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Cirrosis hepática

Autor: Redacción Onmeda Revisión médica: Dra. Belén Giménez (19 de Marzo de 2012)

© Jupiterimages/iStockphoto

La cirrosis hepática es el estadio avanzado o el estadio final de diferentes enfermedades del hígado que destruyen la estructura de este órgano. Debido al daño constante a los tejidos del hígado, éste se endurece y se contrae. Normalmente, esta enfermedad no suele ser reversible.

La cirrosis hepática puede darse por diferentes causas. En la mayoría de los casos (en más de la mitad) la cirrosis hepática se produce por un consumo excesivo de alcohol. Otras causas desencadenantes frecuentes son las inflamaciones del hígado causadas por virus como la hepatitis B, la C o la D. En raras ocasiones, la enfermedad puede estar causada por enfermedades metabólicas hereditarias como la hemocromatosis, en la que se da un almacenamiento excesivo del hierro, o como la fibrosis quística, en la que se produce demasiada mucosidad. También es posible que se deba a daños producidos por medicamentos o productos químicos.

En los casos de cirrosis hepática, los síntomas pueden presentarse con una intensidad muy diferente e incluso no existir. Los signos más frecuentes de la cirrosis hepática son síntomas generales como pérdida de energía, falta de concentración y fatiga. Muchos afectados también experimentan una presión o sensación de hinchazón por encima del ombligo. Además pueden darse lo que se conocen como signos en la piel: arañas vasculares (vasculares rojas), enrojecimiento del pulgar y el meñique (eritema palmar), labios y lengua rojos y brillantes. La coloración amarilla en el blanco de los ojos y la piel (ictericia) no es uno de los signos clásicos de la cirrosis hepática y normalmente aparece sólo cuando el hígado ya no funciona adecuadamente.

Cirrosis hepática: ¿qué es y cuáles son las principales causas que pueden provocar esta enfermedad del hígado?

La cirrosis hepática se puede detectar mediante la exploración clínica (palpación del hígado y del bazo), pruebas de laboratorio y ecografía. Además, para el diagnóstico es útil información sobre el trabajo, los hábitos de vida y el consumo de medicamentos. De ahí se extraerán los posibles factores de riesgo de una enfermedad del hígado. Para determinar las causas exactas de la cirrosis hepática, a veces se utilizan herramientas especiales de diagnóstico.

Para determinar la gravedad de la cirrosis hepática se utiliza la conocida como escala Child-Pugh o clasificación Child-Pugh. Mediante ésta se evalúa la función hepática y proporciona información sobre el pronóstico de la cirrosis. Los resultados Child A son el mejor pronóstico, siendo Child C el peor.

El tratamiento de la cirrosis hepática incluye medidas generales como la abstención de tomar sustancias que dañen el hígado (como el alcohol y determinados medicamentos) y se adaptan a la causa exacta de la enfermedad.


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