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Amigdalitis

Autor: Redacción OnmedaRevisión médica: Dra. María Arriaga

La amigdalitis aguda es una infección de las amígdalas causada, normalmente, por virus. Las bacterias también pueden provocar una amigdalitis, especialmente los estreptococos A).

Ein Arzt untersucht den Hals eines kleinen Kindes

Los síntomas característicos de una amigdalitis aguda son dolor de garganta y dolor al tragar, inflamación de los ganglios linfáticos en la garganta, fiebre y una pronunciada sensación de malestar general. Hay que diferenciar la amigdalitis aguda, casi siempre purulenta, de la amigdalitis crónica que, normalmente, apenas supone molestias. Es frecuente que los niños y los jóvenes padezcan una amigdalitis.

Ante sospecha de amigdalitis lo más recomendable es acudir al médico para recibir un diagnóstico certero y empezar cuanto antes con el tratamiento más adecuado. Normalmente, un examen físico de las amígdalas es suficiente para determinar si el paciente padece amigdalitis y si esta es aguda o crónica. Además, existen pruebas complementarias como un análisis de una muestra faríngea del paciente. Muchas de las urgencias hospitalarias disponen de un test rápido que permite detectar la presencia de estreptococo grupo A, típico causante de la amigdalitis aguda. Atendiendo al tipo de amigdalitis se establece el tratamiento más adecuado.

El tratamiento de la amigdalitis consiste en la prescripción de medicamentos analgésicos y antipiréticos. Como remedio casero para bajar la fiebre se pueden aplicar compresas mojadas contra el cuerpo. Este sencillo gesto puede ayudar a regular la temperatura corporal.

Una amigdalitis crónica (tonsilitis crónica) requiere casi siempre una intervención quirúrgica para extirpar las amígdalas (tonsilectomía). Esto puede mejorar la calidad de vida del paciente. Si se elimina el origen de la infección (el foco infeccioso), puede reducirse notablemente el riesgo de enfermedades secundarias producidas por estreptococos en otros órganos.

Una amigdalitis puede complicarse. No es muy frecuente, pero en una amigdalitis aguda las amígdalas pueden aumentar considerablemente de tamaño y provocar asfixia. Hay que tener especial precaución con los niños porque durante la infancia las amígdalas están dilatadas de por sí (hiperplasia tonsilar) y esta situación puede afectar a la respiración.

En caso de amigdalitis crónica, también pueden darse complicaciones provocadas por agentes patógenos porque, debido a la infección crónica, siempre hay bacterias presentes.

No obstante, la amigdalitis solo puede prevenirse indirectamente. Refuerce su sistema inmunitario haciendo deporte de forma regular y con una alimentación rica en vitaminas y equilibrada. De este modo minimizará el riesgo de padecer una amigdalitis.

Definición

Una amigdalitis es una inflamación de las amígdalas. Se puede diferenciar entre una amigdalitis aguda y una crónica.

La amigdalitis aguda (tonsilitis aguda) es una inflamación repentina de las amígdalas causada por virus o por bacterias. Lo más común es que el agente patógeno, tanto en niños como adultos, sea viral. En niños menores de 3 años es más frecuente la etiología viral, de los 3 a los 15 años la etiología bacteriana es predominante y en el adulto lo normal es que la inflamación de las amígdalas se produzca por una infección vírica. Una amigdalitis crónica (tonsilitis crónica) significa que las amígdalas están infectadas de forma permanente por bacterias. Por lo general, no causa molestias o si se padecen estas son mínimas. La amigdalitis aguda se da principalmente en niños y jóvenes.

Anatomía

Cavidad bucal.
Cavidad bucal.

Las amígdalas se hallan en el paso entre la cavidad bucal y la faringe, entre el arco palatino anterior y el posterior. Las amígdalas, junto con otros órganos y tejidos del cuerpo humano, son responsables de desarrollar el sistema inmunitario en los primeros años de vida. El cuerpo aprende a rechazar y protegerse de sustancias ajenas y perjudiciales para el cuerpo, como los virus y las bacterias.

Las amígdalas (tonsilas) van aumentando de tamaño entre el primer y el tercer año de vida. Con el comienzo de la pubertad se van atrofiando paulatinamente. A partir de ese momento, las amígdalas dejan de tener una función decisiva. En caso de una amigdalitis crónica no consiguen desempeñar su función inmunitaria en la edad preescolar. Más bien al contrario, constituyen un foco de cultivo ideal para la proliferación de gérmenes y para una infección crónica. En este estadio resulta en ocasiones recomendable, eliminar las amígdalas, algo que, por lo general, no arrastra ninguna molestia.

Causas

Una amigdalitis puede tener varias causas. En caso de una amigdalitis aguda (tonsilitis aguda) las causas se deben generalmente a infecciones provocadas por virus y por determinadas cepas de bacterias. Las bacterias responsables de la mayoría de las amigdalitis bacterianas son los estreptococos del grupo A (estreptococos A). Los neumococos, estafilococos o Haemophilus influenzae son bacterias que también pueden ser los causantes de una amigdalitis. Un estado general debilitado o un sistema inmunitario debilitado favorecen la aparición de una amigdalitis. Entre las causas de un sistema inmunitario debilitado se encuentran el estrés y otras enfermedades.

Una amigdalitis aguda que se reproduce con frecuencia puede derivar en una amigdalitis crónica. Las causas de una amigdalitis crónica (tonsilitis crónica) se hallan en una infección constante del tejido amigdalino. Los productos bacterianos y las células muertas se acumulan en las criptas (una especie de canales en las mucosas) del tejido amigdalino, provocando así una inflamación permanente de las amígdalas. Esto provoca que el tejido cicatrice y se fisure, con lo que la amigdalitis sigue avanzando.

Síntomas

Los síntomas de una amigdalitis atienden al tipo de la patología. Dependiendo de si se trata de una amigdalitis (tonsilitis, angina tonsilaris) aguda o crónica, se presentan unos síntomas u otros.

La amigdalitis aguda (tonsilitis aguda) se manifiesta casi siempre por un dolor creciente en la zona superior de la garganta. Al tragar o al abrir la boca para bostezar el dolor puede extenderse hasta los oídos. A estos síntomas se añaden otras molestias generales como fatiga, dolor de cabeza y fiebre. En muchos casos, aumenta la producción de saliva y la voz suena opaca.

Existen otros gérmenes que también pueden causar una inflamación de las amígdalas. Estos tipos de amigdalitis no suelen ser tan frecuentes. La mononucleosis es una faringoamigdalitis viral causada por el virus Epstein-Barr que, además de los síntomas de inflamación de la faringe y amígdalas, síntomas catarrales, fiebre y malestar general, puede producir exantema, fatiga o hepatoesplenomegalia. La escarlatina, típica infección causada por estreptococo A, produce faringoamigdalitis, síntomas generales y un exantema típico. La escarlatina, típica infección causada por estreptococo A, produce faringoamigdalitis, síntomas generales y un exantema típico. La difteria es la faringoamigdalitis producida por la bacteria Corynebacterium diphtheriae que produce membranas faríngeas. Gracias a la vacunación este tipo de amigdalitis es muy poco frecuente. La angina herpética es una infección de las amígdalas causada por el virus herpes que presenta vesículas. La angina de Plaut-Vincent es un tipo de amigdalitis causado por bacterias aerobias y anaerobias.

En la amigdalitis crónica (tonsilitis crónica) apenas se dan síntomas agudos. En ocasiones aparece un sabor desagradable o dolores durante la deglución y halitosis. Además, una amigdalitis crónica puede manifestarse por otros síntomas como la disminución en la capacidad de concentración y de rendimiento. Los ganglios linfáticos pueden estar inflamados de forma permanente sin que el paciente sienta dolor alguno. Es frecuente que una amigdalitis crónica vaya acompañada de rebrotes constantes de amigdalitis aguda.

Una amigdalitis puede provocar también enfermedades secundarias. Las bacterias de las amígdalas pueden colonizar otros órganos o bien algunas células de defensa pueden atacar por error tejido del propio cuerpo, lo que puede ocasionar infecciones en otros órganos. La fiebre reumática con la posible implicación del corazón, de las articulaciones y de la piel, así como una nefritis, son algunos ejemplos de dichas enfermedades secundarias. Esto, sin embargo, no es muy común.

Diagnóstico

El diagnóstico de una amigdalitis (tonsilitis, angina tonsilaris) no es complicado. Un examen breve suele ser suficiente para que un médico diagnostique una inflamación de las amígdalas. Si fuera necesario se solicitan pruebas complementarias.

Amigdalitis aguda

El diagnóstico de una amigdalitis aguda (tonsilitis aguda) se realiza haciendo un examen de la boca del paciente. Unas amígdalas enrojecidas e inflamadas, así como una capa purulenta (manchas blancas) en su superficie, son indicios de una amigdalitis aguda purulenta. Cuando el médico palpa el cuello, el paciente suele sentir dolor en la región de los ganglios linfáticos inflamados, lo cual es otro indicio de una posible amigdalitis. Al mismo tiempo, las cavidades amigdalinas pueden estar enrojecidas y la boca sucia con sarro.

El diagnóstico de una amigdalitis se emite, casi siempre, por medio de un simple diagnóstico visual y, en la mayoría de los casos, no es necesario realizar pruebas complementarias como un análisis de sangre. Solo en casos concretos se realiza la toma de una muestra faríngea para determinar el agente patógeno responsable de la amigdalitis. Esto solo se suele solicitar si existe sospecha de amigdalitis crónica o si el médico estima oportuno determinar la etiología de una amigdalitis aguda. El test rápido es una prueba que se emplea en las urgencias hospitalarias para determinar si una amigdalitis bacteriana está causada por bacterias de tipo estreptococo A.

Amigdalitis crónica

La amigdalitis crónica (tonsilitis crónica) se manifiesta por unas amígdalas con una superficie perforada. Las amígdalas pueden haber aumentado o disminuido. Al presionarlas puede salir pus o una masa grumosa (productos de la descomposición de las células, el denominado detritus). Para reforzar el diagnóstico, puede tomarse una muestra de la superficie de las amígdalas, así como efectuar una prueba de anticuerpos contra los correspondientes gérmenes patógenos en la sangre.

Tratamiento

El tratamiento de una amigdalitis depende de la evolución, de los síntomas y de la etiología de la inflamación de las amígdalas.

Amigdalitis aguda

En caso de una amigdalitis aguda el tratamiento consiste, en primer lugar, en medicamentos analgésicos y antipiréticos pautados por el médico.

En caso de amigdalitis se recomienda ingerir únicamente alimentos blandos y no demasiado picantes y especiados. Es importante beber mucho líquido. Lo más recomendable es evitar las bebidas gaseosas y elegir agua, infusiones y zumos de fruta, por su alto contenido en vitamina C. Aun así, los ácidos de los zumos pueden irritar aún más las amígdalas inflamadas y hacer que se sienta quemazón en la garganta. Las bebidas frías o el hielo pueden aliviar las molestias en la deglución pero teniendo una infección no es prudente tomar hielo o cosas demasiado frías.

Se recomienda renunciar al tabaco porque la nicotina agrava los síntomas propios de la enfermedad. La curación completa de una amigdalitis aguda puede durar entre una y seis semanas.

En caso de amigdalitis aguda o recurrente el tratamiento de elección suele ser antibiótico, por lo general la penicilina. El antibiótico acelera el proceso de curación pero no puede evitar que las molestias se agraven y que se forme eventualmente una acumulación de pus (absceso). Este caso puede presentarse si el tratamiento se ha iniciado demasiado tarde o el antibiótico no es el adecuado contra este tipo de bacteria. La prescripción a tiempo de antibióticos permite que sea menos frecuente la aparición de complicaciones en el corazón o en los riñones. En caso de complicaciones o de amigdalitis recurrentes es efectiva la extracción quirúrgica de las amígdalas (operación de las amígdalas o tonsilectomía).

Remedios caseros en caso de amigdalitis aguda

En caso de amigdalitis se recomienda hacer gárgaras con saliva o manzanilla por sus propiedades antiinflamatorias y desinfectantes. Estas soluciones son adecuadas en una amigdalitis para tratar los síntomas asociados como el dolor de garganta, pero, además, ayudan al proceso de curación. Aplicar compresas de agua fría sobre el cuerpo ayuda a reducir la fiebre. Las pastillas calmantes para chupar alivian rápidamente las molestias de la deglución pero hay que tener cuidado con estos medicamentos porque algunos llevan fenilefrina o efedrina. Estos compuestos son vasoconstrictores y pueden desencadenar urgencias cardiovasculares, sobre todo, en adultos de riesgo. Lo más recomendable es consultar al médico. Las compresas para el cuello, calientes o secas, pueden ayudar al paciente. Estos tratamientos apenas reducen la duración de una amigdalitis, pero pueden aliviar los síntomas de la enfermedad.

Amigdalitis crónica

En caso de amigdalitis crónica (tonsilitis crónica), el tratamiento de mayor éxito consiste en extraer definitivamente las amígdalas por medio de una tonsilectomía. De este modo, los afectados no tienen que luchar constantemente con amigdalitis recurrentes ni con otras enfermedades asociadas. La eliminación del foco infeccioso también puede ayudar a reducir en gran medida el riesgo de enfermedades secundarias por estreptococos en otros órganos.

Evolución

Pronóstico

La evolución de una amigdalitis suele ser buena si no se producen complicaciones. Una amigdalitis aguda (tonsilitis aguda) tiene, por lo general, un buen pronóstico. Una amigdalitis aguda se resuelve sin complicaciones tras una o dos semanas si el tratamiento es el adecuado. Sin embargo, una amigdalitis crónica (tonsilitis crónica) permanece. La extirpación quirúrgica de las amígdalas mejora los síntomas y el estado general de salud del paciente.

Complicaciones

Una amigdalitis puede provocar complicaciones. En una amigdalitis aguda, las amígdalas pueden aumentar de tamaño y provocar asfixia. Esta situación, sin embargo, no es muy frecuente. Hay que tener especial precaución con los niños porque durante la infancia las amígdalas están dilatadas de por sí (hiperplasia tonsilar) y esto puede dificultar la respiración.

En caso de amigdalitis crónica también pueden darse complicaciones por agentes patógenos. Esto se debe a la presencia permanente de bacterias por la infección crónica. Por esta razón, las amígdalas inflamadas pueden ser el origen de enfermedades secundarias. Así, una amigdalitis causada por estreptococos puede causar fiebre reumática, nefritis, inflamaciones cardiacas, inflamaciones de las articulaciones (reumatismo articular) o dermatosis progresiva. En estos casos pueden producirse daños permanentes en los órganos afectados como, por ejemplo, un defecto valvular).

Tanto en una amigdalitis aguda como en una amigdalitis crónica pueden producirse abscesos como posible complicación. En este caso, el pus se acumula en el tejido próximo. Se habla entonces de absceso peritonsilar. Los indicios pueden ser fuertes dolores durante la deglución, incapacidad de deglutir, una apertura de boca dolorosa y difícil (rigidez de la mandíbula o trismo) o una prominencia irregular del paladar blando. Las amígdalas están muy hinchadas y empujan la campanilla hacia un lado. El peligro radica en que los gérmenes accedan al torrente sanguíneo y se extiendan por todo el cuerpo (sepsis), lo que puede provocar graves enfermedades en otros órganos. En este caso siempre se administran antibióticos intravenosos. Si se forma un absceso es necesaria una intervención quirúrgica rápida.

Prevención

Una amigdalitis solo se puede prevenir indirectamente. Es importante reforzar el sistema inmunitario haciendo deporte de forma regular y con una alimentación rica en vitaminas y equilibrada. De este modo se reduce el riesgo de padecer una amigdalitis.

Para prevenir una amigdalitis es muy importante evitar el contacto directo con personas que estén cursando la enfermedad para evitar contagios

Además, se recomienda evitar sustancias que irritan las mucosas, como el humo del tabaco, el polvo o el alcohol.

Fuentes

Guía de tratamiento de las enfermedades infecciosas en urgencias pediátricas; I.Manrique Martínez, J. Saavedra Lozano.

Manejo de infecciones en urgencias; Agustín Julián Jiménez.

Red Book; American Academy of Pediatrics.

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