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Semana 4 de embarazo

Autor: Redacción Onmeda Revisión médica: Dra. Cristina Martín (21 de Julio de 2016)

© Jupiterimages/iStockphoto

Más o menos a principios de la semana 4 de embarazo, el óvulo fecundado se implanta en el útero. En este momento se puede producir un ligero sangrado, el llamado sangrado de implantación.

Antes de que el cigoto anide, se desplaza por el útero durante unos tres días. En algunos casos puede no anidar y se expulsa en la siguiente menstruación. Si lo consigue, se habla de concepción exitosa.

En estos momentos, una prueba de embarazo aún es poco fiable. Si se quiere tener constancia de que existe embarazo solo un análisis de sangre puede ser certero. Pero si el análisis de orina se realiza a finales de la semana 4 o durante la semana 5 de embarazo, el resultado es más fiable.

En la semana 4 de embarazo muchas mujeres manifiestan y sienten molestias propias del embarazo y aún no saben que están embarazadas. Estos síntomas están provocados por el cambio hormonal, y suelen ser náuseas, cansancio o malestar general. Normalmente, estos síntomas persisten durante los primeros tres meses de embarazo. Aunque en el segundo trimestre, es decir, a partir de la semana 13, suelen desaparecer.

En la semana 4 de embarazo el embrión tiene unas dos semanas (la diferencia entre la edad gestacional y las semanas de embarazo existe porque las dos primeras semanas de embarazo solo sirven para optimizar el cálculo). En total, un embarazo abarca 40 semanas o 9 meses. Así, el cálculo se inicia dos semanas antes de la fecundación, es decir, el primer día de la última menstruación. El momento de la ovulación no es fácil de determinar en todas las mujeres de modo retroactivo, por ello se prefiere mantener esta forma de contabilizar la duración del embarazo

La madre

En la semana 4 de embarazo el útero se ha preparado totalmente para la llegada del óvulo fecundado. La mucosa del útero se ha formado y es bastante gruesa, para que pueda ofrecer protección y alimento óptimos. El óvulo puede anidar en él.

Las hormonas que ha producido la placenta, y que fueron responsables durante las primeras semanas de embarazo de los fuertes cambios corporales en la mujer, están relacionadas también con las típicas molestias del embarazo. Estas molestias pueden ir desde congestión nasal, pasando por un aumento de la secreción salival, hasta cambios bruscos emocionales, para los que deben estar preparados las parejas y el entorno de las embarazadas.

Durante la semana 4 de embarazo aumenta la producción de progesterona, que se ocupa de que el embarazo siga adelante, aunque también provoca ciertos efectos secundarios, como la retención de líquidos y algunos cambios metabólicos. Esto ayuda a proteger al embrión. La madre, sin embargo se siente cansada, apática, con problemas digestivos... 

Además, las hormonas provocan el crecimiento del pecho, por el desarrollo de la glándula mamaria, y del útero. Muchas mujeres notan enseguida que ha aumentado el volumen de su pecho.

Las gestantes fumadoras deben dejar de fumar a más tardar en esta etapa. En esta fase es cuando el embrión corre más peligro porque es la etapa del desarrollo de todos los órganos. El alcohol y las drogas pueden causar daños graves durante las primeras semanas de embarazo.

Cualquier tipo de molestias o dolor durante el embarazo ha de ser consultado con el médico. Es mejor acudir con frecuencia al médico o a la matrona, incluso si, al final, en la mayoría de las ocasiones esas molestias no suponían ningún riesgo, ya que, de lo contrario, puede pasarse por alto algún síntoma importante. Las embarazadas deben evitar automedicarse con medicamentos o preparados, aunque sean productos naturales. Algunos tés de hierbas pueden llegar a provocar el parto. Hay fármacos que pueden tomarse aun estando embarazada, pero el tratamiento debe consultarse siempre antes con el médico o la comadrona.

A lo largo de la semana 4 de embarazo puede producirse un ligero sangrado que suele pasar muchas veces como una menstruación. Lo que sucede es que el óvulo ha dañado, en el proceso de anidación, pequeños vasos sanguíneos en el útero dentro de un proceso normal que no reviste riesgo. 

El embrión

Aproximadamente, en el séptimo día tras la fecundación, el óvulo fecundado (al que se denomina, en ese momento del desarrollo, blastocisto) anida en el útero. A este proceso se le llama también anidación. En esta fase, hay factores externos que podrían dañar al embrión. Si se consiguen superar o evitar estos daños, el embarazo continúa. Si no se logra, entonces el desarrollo se detiene y termina el embarazo (es lo que se llama la ley del todo o nada).

Poco antes de que el embrión pueda anidar en la mucosa del útero, debe desprenderse de la membrana que lo rodea, por decirlo de otro modo, sale del huevo. Después perfora la membrana del útero hasta que está totalmente cubierto por ella. Solo de este modo se garantiza el intercambio de sustancias químicas, nutrientes y oxígeno entre la madre y el embrión. Entre las células de las que se va a desarrollar el embrión y la placenta se crean unas pequeñas cavidades: una es la cavidad amniótica que contiene el líquido amniótico y otra es el saco vitelino, que es el responsable de las reservas de nutrientes. La placenta comienza a formarse alrededor del embrión.

Hasta la semana 4 de embarazo las células del embrión son pluripotenciales, es decir, que de cada célula del feto podría desarrollarse cualquiera de los órganos. A partir de la semana 4 de embarazo las células se especializan: de las células que forman el embrión (embrioblastos) se desarrolla un blastodermo circular que más tarde se divide en dos y posteriormente en tres capas embrionarias:

  • Capa embrionaria interna: endodermo
  • Capa embrionaria media: mesodermo
  • Capa embrionaria externa: ectodermo

El proceso de anidación termina en estos momentos. Los blastodermos, la cavidad de líquido amniótico y el saco vitelino están totalmente cubiertos por la mucosa uterina, de modo que si se observa con detenimiento solo puede verse una pequeña zona convexa. Un ser humano diminuto comienza a crecer. Al final del embarazo pesará aproximadamente unos 3.300 gramos y medirá unos 52 centímetros, mientras que en este momento no mide ni medio milímetro.

La placenta

La placenta es un órgano muy importante para la supervivencia del bebé que está creciendo, puesto que en ella tiene lugar el intercambio de oxígeno entre la madre y el niño. A través de la placenta el feto obtiene de la sangre de la madre vitaminas, nutrientes, oligoelementos y oxígeno, vitales para su supervivencia, y se desprende del dióxido de carbono y otras sustancias residuales.

Este órgano, que solo existe durante el embarazo, se desarrolla de forma paralela al bebé en crecimiento y se adapta perfectamente a sus necesidades. El tejido esponjoso de la placenta da cabida a los vasos sanguíneos peculiares que conectan la circulación sanguínea de la madre y la del niño. Esta circulación ramificada se parece a la estructura de un árbol, por lo que la placenta recibe el nombre de “árbol de la vida”.

Además de ocuparse del feto, este órgano hace la función de escudo protector ante bacterias, sustancias nocivas y contaminantes. Sin embargo, el alcohol y las drogas acceden sin filtro alguno a la sangre del embrión, por lo que deben evitarse por completo. Poco después del parto la placenta es expulsada, ya que no tiene ninguna otra función que cumplir.

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