las siguientes medidas para prevenir las recidivas:

  • Complementar la alimentación con arándanos y productos derivados como el zumo de arándanos, porque los arándanos contienen sustancias que pueden evitar que las bacterias aniden en las mucosas y provoquen una infección de orina.
  • En determinadas circunstancias, el médico puede prescribir antibióticos durante un prolongado periodo de tiempo para prevenir la aparición repetida de una cistitis. Por otro lado, existe la posibilidad de tomar antibióticos después de tener relaciones sexuales. Pregunte a su médico sobre las posibilidades de un tratamiento con antibióticos para prevenir las infecciones crónicas recurrentes.
  • La cistitis es especialmente frecuente durante la menopausia. Una de las posibles causas es la falta de estrógenos. Por ello se postula la administración de estrógenos como una posible ayuda en estos casos.

Fuentes

Medicina de Familia. Principios y práctica; Robert B. Taylor; 2006; Masson.

Atención Primaria. Conceptos, organización y práctica Clínica; A. Martín Zurzo, J.F Cano Pérez; 2003; Elsevier.

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