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El sistema inmunitario

Autor: Redacción Onmeda Revisión médica: Dra. Patricia Alva (25 de Julio de 2014)

© Jupiterimages/Brand X Pictures

Gracias a nuestro sistema inmunitario estamos provistos de mecanismos altamente eficaces que defienden nuestro cuerpo ante las amenazas. Sin este sistema de defensa estaríamos expuestos a las influencias nocivas de nuestro entorno, así como a las alteraciones perjudiciales para la salud que se producen en el interior de nuestro cuerpo.

El sistema inmunitario del ser humano está dotado de dos mecanismos de defensa, sus diferentes funciones se basan en: una resistencia inmunológica específica (adquirida) e inespecífica (innata). Ambos mecanismos se complementan con la respuesta inmunológica.

La función principal del sistema inmunitario consiste en proteger al organismo de los patógenos y partículas extrañas que penetran en él desde el exterior. Además, el sistema inmunitario es capaz de identificar y eliminar las células enfermas del propio cuerpo. Como consecuencia de las reacciones inmunológicas, aparecen inflamaciones que producen la eliminación de las células dañadas o los cuerpos extraños.

Sin embargo, el sistema inmunitario no solo proporciona inmunidad ante los agentes patógenos o las células tumorales, también puede producir efectos no deseados: una alergia, por ejemplo, es la consecuencia de una reacción inmunológica alterada. Además, en las denominadas enfermedades autoinmunes, el sistema inmunitario se dirige a las estructuras del propio cuerpo y las daña. Si existen problemas para identificar las células enfermas alteradas por el propio cuerpo, es posible que se desarrolle un cáncer. El sistema inmunitario también es responsable de la reacción de rechazo a los órganos trasplantados.

Cuando existen problemas en el sistema inmunitario y por ello, la reacción inmunológica del organismo al contacto con agentes patógenos o partículas extrañas es insuficiente o inexistente, los afectados están más expuestos a las infecciones. Estos trastornos del sistema inmunitario pueden manifestarse en forma de enfermedades de inmunodeficiencia. Un sistema inmunitario debilitado puede ser innato o formarse a lo largo de la vida:

  • La inmunodeficiencia innata puede estar causada por un defecto en el portador del factor hereditario, es decir, un defecto genético, como consecuencia de la lesión de uno o más componentes del sistema inmunitario.
  • La inmunodeficiencia adquirida puede estar causada por determinadas enfermedades, por ejemplo, leucemia o SIDA.

Además, factores como la alimentación, la flora intestinal o el estado físico o mental influyen en la capacidad de reacción del sistema inmunitario. La carencia en nuestra alimentación de determinadas sustancias como el hierro, el cinc o las vitaminas durante un largo periodo de tiempo, hace que la capacidad del sistema inmunitario se vea mermada. Los factores desencadenantes del estrés también pueden afectar notablemente al sistema inmunitario. Medidas como el fortalecimiento razonable de la musculatura y el ejercicio regular en forma de paseos o deporte ligero hacen que el sistema inmunitario se fortalezca. También existen diversas prácticas naturales como la hidroterapia (sauna, baños, ducha escocesa) o la fitoterapia (uso de extractos de plantas, por ejemplo, rudbeckia o flor de árnica) que repercuten de manera positiva en el funcionamiento del sistema inmunitario.

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