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Telómeros

Autor: Laura Marcos (12 de Enero de 2017)

© iStock

¿Cuánto tiempo vivieron tus abuelos? 75, 80, 90 años… La velocidad a la que envejece cada persona, así como el estado de salud que posee cada individuo a determinada edad, es muy diferente según cuál sea su estilo de vida y su genética. Asombrosamente, existe una estructura molecular que puede revelarnos mucho acerca de nuestra esperanza de vida y de las enfermedades que tenemos más riesgo de padecer, y está en el interior de nuestras células: son los telómeros. Si los telómeros tienden a ser cortos, envejecemos más rápido y estamos más expuestos a todo tipo de enfermedades. Un estilo de vida saludable puede hacer que nuestros telómeros sean más largos y duraderos.

¿Qué son los telómeros? Los telómeros son unas estructuras microscópicas que recubren los extremos de los cromosomas. Cada cromosoma contiene cadenas de ADN, que se descifran por todas las células humanas a la hora de cumplir diferentes tareas en el organismo para que todo funcione correctamente. Además, el ADN determina el color de los ojos, la forma de la nariz, y también la predisposición a padecer diferentes enfermedades.

Situados en los extremos de cada una de las cuatro “patas” de los cromosomas, los telómeros son los guardianes de la información genética, y funcionan a modo de sostén de los propios cromosomas. Una definición corriente en la comunidad científica es que los telómeros son “como el plástico del final de los cordones de los zapatos”, que aseguran su estabilidad y su integridad.

De la misma manera que el plástico de los cordones, sin los telómeros, los cromosomas se desmoronarían. Sin telómeros, la vida no es posible, y son la razón de por qué envejecemos.

Los telómeros se sitúan en los extremos de los cromosomas, que guardan la información genética, y se encargan de mantenerlos estables. Coloquialmente, los científicos dicen que es "como el plástico del final de los cordones de los zapatos".

La mala noticia es que los telómeros no duran para siempre. Con cada división celular, los telómeros se acortan más y más, hasta llegar a un punto de división crítico, conocido como el límite de Hayflick (entre 50 y 60 divisiones). En ese momento, los telómeros son tan cortos que los cromosomas se vuelven inestables, y aumenta la probabilidad de producirse errores y mutaciones genéticas, como ocurre en los tumores. Las células mueren, se producen enfermedades y se precipita el envejecimiento. Esta es la razón por la cual las enfermedades están, en la mayoría de los casos, relacionadas con la vejez: cáncer, alzhéimer, enfermedades cardiacas…

Por tanto, a mayor longitud de los telómeros, mejor estado de salud y mayor esperanza de vida. Desde el descubrimiento de estas estructuras en 1990, se tiene la certeza de que cada persona tiene una longitud telomérica distinta. Al igual que el peso o la altura, cada individuo puede situarse en un percentil de longitud de los telómeros. Y, por supuesto, existen pruebas genéticas que determinan la longitud de tus telómeros, y que pueden ayudar a predecir qué enfermedades tienes más riesgo de padecer: la Tecnología de Análisis Telomérico (TAT).

Casi todas las personas tienen una longitud telomérica de entre 8.5 y 13.7 Kb (kilobases, unidad de medida molecular). Hay células con más logintud en sus telómeros, y otras con menos y la mediana de longitud puede variar con el paso del tiempo. Lo más importante es no tener muchas células de telómeros cortos, de entre 5.2 y 7.5 Kb.

Aunque es una condición infrecuente, algunas personas están en un percentil excesivamente bajo, tienen muchas células de telómeros cortos o anormalmente cortos, por debajo de 3 Kb. Esto se conoce como síndrome de los telómeros cortos. Son personas que presentan una predisposición mayor a muchas enfermedades y suelen tener una esperanza de vida menor. Los telómeros cortos están asociados a mayor incidencia de cáncer y mortalidad por cáncer, sistema inmune debilitado, diabetes tipo II, niveles elevados de colesterol en sangre, hipertensión, enfermedades cardiovasculares, densidad ósea baja, demencia e infertilidad.

Lo que permite la medición de los telómeros es averiguar la edad biológica de cada persona, que es diferente a la edad cronológica. Así, una persona de 60 años puede tener la salud de una de 35.

Por tanto, ¿cómo puede ayudarnos averiguar el percentil al que pertenece la longitud de nuestros telómeros? Además de tener información sobre nuestra propia genética, podremos prevenir y, en muchos casos, evitar enfermedades, además de adquirir hábitos de vida que nos aseguren un buen estado de salud.

¿Podemos modificar nuestros telómeros para vivir más tiempo?

La velocidad a la que se envejece y la predisposición a las enfermedades depende de la longitud de unas estructuras microscópicas del interior de nuestras células, invisibles para nosotros. Pero, ¿hay algo que podamos hacer al respecto? Ciertamente, sí. El proceso de envejecimiento, si bien no hemos descubierto cómo detenerlo por completo, se puede frenar o ralentizar, gracias a un estilo de vida saludable. Algunos factores perjudiciales producen un acortamiento de los telómeros y daño celular, aumentando el riesgo de enfermedades. Estos factores dañinos son bien conocidos por todos:

  • Exposición a sustancias tóxicas: alcohol, tabaco, drogas
  • Mala alimentación: exceso de grasas saturadas, alimentos industriales, carnes procesadas.
  • Obesidad
  • Sedentarismo, falta de ejercicio físico
  • Exposición excesiva a los rayos UV (sol, cabinas de bronceado)
  • Estrés crónico

Estos hábitos de vida son perjudiciales para nuestras células, y tienen un efecto sobre los telómeros: los hacen más cortos. Cada uno de estos hábitos, literalmente, acortan nuestra vida. El tabaco aumenta el riesgo de cáncer, el alcohol daña diferentes órganos del cuerpo, la obesidad aumenta la probabilidad de accidentes cardiovasculares… La enfermedad y, al final, el fallecimiento dependen de la combinación de diferentes factores junto con genética de cada individuo. Es un juego de probabilidades.

Si los hábitos de vida perjudiciales pueden hacer que los telómeros se acorten, una vida sana puede provocar exactamente lo contrario: una dieta equilibrada, rica en frutas y verduras, hacer ejercicio de forma regular, evitar el alcohol y el tabaco, reducir el estrés, tomar el sol con moderación y disfrutar de unas relaciones personales satisfactorias tienen la capacidad de frenar el envejecimiento, manteniendo la longitud de los telómeros y, en muchos casos, alargándolos. Aunque no nazcamos con unos telómeros excesivamente largos, el estilo de vida puede hacer mucho por mantener la salud durante la vejez, y mantenernos vivos y con calidad de vida el máximo de años posible.

Telomerasa: el secreto para hacer inmortales a las células

El alargamiento de los telómeros es, precisamente, uno de los retos de la investigación biomédica moderna, no sólo en cuanto a esperanza de vida, sino también en cuanto al tratamiento de enfermedades, como el cáncer. No sólo los hábitos de vida pueden modificar la longitud de los telómeros. Existe una ezima, la telomerasa, que es capaz de conferir vida adicional a la célula. Fue descubierta por los científicos Elizabeth H. Blackburn, Carol W. Greider, y Jack W. Szostak, que en 2009 recibieron el Premio Nobel de Medicina por el hallazgo.

La telomerasa está presente en el organismo de manera natural, pero, tras el nacimiento, la actividad telomerasa “se apaga”. Si pudiésemos controlar la actividad telomerasa y aplicarla a las células, podríamos alargar la vida de las células. Curiosamente, la comunidad científica ha aprendido mucho de cómo funciona la telomerasa gracias a una de las enfermedades más temidas de los últimos años: el cáncer. Las células tumorales son tan agresivas y difíciles de eliminar porque utilizan la telomerasa para hacerse inmortales. Mientras, las células sanas no tienen esta capacidad. Por tanto, la telomerasa ha abierto una vía en la búsqueda de un tratamiento efectivo para el cáncer. Y sus posibilidades también abren la puerta a terapias para alargar la vida y conseguir humanos mucho más longevos.

En el año 2008, el equipo Telómeros y Telomerasa del Centro Nacional de Investigaciones Oncológicas (CNIO), liderado por la científica María A. Blasco, logró alargar la vida de ratones, muy parecidos a los humanos genéticamente, en un 40%. Como este, ha habido otros estudios en todo el mundo con resultados similares. Pese a que todavía no se sabe cómo la telomerasa podría alargar la vida de las personas, ya existen suplementos dietéticos a base de telomerasa, eso sí, sin el respaldo de la comunidad científica.

¿Llegaremos a vivir para siempre?

El avance en el conocimiento de cómo funciona el proceso de envejecimiento puede llevar a pensar que el ser humano, algún día, logrará prolongar su vida de manera indefinida. Por el momento, se sabe que el humano es capaz de vivir hasta 122 años, gracias a la mujer más longeva del mundo, la francesa Jean Calmet, fallecida a esa edad. Pero la esperanza de vida aumenta 2 años por cada década, y ya hay más de 500 mil personas con más de 100 años en todo el mundo.

Según el experto en biotecnología Stepthen Maltin, la invención de una intervención genética que permita alargar la vida de las personas es un fenómeno que “va a ocurrir con certeza, no sabemos si dentro de 50 o de 100 años”. Posiblemente, será factible que en el futuro existan “humanos de 200 o 250 años de vida”. Mientras tanto, la esperanza de vida de los bebés que nazcan hoy será, “con seguridad, de más de 100 años”.

No obstante, a la hora de hablar de longevidad, el experto Stephen Maltin hace hincapié en el estilo de vida: “las personas no puede esperar que exista una píldora de la longevidad, y no hacer nada más. El primero paso para alargar la vida es cuidarse”.


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