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Amigdalitis

Autor: Redacción Onmeda Revisión médica: Dra. María Arriaga (25 de Mayo de 2016)

© Getty Images

La amigdalitis aguda es una inflamación de las amígdalas causada, normalmente, por una infección vírica o bacteriana.

Los síntomas característicos de una amigdalitis aguda son dolor de garganta y dolor al tragar, inflamación de los ganglios linfáticos en la garganta, fiebre y una pronunciada sensación de malestar general. Hay que diferenciar la amigdalitis aguda, de la amigdalitis crónica. La amigdalitis aguda es una de las enfermedades más comunes en la infancia y en la mayoría de los casos aparece por un virus.

Ante sospecha de amigdalitis lo más recomendable es acudir al médico para recibir un diagnóstico certero y empezar cuanto antes con el tratamiento más adecuado. Normalmente, un examen físico de las amígdalas es suficiente para determinar si el paciente padece amigdalitis. Además, existen pruebas complementarias como un test rápido que permite detectar la presencia de estreptococo grupo A, típico causante de la amigdalitis aguda, o un exudado faríngeo. Atendiendo al tipo de amigdalitis se establece el tratamiento más adecuado.

El tratamiento de la amigdalitis consiste en la prescripción de medicamentos analgésicos y antipiréticos si está provocada por un virus, y de antibióticos, si la amigdalitis estuviese provocada por una bacteria.

Una amigdalitis crónica (amigdalitis aguda recurrente bacteriana) es un cuadro de amigdalitis aguda que se repite con cierta frecuencia a pesar de que se siga un tratamiento antibiótico. La amigdalitis crónica requiere casi siempre de una intervención quirúrgica para extirpar las amígdalas (amigdelectomía o tonsilectomía). Esto puede mejorar la calidad de vida del paciente. Si se elimina el origen de la infección (el foco infeccioso), puede reducirse notablemente el riesgo de enfermedades secundarias producidas por estreptococos en otros órganos. Cuando la amigdalitis se repite con mucha frecuencia puede dar lugar también a una faringitis crónica.

Una amigdalitis puede complicarse. No es muy frecuente, pero en una amigdalitis aguda las amígdalas pueden aumentar considerablemente de tamaño y provocar serios problemas respiratorios. Hay que tener especial precaución con los niños porque durante la infancia las amígdalas están dilatadas de por sí (hiperplasia tonsilar) y esta situación puede afectar a la respiración.

En caso de amigdalitis crónica, también pueden darse otras complicaciones como fiebre reumática.

La amigdalitis solo puede prevenirse indirectamente; así, el lavado frecuente de manos evita la transmisión de los virus y bacterias que la originan. Otras medidas adicionales pueden ser mantener un estilo de vida saludable que redunde en un mejor estado del sistema inmunitario.


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